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Invitado de honor

Guísela Roldán: Encuestas perversas
Fecha de Publicacin: 17/08/2014
Tema: Política

 Las últimas encuestas políticas, difundidas recientemente por medios escritos y televisivos, nos demuestran que sirven de valiosa ayuda a los candidatos que carecen de ideología. Al hacer un análisis retrospectivo de los factores que han jugado un papel trascendental en campañas electorales anteriores, nos daremos cuenta, con gran facilidad, que los candidatos y los partidos políticos a los que pertenecen, han utilizado históricamente los datos emanados de las encuestas políticas, para construir sus vacías propuestas electorales.

De no haber sido así, no habríamos visto al partido oficial actual y a su candidato presidencial, aferrarse al slogan de campaña “Mano Dura”. En la ronda anterior, el partido ganador de entonces y su candidato presidencial, habían repetido, hasta nuestro hartazgo, que la violencia se combatía con inteligencia. (¿Cuál?)
Lo cierto es que lo único claro, es que la gran mayoría de los votantes guatemaltecos dejamos de preguntarnos qué puede haber, detrás de las frases que utilizan los candidatos, y de sus “jingles” de campaña. ¿Qué pudo haber habido, detrás de “Mano dura, cabeza y corazón”? El tiempo y la pobre gestión, nos han demostrado que no había nada; más que un hábil equipo de creativos, estrategas de campaña y publicistas, que supieron dar forma de campaña electoral, a los datos obtenidos de las encuestas del momento.
Los elementos para el análisis retrospectivo, fácilmente aplicable a la realidad actual, evidencian otro factor clave, mucho más ofensivo que el anterior.
Si tomamos en cuenta que las encuestas de intención de voto revelan dos primeras posiciones claras y con amplio margen sobre las demás, podremos deducir, con relativa simplicidad, que el objetivo de muchos que ahora figuran como terceros, cuartos y quintos; es desplazar a quien ocupa la segunda posición. La finalidad consiste en colocarse en la segunda vuelta y disputar allí los resultados finales, aprovechando y capitalizando para sí mismos, el “voto en contra” de quienes terminaremos huyendo de la primera opción. Tal el caso del gobierno actual, en los comicios anteriores.
Y es así como, quien cuente con la habilidad de su equipo de trabajo, para utilizar los datos revelados por las encuestas de opinión, para construir un aceptable discurso de campaña, terminará posicionándose en segundo lugar y alcanzará la segunda vuelta.
Como todos sabemos, el hecho de llegar a la segunda vuelta electoral, constituye un conveniente “borrón y cuenta nueva”, en el que ambas opciones dejan atrás los trajines y las diferencias puestas de manifiesto en la primera ronda, para dedicarse a destruir a su contrincante con argumentos renovados; apoyados también en las encuestas de opinión.
Al pensar en la alta cuantía de los precios que cobran las firmas encuestadoras, debe surgir la pregunta: ¿Se justifica que nos aclaremos las dudas, a costa de proporcionar a los candidatos los datos que necesitan, para derribar a sus oponentes, basados en nuestras respuestas? ¿Vale la pena que seamos nosotros mismos quienes contratemos los servicios de los encuestadores, convirtiéndonos así en patrocinadores de su discurso?
Veámoslo desde otro punto de vista. Una organización política que tuviera ideología definida y clara y, además, un específico plan de trabajo o de gobierno, no se vería en la necesidad de tomar de las encuestas, la palabra clave para sus ofrecimientos de campaña electoral. Tampoco veríamos a su candidato, convertido en Presidente, hacer todo aquello que en campaña repudió y condenó, con el único fin de descalificar a su oponente y atraer votos.
Y es así. Los aspirantes a la Presidencia de la República, tienen una sola cosa clara: Quieren ser Presidente. Partiendo de ésta base, están dispuestos a recabar la información necesaria, para enterarse de los factores que angustian a la población y aplicarlos a su discurso. No es otra cosa, más que eso. No es ideología, no es concepto, no es plan de trabajo, por el mejoramiento de nuestras condiciones de vida. Es discurso político, cuyo andamiaje está cimentado en nuestras respuestas a las encuestas de opinión.
Un plan de gobierno objetivo, claro y eficaz, constituiría una campaña electoral “educativa”. Si lo tuvieran, los candidatos dedicarían su tiempo de aire a educar a la población sobre sus necesidades y problemas; sobre su propuesta de soluciones y sobre la manera efectiva en que éstas serían implementadas.
Un plan de gobierno fundamentado en ideología partidaria definida, nos daría razones para pensar y elementos para el propio análisis; en vez de ser un reciclaje de palabrería populista, llena de datos provenientes de encuestas.
Si aprendiéramos a exigir de nuestros candidatos una propuesta programática basada en ideas y en planes de trabajo claros e inteligentes, probablemente dejaríamos de escuchar pegajosos “jingles” de música de reggaetón, producidos por agencias de publicidad.
Si exigiéramos calificación y capacidad, dejaríamos de ver candidatos, convertidos en Presidentes, Diputados y Alcaldes; que no saben hacer otra cosa más que ponerse a la altura de sus antecesores, para robarnos aún más y de mejores y más variadas maneras.
Veríamos candidatos que exponen sus propuestas y que saben defenderlas, basados en ideología, en ética y en afirmaciones honestas.
Dejaríamos de dar lugar a campañas negras, a grandes entarimados en los parques centrales; para dar paso a conversatorios, a debates y a competencias sobre mérito y capacidad.
Considero necesario que meditemos sobre las consecuencias que tendría un cambio en nuestro comportamiento. Debemos dejar de facilitar el camino a quienes no tienen nada claro, en términos de solucionar nuestros grandes problemas.
Debemos dejar de contratar encuestadores y agencias de publicidad, para que sean los méritos de nuestros candidatos quienes peleen las batallas de campaña. De otra manera, continuaremos auspiciando mítines en los que el rol protagónico sea de los banderines, las camisetas y las canciones.
Toda vez que sean las vallas, las mantas y las publicaciones de prensa los elementos que tomamos en cuenta para elegir, continuaremos teniendo gobiernos de discurso vacío, integrados por erráticas y deshonestas personas que se dedicaron a prometer y, posteriormente, a decepcionar.
¿Estaríamos preparados para éstos cambios? ¿Nos gustaría tener candidatos que estuvieran a la altura de nuestros problemas, para poder resolverlos?
El cambio verdadero está, como siempre, al alcance de nuestras manos; es una cuestión de decisión.