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Teorema

Gringolandia
Fecha de Publicación: 17/07/2021
Tema: Soberanía
Quisiera poder hablar en nombre de 2.25 millones de guatemaltecos que serán vacunados dos veces gracias a la generosa donación del gobierno de Estados Unidos. Como la vacunación en Guatemala, afortunadamente, es voluntaria, quienes la reciban serán personas persuadidas de que los efectos colaterales, si los hubiera, serán mínimos. Además, estarán convencidos de que la vacuna les proveerá inmunidad o que, en el peor escenario, un eventual contagio será menos severo. Tanto ellos como sus familiares recuperarán parte de la tranquilidad perdida hace 16 meses.

¡Muchas gracias!

La donación de vacunas también tuvo un efecto político importante al actuar como válvula de alivio para la presión que se acumulaba sobre el gobierno. De haber continuado las protestas, los pobladores, la gente trabajadora, honrada y digna, habríamos vivido meses de incertidumbre. Incluso, enfrentar el riesgo de terminar gobernados por Jordán Rodas, el activista y promotor de las manifestaciones y los disturbios.

Ante graves sindicaciones que no lograba explicar, es innegable que el Gobierno se derrumbaba. Los ministros y los más altos funcionarios se muestran ineptos y advenedizos, carentes del conocimiento, aptitud y habilidad requeridos para ocupar esos cargos. Hoy, el Gobierno tiene un respiro temporal, que podría convertirse en permanente si empieza a actuar correctamente. Debe, por el bien del país, escuchar consejos, abandonar la manera prepotente, antojadiza, impertinente y, por qué no decirlo, también corrupta de que se le acusa.

Lamentablemente el acto generoso de Estados Unidos es una medalla de dos lados, en cuyo reverso figura la intromisión de su Gobierno en la vida pública de nuestro país. Sus fines son tan oscuros como sus medios perversos. Busca silenciar a un sector político, al tiempo que provee a otro de un altavoz capaz de magnificar su presencia en la conducción nacional. Los medios que emplea son bajos, sucios, arteros. Permítame explicar por qué afirmo lo anterior:

El 1 de julio el US Department of State presentó su reporte: Home Section 353 Corrupt and Undemocratic Actors Report (Sección 353 Informe sobre actores corruptos y antidemocráticos) que dice:

Conforme a la Sección 353 (b) de la Ley de Mayor Involucramiento entre Estados Unidos y el Triángulo Norte [United States – Northern Triangle Enhanced Engagement Act] (Div. FF, P.L. 116-260), este informe se presenta ante 1) El Comité de la Cámara de Representantes sobre Asuntos Exteriores, 2) El Comité del Senado sobre Relaciones Exteriores, 3) El Comité de la Cámara de Representantes sobre el Poder Judicial y 4) El Comité del Senado sobre el Poder Judicial. Por Triángulo Norte se refieren a El Salvador, Honduras y Guatemala. Empero, tal designación es considerada irrespetuosa y ofensiva por todos y cada uno de los tres países. Al menos por sus ciudadanos educados. Me pregunto si tan impertinente e insolente ligereza hacia nosotros nos faculta para llamar Gringolandia, a ese país.

El reporte contiene un listado de 45 personas a quienes, alegremente, sindica de corrupción diciendo: Esas 45 personas, todos extranjeros (esto es, no nacidos en Gringolandia), se determinó que han participado, a sabiendas, en uno o más de los actos siguientes: a) acciones que socavan procesos o instituciones democráticos; b) hechos significativos de corrupción; c) obstrucción de investigaciones sobre tales actos de corrupción, incluyendo los siguientes: corrupción vinculada con contratos gubernamentales; soborno y extorsión; facilitación o transferencia de las ganancias por corrupción, incluyendo mediante lavado de dinero; y actos de violencia, hostigamiento o intimidación contra investigadores de la corrupción, gubernamentales y no gubernamentales.

Un documento previo, emitido el 7 de junio, después de la visita de la vicepresidente Harris, declaraba: “el grupo de trabajo anticorrupción incluirá fiscales estadounidenses y expertos en el cumplimiento de la ley para investigar y procesar casos de corrupción con nexo en los Estados Unidos, Guatemala y la región. ¡Guau! Uno podría pensar que los personajes de CSI iban a palidecer ante la dotación anunciada para investigar las graves acusaciones con las que acusan a estos 45 personajes, convirtiéndolos en merecedores de persecución criminal.

La palabra clave de la acusación me parece que es: Se determinó” ¿Cómo se determinó? ¿Bajo qué procedimiento? Dada la gravedad de los cargos debía tratarse de una comprobación fehaciente, irrefutable, incuestionable… la evidencia debía ser fidedigna, verdadera, auténtica… No es así. El mismo documento lo explica, diciendo con infame vaguedad: “El informe incluye a individuos sobre quienes el Departamento tiene conocimiento de información o señalamientos creíbles de la conducta en cuestión, obtenida de los medios de comunicación y otras fuentes”

¿Cómo? ¿Lo que haya sido publicado en un periódico, declarado por la televisión o en un programa radial lo consideran suficiente para destruir la honra, la probidad, la reputación … la familia, de cada una de esas 45 personas?

Si lo publicado por los medios de comunicación guatemaltecos, salvadoreños y hondureños merece tanto crédito ¿qué decir de las mucho más graves inculpaciones sobre el señor Biden, la señora Harris, la señora Pelosi y prácticamente todo el alto entorno político del actual gobierno de Gringolandia, de su Congreso o su Corte Suprema? ¿Qué se debe pensar de sus antecesores durante treinta o más años atrás? ¿Qué todos fueron corruptos?


No conozco personalmente a ninguna de las 20 personas que figuran en la Lista Engel por Guatemala. Tampoco conozco a nadie de los citados por Honduras o El Salvador. Lo que sé de los locales proviene de las redes sociales y los medios de comunicación. Es lo que sabemos todos quienes contamos con alguna información de segunda mano, pero carecemos de pruebas u otra evidencia. Son hechos que no podemos demostrar. Por eso, la inmensa mayoría no osamos expresar juicios definitivos por escrito y hacernos responsables por ello.

Supongo que lo anterior es válido para toda la lista, quizá con una sola excepción: Mario Estrada Orellana. En contra suya se siguió un “debido proceso” en el que tuvo oportunidad de defenderse judicialmente. Estrada terminó confesando su participación en los hechos que se le atribuían, fue declarado culpable en un juicio legal y condenado a 15 años de prisión. De él se puede aseverar, entonces, que es un hombre corrupto.

Los demás gozan del privilegio de “presunción de inocencia”. Es muy probable que, dentro de ellos, más de uno también sea corrupto. Pero también es significativamente factible que la lista contenga a más de un hombre inocente, cuya honorabilidad el gobierno de Gringolandia ha puesto en entredicho por razones ajenas a la verdad.

La Fundación Contra el Terrorismo ―FCT―, es una pequeña (en número de afiliados) organización que opera, como su nombre lo indica, en contra de las prácticas terroristas en nuestro país. Tiene muchos y muy poderosos enemigos dentro de las organizaciones terroristas y aquellas que sin serlo les brindan apoyo, así como entre exguerrilleros activos y de escritorio, ahora infiltrados principalmente en el Organismo Judicial, quienes protegen actos contrarios a la paz y tranquilidad ciudadana.


Pues resulta y muy difícilmente es coincidencia que los tres principales dirigentes de la FCT figuran en la lista Engel. En cambio, ninguno de los integrantes de las organizaciones terroristas está incluido en ese listado.

Todos sabemos acerca de una mujer poderosa, que ha participado activamente en la selección de magistrados (CC, CSJ y TSE). Su influencia es tan grande, y por todos conocida, que resulta innecesario escribir su nombre. No solo ha influido en la integración de las cortes sino, también, ha “recomendado” ministros, viceministros y a los más altos funcionarios del país. Opera desde una Fundación que maneja, en mucho, la política pública de Guatemala. Nunca ha optado a un cargo de elección popular. Sin embargo, si alguien merece ser llamado el poder detrás del trono, es precisamente ella.

Quienes resienten su poder han señalado que su influencia en la selección de magistrados ha contravenido la ley. Incluso han lanzado señalamientos de corrupción en su contra. Empero, nunca nadie ha podido probar ningún ilícito. Desde luego, ella no figura dentro de la Lista Engel. Pero si se considera muy probable que, desde meses atrás, haya tenido en sus manos esa lista, para aprobarla y eventualmente introducir modificaciones.
SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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