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Teorema

Thánatos
Fecha de Publicación: 08/04/2018
Tema: Piel adentro
 
¿Y usted? ¿De qué se va a morir? Discúlpeme, pero de que se muere, ¡se muere!
 
Mucho me temo que el anterior es un pronunciamiento firme, inapelable, más sólido que la sentencia del juez más severo. Hay evidencia, empírica, pero fuerte, abundante, indiscutible, contundente. Lapidaria, si acepta la ironía.

Demostración: hace unos 315 mil años, aparecieron en Marruecos los primeros Homo sapiens. Los 7.44 millardos de personas que hoy poblamos la Tierra, descendemos de ellos. Aunque con excepciones (muy pocas), la longevidad máxima es de 110 años. Así, se puede decir hoy no hay un solo ser viviente que haya nacido en el siglo XIX o antes. Todos los descendientes de esos primeros hombres. Todos, excepto los nacidos el siglo pasado o este, sin excepción alguna, han muerto. Concluyo: La posibilidad de que usted sea el primer inmortal en la historia de la humanidad, es definitivamente nula.

Entonces el asunto no se refiere a si va a morir o no, sino cuándo. Y cuál será la causa de su muerte. Sobre la fecha, nada, absolutamente nada puedo decir. Sobre la causa sí… hay algo.



http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs310/es/

Creo que usted también tiene mucho que decir sobre la causa de su futuro deceso. He preguntado a varias personas al respecto. Les he puesto ante todo el menú de opciones pidiéndoles escoger, como si estuvieran en un restaurante chino y se tratara de seleccionar el platillo que van a ordenar.

Aunque casi todos la consideran una pregunta macabra, terminan por afirmar que preferirían morir por la noche, mientras duermen en su cama, por un paro cardíaco. Así, uno ya no despierta jamás –amanece cadáver. En las respuestas le sigue la preferencia por un infarto. Pero creo que eso es porque no todos saben la diferencia entre paro cardíaco e infarto. Sucede que en el primero hay pérdida de conciencia y en el segundo no. La  gráfica une el paro cardíaco con el infarto, bajo el nombre de cardiopatía isquémica.

Me sorprende que, pese a la enorme preferencia por una cardiopatía, muchas personas cuiden su corazón con ahínco. Tienen controlado lo que comen, se miden el colesterol todo el tiempo. Conservan un estetoscopio en el clóset y lo usan con sigilo, casi en secreto; se miden la presión diariamente. Les inventaron un reloj que mide los latidos del corazón todo el tiempo. Si hay una lectura mala en cualquier aparato, el individuo, muerto de pavor, se interna de inmediato en un hospital. Además, hacen mucho ejercicio; corren como condenados.

Me pregunto: Si prefieren morir de falla cardíaca ¿cómo es que cuidan tanto su corazón?

Recuerdo las veces que me encontré con Willy, quien estaba flaco como chucho callejero. Cuando corría, iba morado, con la camiseta empapada, jadeante, no podía hablar; no decía adiós siquiera. Hubo una excepción; esa vez yo venía cómodamente en carro, con el aire acondicionado encendido y escuchaba un nocturno de Chopin; lo detuve por algo que debía decirle. Metió su angulosa cabeza por la ventanilla del pasajero tanto como pudo. Lo vi disfrutar aquel ambiente artificialmente fresco y relajado, tan contrario al suyo, lleno de calor y sufrimiento. Cuando nos despedimos, estuve seguro de que con todos los cuidados que toma, el día cuando le den turno, su certificado de defunción dirá lo que sea, menos cardiopatía.

Pero no todos viven con tanta angustia. Quienes sobrevivieron a un infarto o una angina de pecho (angor pectoris), en vez de correr caminan una hora diaria o más, y mantienen una dieta más o menos estricta. Me aseguran que sus largos paseos por la mañana, generalmente en compañía de la esposa o el esposo, ayudan a mantener la línea y mejoran el vínculo matrimonial.

En cambio, el infarto cerebral (accidente cerebrovascular en la gráfica) es menos apetecido. Supongo que esto se debe a que en caso de sobrevivirlo, puede dejar secuelas graves. El DRAE define apoplejía como la suspensión más o menos completa, y por lo general súbita, de algunas funciones cerebrales, debida a hemorragia, obstrucción o compresión de una arteria del cerebro.

El derrame –stroke-- puede ser isquémico o hemorrágico. El isquémico sucede cuando se tapa una arteria que lleva sangre al cerebro; generalmente es menos grave que el hemorrágico. Al suspenderse la irrigación sanguínea, muere la masa cerebral afectada. En el hemorrágico, una de las arterias del cerebro se rompe y sangra, a mayor sangrado, mayor gravedad. En cuestión de minutos, las células del cerebro comienzan a morir.

En el otro extremo está el temido Alzheimer, villano implacable que afortunadamente dejó de estar entre las diez principales causas de muerte. Ningún otro motivo parece causar tanto temor como la enfermedad de Alzheimer. Esta disminuye la masa cerebral, degenera las células nerviosas del cerebro, causa pérdida de memoria, introduce deterioro físico generalizado, provoca deterioro intelectual progresivo, causa  desorientación espacial, destruye la personalidad… Como se decía antes: ¡La muerte quirina!

La muerte por SIDA o por diarrea, causan cierto sentido de vergüenza a los deudos. En el funeral mencionan otras causas pero generalmente no se ponen de acuerdo.

En una posición de preferencia, cercana al apetecido infarto (cerebral o de miocardio) queda el cáncer. Posiblemente se piensa en un proceso razonablemente rápido, aunque tan doloroso como para requerir estupefacientes agonistas para atenuar sus dolores. ¿Acaso todos llevamos un pequeño morfinómano adentro?

Los hay de una extensa variedad, siendo los más comunes en la mama femenina y en la próstata del hombre. En Guatemala, también es común entre las mujeres el cáncer de útero en el endometrio. Pero no por ser los más comunes son los causantes de mayor mortandad. En cambio el cáncer de pulmón, bronquios y tráquea, menos frecuentes, suelen ser mortales y de muy corta duración. El más letal es el adenocarcinoma de páncreas, solo 7 de cada 100 lo sobreviven.

Me informan que en Guatemala, también es común entre las mujeres el cáncer de útero en el endometrio. No hay un programa de detección temprana y cuando se detecta ya es tarde para tratarlo. Afortunadamente, se inició un programa estatal de vacunación a las niñas de 10 años cumplidos, antes que desarrollen las capacidades productivas.

Ave, Caesar, morituri te salutant que se puede traducir como: Salve, César, los que vamos a morir te saludamos. Me refiero, desde luego, a quienes nacimos antes de 1960. Los más jóvenes no debieran preocuparse por la muerte, porque le jocotea la vida. Pero quienes ya estamos en la fila, sí debemos pensar en ello. Uno sabe que ya está haciendo cola cuando sus abuelos, padres y tíos ya no están. Es entonces cuando debe preparar testamento, hacer los arreglos funerarios y, quizá, pensar de qué y cómo va a morir.

Personalmente me uno a quienes prefieren el infarto o el derrame, siempre y cuando no me lleven a un hospital y, si lo hacen, que sea rapidito. De lo contrario mejor allí lo dejamos. Le temo profundamente a todo lo que cause daño mental evitando que las demás partes del cuerpo dejen de acatar las órdenes del cerebro. Me aterra un estado de coma largo que pueda terminar en muerte vegetal; me espanta la pregunta del hospital diciendo:

– ¿Lo desconectamos?
     ¡Pero cómo!, si no está conectado
     Er… Es un eufemismo