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Lectura Recomendada

Justicia a la Palanca
Fecha de Publicación: 29/11/2015
Tema: Justicia
 
Por Alex Baur. Parte 4. El original de este artículo fue publicado en Die Weltwoche, este mes. Tomado de http://www.weltwoche.ch/ausgaben/2015-45/justicia-a-la-palanca-die-weltwoche-ausgabe-452015-kopie-1.html.
 
 

Con el fallo por asesinato en contra de Erwin Sperisen, la justicia ginebrina quería sentar un precedente simbólico. Pero de la justicia al crimen de justicia hay solamente un pequeño paso.

 
Debía ser un festival memorable de la persecución penal internacional, así que la justicia ginebrina no escatimó recursos para poner tras las rejas, de por vida, al ex Jefe de Policía guatemalteco Erwin Sperisen.  El fiscal Yves Bertossa, para demostrar que el descendiente de emigrantes suizos era responsable de una masacre carcelaria en Guatemala, trajo a docenas de testigos desde el lejano Guatemala. El noble mensaje: un delincuente no debe sentirse seguro en ningún lugar del mundo.
 
En junio de 2014 Sperisen fue condenado por homicido por el Tribunal Penal de Ginebra a cadena perpetua; un año después, en segunda instancia, el Tribunal de Apelaciones, confirmó el fallo (con argumentación totalmente diferente). El espíritu festivo puede desaparecer rápidamente si tomamos en cuenta la argumentación escrita de la condena. Lo que pasó exactamente en la cárcel guatemalteca, a 10,000 kilómetros de Ginebra, queda sin explicación. La presunta participación de Sperisen, como parte de una conspiración secreta, es un enigma sin resolver.
 
Lo que presentaron los fiscales guatemaltecos y la organización internacional CICIG, desde el inicio, fue tan colorido y enmarañado como la selva de Petén. Los testimonios de los testigos rebosaban de contradicciones y considerando la presión política, esto no es de extrañar. Las declaraciones incriminatorias se produjeron bajo presión masiva. Todo estaba bajo el régimen de la “colaboración eficaz”: Un sospechoso que inculpaba a otro sospechoso era premiado con una remisión de pena. Dado el peligro inminente de acusaciones falsas, según el derecho suizo, este método de producir “pruebas” forzadas y compradas es tan ilegal como la tortura.
 
Según los jueces ginebrinos de primera instancia, Sperisen hubiese ejecutado a unos reclusos con su propios manos. Todo aquello que no encajaba con esta historia de terror - lo que era bastante - fue rechazado como irrelevante. El Tribunal de Apelaciones arrojó por la borda la novelesca fabricación y resolvió el caso con una fórmula simple: como jefe político de la Policía, Sperisen cargaba con toda la responsabilidad; por lo tanto él es también culpable de los asesinatos. Siguiendo esta lógica, en el futuro,  cualquier mandatario debe contar con que va a terminar tras las rejas por delitos que cometan sus subalternos - sin tomar en cuenta, si el crimen correspondía a su voluntad y sus ordenes. A la clase política solo le queda poner sus esperanzas en el Tribunal de la Confederación; sino de pronto un buen numero de mandatarios  terminaran detrás las rejas.
 
Los ginebrinos ya estaban advertidos, puesto que, este, no era el primer proceso penal internacional que estaba contaminado por la política y que apuntaba a un fiasco. En el legendario caso del supuesto padrino de la mafia Sergej Michailow, la “Cour d’Assises”, un tribunal de jurado, regresó a la realidad al enaltecido fiscal Bernard Bertossa.  Quince años después, ya no existen tribunales con jurado.  Los civiles imparciales le hacen una falta enorme a la justicia ginebrina asediada por la política. Nadie frenó al “filius” Yves Bertossa en su grandiosa misión de convertirse en policía internacional y cumplir lo que su padre nunca pudo.
 
Contradicciones y Testigos comprados
Más aquello que fuera planeado como una señal en la persecución penal internacional develó, en forma brutal, la impotencia que la justicia  puede tener  en casos como éste.  Cuando  el fracaso estuvo claro, los jueces sacaron la palanca de su arsenal y resolvieron el asunto a lo bruto. Para guardar la apariencia de derecho y de justicia, pasaron por alto todos los principios de un proceso limpio. Resultando algo como: “Aunque no sabemos lo que Sperisen concretamente tuvo que ver con las ejecuciones – el mismo lo sabrá”. 
 
Solo un pequeño paso separa la aplicación de justicia del crimen de justicia. Las corrientes políticas van y vienen, pero la frase sabia Montesquieu se mantiene intemporal: “La injusticia que se comete contra uno solo, es una amenaza para toda la sociedad.”  Finalmente la justicia ginebrina actuó según el mismo principio que le atribuyeron a Sperisen: para combatir un crimen, incurrieron en otro crimen.