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Invitado de honor

Espejismo
Fecha de Publicación: 13/02/2022
Tema: Soberanía
Al superar la dependencia, se puede hablar de libertad. Antes ¡No!

Salir de una ilusión mantenida por mucho tiempo, decepciona.

Fue precisamente lo ocurrido durante una reunión informativa a embajadores latinoamericanos en Estocolmo hace algunos años, cuando era Embajadora en ese país.

El gobierno sueco informaría ese día, sobre el cambio de directrices en su política internacional, en la cual, varias naciones latinoamericanas, quedarían fuera del grupo receptor de asistencia económica. Su política de apoyo se concentraría, en adelante, en el continente africano. Los representantes de dichos estados, quedamos desconcertados. Los montos parecían importantes y significativos.

El representante enviado ese día por ASDI (Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional) informó sin mucho detalle, sobre la decisión del gobierno sueco para este cambio. Dio por terminada la reunión diciendo: “la próxima semana, serán ustedes notificados individualmente sobre el status de su país. Si hay alguna pregunta...”

Me atreví a pedir, por favor, expusiera  rubro por rubro en qué consistía aquel generoso monto. Ofreció enviarlo por correo. Insistí que la información era importante para todos. Con visible irritación, el funcionario de ASDI expuso ante la audiencia, el detalle de la cooperación sueca para Guatemala. Quedamos atónitos. Un embajador exclamó: ¿“Sería posible tener respeto por algo así”?

Días después fui informada que Guatemala y Bolivia quedaban en la lista de países receptores de cooperación . Para entonces, “las buenas nuevas” habían dejado de tener mucho significado, ni para la Encargada de Negocios de Bolivia ni para mí. Estábamos completamente decepcionadas.
La supervivencia de Guatemala para quedar como país receptor de cooperación, no es por un premio de lotería. 
¿Cómo funciona la cooperación sueca para Guatemala?

La Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI en español. SIDA en sueco) recibe del gobierno un monto considerable de dinero para la implantación de programas de “prosperidad” en algunos países en vías de desarrollo.

ASDI reparte ese dinero, entre diferentes oenegés suecas, radicadas en Suecia. Estas oenegés deben alinearse en temas establecidos por el gobierno sueco. Los programas actuales para Guatemala son los siguientes:

-Protección de la seguridad humana y una vida sin violencia.

-Fortalecimiento de la democracia y la igualdad de género y alcanzar un mayor respeto de los derechos humanos.

-Mejores posibilidades y herramientas para los pobres, para que puedan mejorar sus condiciones de vida.

¡No se puede negar que suena encantador! Esto es lo que los contribuyentes suecos escuchan, y creen que es lo que se ejecuta. No debe extrañar que sientan orgullo de su aporte internacional a los necesitados. Los suecos, en su gran mayoría son generosos, gente de buen corazón.

Las oenegés suecas crean sus proyectos con una contraparte seleccionada por ellos, en el país receptor. Se debe señalar que prácticamente todas las oenegés tienen un enfoque socialista. Quienes trabajan en la cooperación internacional, caminan sobre esa línea.

En algunos países receptores que no aportan ningún beneficio económico concreto a la sociedad sueca, como Guatemala, a la misión diplomática se les considera  “misión de cooperación”. En esos países los diplomáticos enviados, por lo general, provienen de ASDI y no del Ministerio de Relaciones Exteriores.

No es la primera vez, que sectores de la población guatemalteca, expresan descontento ante la injerencia sueca en asuntos del país. Se rumora que la embajada, dirigida por el embajador Hans Magnusson, financia actividades delictivas. Se les atribuye bloqueos de carreteras y destrucción de monumentos. Si esto se confirmara, sería tan grave que los ciudadanos suecos deberían saber la verdad. El gobierno de Guatemala debería plantear una demanda por daños y perjuicios. El gobierno de Suecia se vería obligado a remover al embajador si es que éste ampara a quienes delinquen. Debería ofrecer una disculpa a los guatemaltecos ¡como mínimo!

¿Permitiría Suecia que el embajador de Guatemala en Estocolmo interfiriera en asuntos que atañen tan solo a los suecos? Por supuesto que no. Entonces ¿con qué derecho interviene el gobierno sueco en los nuestros? ¿Por qué nuestro gobierno no actúa con potestad? ¿Es que el gobierno guatemalteco no tiene jurisprudencia en Guatemala? Parece que además de debilidad, los gobiernos en Guatemala suelen ser incapaces de percibir todo lo implícito en la cooperación.

Aquí, puede darse usted una idea.

Hoy en día Suecia destina para Guatemala, bajo el nombre de cooperación, el equivalente a USD 61 millones. Este monto sirve para cubrir, entre otros, lo siguiente

El total de los gastos de administración de las oficinas de las oenegés en Suecia, incluidos los salarios de todo el personal sueco, sus viajes para reconocimiento de proyectos, hospedaje, alimentación y otros gastos, así como el dinero que corresponde a sus vacaciones y otras prestaciones. Este dinero queda en Suecia.

Invitación a las delegaciones suecas para que participen en seminarios por varias semanas en Estocolmo. Hospedaje, alimentación, viáticos, actividades. Este dinero se queda en Suecia

Pasaje para cada grupo de invitados para que participen un año después, en una reunión para evaluar el trabajo realizado en sus países de origen. En muchas ocasiones, se hace en un tercer país e incluye hospedaje, alimentación, paseos, viáticos etc. Este dinero se queda en Suecia.

Pasaje para delegaciones invitadas por Suecia a participar en reuniones en Estocolmo. Conlleva hospedaje, alimentación, actividades de entretenimiento. Este dinero se queda en Suecia.

Gastos de la embajada en Guatemala. Los suecos consideran que los sueldos de empleados, carros, gastos administrativos y otros gastos causados en el país sede son parte de la “cooperación”.

Gastos propios de la residencia del embajador, empleados, gasolina, electricidad, alimentación, internet, cable TV…

Vivienda y sus gastos asociados para otros diplomáticos.

La cooperación neta de Suecia para Guatemala es el saldo de lo que pueda quedar después de deducir lo anterior. 
Hay que recordar que el dinero no es de quienes disponen de él. Pertenece a los contribuyentes suecos de bien, quienes piensan que sus representantes lo utilizan para beneficio de personas en carestía. No para meter las narices en otros países, en asuntos que no son de su incumbencia.

¿Se ha sorprendido usted tanto como yo hace unos años? Dígame si no resulta fácil abandonar el miedo de perder una ayuda que se recibe en tales términos. La indignación de quienes protestan frente a la embajada de Suecia puede estar justificada, aún más si hubiera pruebas concluyentes de que parte de ese “apoyo” va a movimientos que perjudican a la mayoría de los guatemaltecos. La dependencia creada por la cooperación internacional sueca en Guatemala es una falsa percepción, una fantasía, una ilusión, un espejismo.

No debe haber duda sobre lo que aquí afirmo. Si usted piensa que no es verdad, por favor diríjase a la Embajada de Suecia y exija un reporte. La información aquí presentada fue revelada, en aquella ahora lejana reunión, por el entonces empleado de ASDI para Latinoamérica, el actual embajador de Suecia en Guatemala, Hans Magnusson.