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Existe otro camino

La oportunidad de la búsqueda de consensos
Fecha de Publicación: 27/08/2022
Tema: Política
 

El requisito vital para la construcción de un país sustentable

 


Siempre se habla de la necesidad de lograr acuerdos entre oficialismo y oposición para que las reformas imprescindibles puedan soportar los vaivenes de la política doméstica. Sin embargo, pareciera que nunca es un buen momento para ese gran “abrazo” clave para el futuro.


La política lo plantea desde lo discursivo especialmente en tiempos de proselitismo, pero cuando llega la hora de demostrarlo emergen las infaltables mezquindades y las especulaciones electorales.

La ciudadanía, en general, desea intentar encontrar puntos en común y desde ahí trazar políticas de Estado, esas que podrían perdurar por décadas sirviendo de guía para recorrer un trayecto sin demasiados imprevistos que perturben la calma.

Algunos autoritarios creen que eso es imposible y que hay que aplastar a los adversarios ya que alguien debe imponer su criterio. Viven las discrepancias como posiciones irreductibles. Piensan que es inviable una mesa de diálogo constructiva que pueda alinear objetivos y estrategias.

Es factible qué en muchos temas sea difícil esa aventura, sobre todo en aquellos asuntos en los que las cuestiones ideológicas plantean miradas muy dispares. Pero existen otros en los que probablemente resulte más sencillo coincidir y desde ahí diseñar un sendero compartido a recorrer.

Desde lo racional no parece imposible, pero lo cierto es que los años transcurren y se dilapidan múltiples ocasiones inmejorables, para dar el paso, iniciar el camino al menos y proponer un horizonte que modifique las expectativas poniendo a todos en la misma sintonía.

Habrá que reconocer que la mayoría de las veces este gran pacto tan anhelado por la sociedad no se concreta, exclusivamente por las intrigas de los dirigentes. Unos esperan que quienes gobiernan fracasen para quitarles el poder, y los que estando al mando no regalan un centímetro a sus opositores evitando que puedan sacarle algún provecho con buenas propuestas.

Es triste, pero habrá que admitir que a los políticos contemporáneos no les interesa la gente, sino el poder. Ellos no toman decisiones porque entienden que pueden colaborar con el progreso de sus comunidades. Su única unidad de medida es el caudal de votos que cada determinación trae consigo y eso implica no solo sumar para sí mismos, sino también destruir la base electoral de sus enemigos acérrimos. Hay que asumir que no tienen grandeza. Es lamentable, pero muestran una cualidad humana completamente despreciable, que no solo habla mal de ellos como líderes, sino también como individuos. Es de canallas postergar a los representados para obtener una ventaja personal de corto plazo.

El arte de la política está justamente en compatibilizar los intereses propios con los de los mandantes, y en ciertas circunstancias incómodas priorizar a quienes seguramente podrán reconocer luego el gesto, porque se ha optado por hacer lo correcto, inclusive cuando no beneficiaba al implementador.

Bajo este diagnóstico algunos pueden deprimirse y hasta resignarse a que nada cambiará jamás. Quizás el ejercicio que se deba ensayar sea pensar cómo se podría torcer esa inercia a pesar de esta cruel descripción de los hechos que se ha corroborado hasta aquí.

Las coaliciones partidarias hablan de consenso cuando intentan mostrarse generosas ante su potencial electorado. Desean sonar simpáticos y hablan de convocar a todos para gobernar juntos. Una vez en el poder cierran las puertas y se escudan en minúsculos grupos que concentran las decisiones sin consultar a nadie.

Esa dinámica es conocida, pero existen coyunturas muy particulares en las que podría resultar muy conveniente a ambas facciones contrapuestas un esquema de avances programado. Las razones seguramente no serían las mismas, pero por diferentes motivos se podría verificar un acuerdo construido a partir de una eventual ventana que se abre y permite un resquicio para confluir al menos en algunos tópicos.

Este tal vez sea el mejor momento en Argentina para intentarlo. Un oficialismo debilitado, bastante deslegitimado y asistiendo a una crisis económica severa puede que precise hacer giros relevantes que le brinden una chance de acomodar el curso y llegar a la elección del año entrante con alguna esperanza.

No caben dudas de que quienes gobiernan precisan optimizar la economía. Sin resultados palpables en ese campo, la derrota electoral será inevitable. Si logran visualizar el dilema quizás estén dispuestos a conversar acerca de visiones en común que permitan hacer cambios de fondo y no sólo parches inservibles a estas alturas.

Alguien podría decir que la oposición no le tirará un salvavidas en tan desfavorable instancia para los que hoy gobiernan. En una situación normal ese análisis sería válido, pero quienes suponen que triunfarán pronto terminarán heredando este desmadre y arrancarían su etapa con ese escenario y eso podría complicar la gestión entrante al punto tal de no permitirle salir del pantano en pocos años. Los opositores necesitan ganar, pero administrar algo que no podrán manejar no es auspicioso. Precisan que no explote todo y que los actuales funcionarios puedan pasar la posta en condiciones institucionales de normalidad y con una economía deteriorada pero no en ruinas.

En ese contexto, no sería un delirio pensar que ambos sectores precisan hacer reformas, y que podrían tener mayorías parlamentarias muy significativas que generarían expectativas óptimas para el país de cara al porvenir. Reformar leyes laborales y previsionales o renegociar la deuda con mayores plazos podría conseguirse ahora mismo si se entiende la gravedad. Puede que esto sea una ilusión, o que efectivamente se esté frente a una oportunidad inigualable que merece no ser desperdiciada.


Alberto Medina Méndez comparte con los lectores de Pi los artículos que escribe desde su natal República de Argentina. Resulta impresionante como dos países distintos, prácticamente en todo, acusan problemas tan similares. Las direcciones de Alberto son: Twitter: @amedinamendez; Facebook: www.facebook.com/albertoemilianomedinamendez; Skype: amedinamendez; Web page: www.ex:isteotrocamino.com; Teléfono: 549 379 4602694