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Sobre el Creacionismo. Fernando Salazar
Fecha de Publicación: 31/05/2014
Tema: Arte

He leído con mucho interés el artículo sobre “Creacionismo: nuevo estado de consciencia”. Ya solo el nombre me remite más a la Psicología que al mundo del Arte, y dudo que exista unanimidad entre los científicos en ese campo, sobre lo que es un “estado de conciencia” normal, nuevo o evolucionado… ¿Qué haríamos con Van Gogh, Rothko, Beethoven, Munch ó Schumann? En todo caso, a continuación expreso mi opinión sobre el mismo, sin pretensiones de ser exhaustivo en este tema, sino más bien como una apreciación personal, expresada en forma coloquial. Pienso que el tema es lo suficientemente complejo y extenso, y en él siempre se pueden realizar muchos matices.

Empiezo poder decir que para mí lo más importante en este, como en todos los órdenes de la acción humana, es que exista Libertad para poder pensar, expresar, plasmar o difundir las ideas y/o manifestaciones propias, de la forma que le parezca a uno más conveniente, siempre dentro del respeto y con las limitaciones que impone un estado de derecho basado en este principio.

Yo he experimentado mucho de lo que critica y denuncia el artista Toledo en este manifiesto, pues aunque él lo niegue, es un manifiesto “puro y duro” a la “antigua usanza”: todo un cúmulo de principios e intenciones.

Su escrito me sorprendió de alguna manera, porque sus puntos de vista son muy distintos a los que observo y escucho a otros artistas, y a los míos más concretamente; así que pienso que podré aportar un enfoque diferente o complementario.

Como no lo conocía, busque información suya y de su obra pues supuse que era este un buen principio que me ayudaría a situarlo artísticamente, condición esta que me parecía indispensable para indagar sobre el origen de sus opiniones. Además, pienso que el mejor manifiesto que un artista puede hacer es su propio trabajo, e imagino que él considera básicamente “bueno” o “deseable” el arte que él hace. No pretendo sentar cátedra y mucho menos descalificar las opiniones artísticas de nadie. Tengo mi punto de vista y después de estar en contacto constante con el mundo del Arte durante la mayor parte de mi vida, creo que tengo una idea clara de lo que me parece interesante y lo que no.

No creo que el Arte actualmente “esté muerto” ni muchísimo menos; o que sea mejor o peor que antes. Simplemente es diferente, porque también son diferentes la sociedad dentro de la cual se crea y los valores de los individuos que la componen. El arte es un reflejo de la sociedad y de su tiempo, o como decía Chagall: “El Arte es sobretodo un estado del alma”. Así, no hay sentido en hacer siempre las mismas cosas, repetir lo que han hecho otros, o seguir creando obras de arte de la misma forma que hace 400 años, porque los valores, las motivaciones, las necesidades y la forma de vivir de la gente actualmente, no es la misma que entonces. El arte, como todo, se transforma y a mi juicio es bueno y deseable que así sea… El Arte preconiza, nos muestra de manera siempre pionera, como si de un primer atisbo se tratara, lo que somos y los valores que manejamos en un momento dado, tanto a nivel individual como colectivo.

La “belleza” no está superada (concepto ya de por sí muy subjetivo y por consiguiente discutido y discutible), sencillamente ya no interesa a los artistas como norma o principio único que guíe sus creaciones, en la misma medida que tampoco lo es el reflejo de la realidad, la naturaleza, la representación de Dios, etc. Pensemos que el concepto de “belleza” no ha sido siempre, ni por asomo, el criterio estético que ha regido en el Arte. Este es un tema cuya complejidad merecería más espacio para ahondar en él, pero a “grosso modo” y con el objeto de contextualizar lo anterior, podría resumir, a manera de ejemplo lo que ha sucedido en el pasado: en el Románico, el arte se circunscribía principalmente a la representación de la divinidad dentro de unos cánones previamente establecidos por la jerarquía eclesiástica; todo lo que no fuera eso quedaba excluido de la representación. No se pretendía reflejar la realidad como es, ni la “belleza”, sino la representación de lo “inalcanzable”. Durante la Edad Media la creación artística recorre un proceso de transformación que culminará en el Renacimiento, a través del cual se pretende mostrar, ahora sí, la realidad tal y como es, guiándose el artista cada vez más por la razón y dejando del lado cualquier idealismo o interpretación subjetiva.

El Barroco nace con el objetivo, no de la representación de “lo bello”, sino de la dramatización de las imágenes para la mejor explicación y difusión de temas religiosos: estamos en el momento de la Contrarreforma. El Neoclasicismo aparece con intención de representar únicamente lo “ideal” de acuerdo a unos criterios también preestablecidos por un grupo de personas (la Academia), que se sentían investidas del Conocimiento para decidir y establecer las reglas de lo que había de hacerse. En el Romanticismo lo importante es la expresión de los sentimientos, de lo sublime. El Realismo de mediados del XIX muestra la realidad, haciendo énfasis en su faceta más “fea” o “escondida”, la cual hasta entonces no era digna de representarse… En el Expresionismo el artista interpreta la realidad desde sus prejuicios e intereses….etc. Sería interminable seguir resumiendo las motivaciones estéticas de las diferentes corrientes artísticas hasta hoy. Lo esencial es que el principio estético no ha sido el mismo en cada momento, y por supuesto, que la “belleza” tampoco ha constituido el criterio único a la hora de crear.

Por tanto cuando se habla de: reconocer la belleza como única esencia del arte”, me parece que se elimina “de un plumazo” la mayor parte de lo hecho en el campo de la creación a lo largo de la historia.

Mi experiencia es que diariamente observo por aquí (Madrid, España) obras y trabajos muy interesantes, que me impresionan y me dejan una importante huella; que me llevan a meditar sobre la infinidad de posibilidades que existen en la creación y en lo mucho que se ha avanzado en cuanto a nuevas técnicas y medios de expresión…que no todo se circunscribe a pintar cuadros o hacer esculturas. Asimismo también veo colas interminables en muchos museos, ferias y exposiciones “de arte contemporáneo” en donde el público busca y se interesa por ver lo que se está haciendo, por conocer a los artistas e indagar en sus motivaciones y valores. La gente siempre participa, paga las cada vez más costosas tarifas de acceso a museos y ferias, se involucra en las actividades de los museos y centros culturales, recibe cursos de apreciación artística, asiste a coloquios con los mismos artistas, etc. Al final este público saca sus conclusiones y no “traga con lo que le echan”; sabe apreciar y discernir. Lo que pasa es que casi siempre la compresión de muchas obras por parte del espectador va con retardo, seguramente porque hay casos en los que es necesario el análisis y la meditación para poder entenderlos en su justa dimensión.

Específicamente pienso ahora en el campo de la escena, el cual he seguido muy de cerca durante las últimas décadas, y en donde he visto manifestaciones excepcionales que me han producido una honda impresión, habiendo motivado mis sentidos de sobre manera, con producciones espectaculares y novedosas.

Lo que pasa es que todo cambia y quizás lo mejor dentro de lo más novedoso, no se esté dando en la pintura, la escultura, el grabado u otros medios tradicionales de representación, sino a través de medios más de vanguardia como la fotografía, los trabajos digitales, el cine, el video, el performance, el “happening”, la música y muy especialmente en la combinación de todas ellas en una misma obra, en un trabajo muchas veces “coral”….un poco como una versión actualizada de la “obra total” que siempre persiguió Wagner con sus grandes trabajos operísticos.

Otro de los aspectos que observo, en lo que también ha cambiado el Arte, es que en muchos casos los creadores no buscan una obra perenne o imperecedera que quede para la posteridad, para inmortalizar a su autor o su trabajo, sino que se trata de obras efímeras (“no para llevarse a casa”), destinadas únicamente a ser percibidas y entendidas dentro de un momento y un espacio determinados….quizás como reflejo o consecuencia lógica de la rapidez y la fugacidad con que se viven los acontecimientos actualmente. Es una visión distinta, un enfoque diferente y esto tampoco le resta ningún mérito, más bien diría yo que es un valor añadido, un punto de vista más que no se había contemplado antes. Las posibilidades del Arte son infinitas y las formas de expresarlo también, y un aspecto innovador e interesante lo constituye el hecho de que no se pueda “acumular”.

No estoy de acuerdo con que en “el arte conceptual dominan la mediocridad, la impericia y la negatividad”. Hay muchos trabajos realmente innovadores e interesantes en este sentido, que deben aprender a verse con “otros ojos” y que nos enriquecen presentándonos nuevas facetas y nuevos enfoques. Los “ready-mades” fueron, en su momento, un elemento rompedor que vino a llamar la atención sobre nuevos aspectos de la obra en relación a la especulación de la misma, de acuerdo al contexto en que las percibimos. Los mismo pasa con el arte conceptual que representa un desarrollo claro en esta línea.

Es evidente que lo novedoso y rompedor siempre causa impresión y en muchos casos rechazo en los estamentos más conservadores y tradicionales de la sociedad, pero esto ha pasado siempre y seguramente será un elemento que caracterizará la creación permanentemente: pienso concretamente en el origen del “Salón de los Rechazados” en París, en la impresión y la hostilidad que causaron cuando aparecieron movimientos como el Realismo, los impresionistas o los fauvistas, etc…El mismo Picasso o Goya que vivieron momentos de incomprensión y crítica, y numerosas manifestaciones artísticas actuales.

No cabe duda que lo anterior en muchos casos también convive con lo fútil y lo vano. Veo muchas creaciones artísticas carentes de interés, que me parecen una “tomadura de pelo” y a las que perfectamente se las podría calificar de “antiarte”, pero ello no significa que se pueda generalizar.

Ignoro si lo “malo” constituye el 85% de lo que se hace actualmente como dicen los críticos, o si es el 20 o 43%. Que exista lo malo es inevitable y siempre ha sucedido así; al respecto me recuerdo con frecuencia de las palabras de mi maestro: “El tiempo pone siempre al arte en el lugar que le corresponde”. Un Velázquez ha sido siempre un Velázquez (utilizo aquí el nombre como calificativo de “obra maestra”), desde el día en que se pintó hasta hoy. El Greco fue muy poco comprendido en su tiempo e ignorado posteriormente, no siendo sino hasta el siglo XX que se le fue situando en su justa magnitud. Procesos similares han sufrido muchas otras corrientes en el pasado.

José Javier Esparza: me parece un excelente escritor e historiador; sus enfoques políticos son casi siempre muy acertados y me merecen un gran respeto, pero sus opiniones en relación a lo que es Arte no me interesan en absoluto, situándolo siempre a él dentro de ese grupo de espectadores que siempre van con bastante retraso, en lo que se refiere a la compresión de las obras.

Hay sin embargo un elemento que sí me parece que está contaminando fuertemente la creación actual y el Arte (con mayúsculas): se trata de la política. Desde despachos de gobiernos intervencionistas y organizaciones internacionales, ocupados casi siempre por personas incompetentes, ignorantes y despilfarradoras, se pretende dirigir la vida cultural de la sociedad, e impulsar la creación artística, labor esta que casi siempre va encaminada a promocionar y favorecer el trabajo de amigos y “enchufados”, y con los que en muchos casos se obtienen al mismo tiempo suculentas comisiones. Son gente que por tener un puesto en el que disponen de mucho dinero de los ciudadanos, y sin tener en la mayoría de los casos ningún criterio artístico o cultural, se sienten capaces de decidir lo que es bueno o malo en este campo, lo que hay que promover y lo que no. Este es el patético caso de numerosos museos, salas de concierto, centros culturales, etc. en España, que fueron creados bajo gobiernos derrochadores, con un desconocimiento total de lo que es el Arte: hoy en día la mayoría de sus salas están casi siempre vacías. Lo mismo he observado en el “cine español” (hablo de lo español porque es lo que mejor conozco y lo que vivo más de cerca) en donde se otorgan suculentas subvenciones más por motivos políticos, ideológicos o de filiación de partido, que por criterios artísticos, para hacer películas que casi nadie ve, representadas por actores que, en muchos casos su mayor mérito consiste en ser guapos, y que en la mayoría de las veces ni siquiera llegan a estrenarse porque son muy malas y no hay salas dispuestas a proyectarlas. Mucho de lo que se promueve también desde instancias oficiales se hace con el fin espurio de la penetración ideológica. Y es que como decía una antigua ministra de cultura socialista (Carmen Calvo): “el dinero público no es de nadie”.

No es que constituya un problema que un trabajo concreto pueda tener una determinada carga ideológica, lo “peligroso” es que esa carga sea tan fuerte y primordial que esconda u “opaque” al Arte mismo; que este pase a un segundo plano; que la reivindicación social o la política “prostituyan” al Arte y que la creación artística se circunscriba a lo políticamente “correcto”.

El Arte no debe ser promovido ni dirigido desde ningún despacho ni por ningún político. El Estado solo debería crear las condiciones necesarias para que se pueda crear en libertad y que los artistas puedan expresarse, dando asimismo y de forma paralela, un marco jurídico que permita que se compre y venda libremente cualquier objeto o mercancía sin interferencias ni impedimentos.

Es cierto que existen muchas personas que adquieren arte por “esnobismo” y para “decorar su casa” (en el peor sentido que con esto uno pueda imaginarse), pagando sumas cuantiosas por obras que no las valen. Ante todo creo que la mayor parte del Arte que se hace actualmente, no se piensa ni se hace con el objetivo de “decorar”, y que sus motivaciones están muy alejadas de ello. De cualquier manera, “cada uno es cada uno” y es libre de gastarse su dinero como mejor le plazca. A las personas que consumen arte de esta manera les pasa lo que dicen los católicos: “que en el pecado llevan la penitencia”, ya que al final es su dinero el que derrochan. Y efectivamente, allí incluiría yo el ejemplo del fenómeno representado por Piero Manzoni. Si se piensa que la mayoría de “los compradores de arte contemporáneo llegan a las subastas por esnobismo y compran por posicionamiento”, tendríamos que aceptar que pierden ingentes cantidades de dinero y a lo mejor esto ya habría hecho desaparecer el mercado del Arte. Afortunadamente observo que eso no es así.

Comparto totalmente la idea de “un arte que nazca de los artistas y no de los críticos, curadores y galeristas” como sucede en numerosas ocasiones, pero no podemos impedir que un galerista, un curador o un crítico privado promueva o promocione lo que él quiera o lo que considere oportuno, ya sea con motivaciones lucrativas o filantrópicas. Dentro de la esfera privada todo esto me parece válido; otra cosa sería que se hiciera con dinero de los contribuyentes y/o de forma coercitiva.

No entiendo eso de: “Que acepte lo horrendo y lo grotesco, pero representado con estética”. ¿Quién es el juez que puede determinar si algo entra o no dentro de este concepto?... ¡Habrá que volver a leer a los filósofos!

“Un arte que busca obsesivamente la novedad como un fin y termina entregado a la simple experimentación”….Uf!!!... El arte siempre busca lo novedoso y la innovación; de otra manera se está condenado a la repetición, y entonces ya no hablaríamos de Arte, sino de artesanía; simplemente de pericia en el domino de una técnica.

En una manifestación se puede plagiar o ser innovador, y es esto lo que diferencia al Arte. La experimentación… siempre es necesaria, el problema es el decidir en qué fase del experimento das la obra por terminada o pretendes que el espectador se enfrente a ella, lo cual en última instancia la definirá, pero eso ya es “harina de otro costal”. Es muy común el sentimiento que tenemos los artistas de que una obra “nunca está terminada”… No lo entiendo: ¿Existe algún problema por la presentación de “bocetos” “pruebas de autor” u obras “inacabadas”?. Por suerte este criterio queda ampliamente superado, al observar hoy en día como los grandes museos, exposiciones y salas de música están llenas de este tipo de ejemplos.

En la mayoría de los casos creo que la incomprensión del Arte viene dada por el miedo que pueda tener alguien a ver las cosas de forma nueva o distinta, aferrándose a las formas, medios y valores del pasado. La experiencia del Arte requiere siempre una mente abierta.

Se habla de “Arte que si no se entiende, mejor; si se entiende, el artista cree que ha fracasado. Arte que se hace sobre cualquier tipo de soporte, hasta hacerse insoportable”… En fin... la frase queda bonita y muy redonda, pero a mi juicio totalmente vacía de contenido y alejada de la realidad en el caso del ARTE, especialmente debido a la imposibilidad de la universalización.

Por último, y no por ello menos importante, lo de “declarar y decretar” en nombre de Dios o de los “artistas” me da más miedo…Sobretodo en el caso de Dios porque no he hablado nunca con Él y menos podría expresarme en su nombre. Estaría más inclinado a pensar que su criterio estuviera más allá de nuestra limitada mente y sus manifestaciones. No sé si “le quitará el sueño a Dios que hayan malos o buenos artistas, que existan farsantes en el mundo del arte, o que se derrochen ingentes fortunas por obras que no las merecen. En cualquier caso me parece irrelevante especular al respecto. No estoy en contra de que alguien ponga a Dios, a “la belleza” o cualquier otra idea como centro, causa o fin de sus creaciones, pero sí de que considere, siquiera, el imponer este principio a los demás.

Fernando Salazar