ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Teorema

Epilogo. Parte final de ¿Escribimos la Historia?
Fecha de Publicación: 14/06/2013
Tema: Historia

 

 

Cuarta parte y final de ¿Escribimos la historia?

Epílogo

En cualquier guerra los hombres mueren y, lo que es peor, matan.
J.L. Borges

Durante la guerra, los subversivos destruyeron propiedad privada, secuestraron personas, hicieron todo el robo y extorsión que pudieron. Hay muchos casos de “ajusticiamiento” que en la práctica fueron asesinatos, a sangre fría. Cuando los guerrilleros se apoderaban de una finca, tomaban a los propietarios como rehenes, consumían sus alimentos, reunían a los trabajadores y justificaban su crimen difamando al dueño, era frecuente que violaran a su esposa, hijas y personal de servicio. Robaban cuanto podían, se llevaban las aves y el ganado, el saqueo era completo. Después quemaban las instalaciones y la casa patronal (algunas veces, con los propietarios adentro) y se marchaban.

Han pasado más 16 años desde cuando se firmó la paz. Esta, paradójicamente fue firmada, entre otros, por un ex guerrillero en nombre del Estado y un guerrillero en activo, ambos con parentesco político cercano. En su esencia, los acuerdos de paz fueron redactados por los insurgentes. Se dice que es por ello que en la estatua alegórica, en el Palacio Nacional, las dos manos que sostienen la rosa de la paz son izquierdas.

Algunos ciudadanos, la élite con mayor educación y ética más estricta, personas radicales en sus apreciaciones de lo que es correcto, se opusieron a la firma de tales acuerdos. Razonaban que la guerrilla había sido derrotada por el ejército, por lo cual suscribir una paz negociada no tenía sentido. Negaban al Estado la representación para sentarse a discutir con individuos que habían cometido crímenes. Aseguraban que, desde el punto de vista legal el acto era inválido porque la guerrilla carecía de representación jurídica, que era una organización de hecho. Pero abandonar la guerra tenía muchos beneficios, incluso de imagen política, y Álvaro Arzú quería ser recordado como el Presidente de la Paz.

Las víctimas o sus deudos debieron presenciar impávidos cuando el entonces Presidente Arzú explicó la necesidad de una amnistía total para los subversivos. Pero tanto la población en general como prácticamente todos los sectores querían la paz. No les importaba sacrificar la justicia. Si era ilegal o no, les daba lo mismo. La población estaba harta de los asaltos, de la destrucción de infraestructura, de los gastos militares, de la falta de seguridad… La gente confiaba que todo eso cambiaría si se firmaban los acuerdos de paz. Nadie entendía por qué habría de seguir la inseguridad, muerto el chucho (la guerra) se acabó la rabia, se pensaba.

La Paz, quedó establecida como un valor que se anteponía al de la Justicia. La inmensa mayoría de ciudadanos, incluyendo a quienes habían recibido los golpes directos del enfrentamiento así lo entendieron. La sociedad recibió a los subversivos, olvidando su pasado y se mostró dispuesta a reconocer sus habilidades y aptitudes. A quienes tenían facilidad para expresarse de forma escrita, los periódicos abrieron sus páginas de opinión. De manera similar otras instituciones y empresas hicieron lo propio. El sentimiento era que debían ayudarlos a dejar de ser ex guerrilleros, favorecer que pudieran convertirse en ciudadanos.

Casi 3 años después, en 1999, hubo elecciones generales. Álvaro Colom participó en representación de la URNG pero solo obtuvo 12% de la votación. La ex guerrilla aseguró que no había tenido suficiente tiempo para organizarse, que Colom era pusilánime y un pésimo candidato. Lo hicieron responsable de la derrota y rompieron relaciones con él.

Aunque no suscribió el documento, el comandante guerrillero Gaspar Ilom, también conocido como Rodrigo Asturias, hijo del Premio Nobel de literatura  1967 (quien padecía un racismo intenso, capaz de irritar a cualquiera), fue el principal negociador de los Acuerdos de Paz. Cuatro años después del fracaso electoral de 1999, la URNG participó en la votación de 2003 con su más emblemático líder, Gaspar Ilom, como candidato a la presidencia. El también ex comandante guerrillero Pablo Ceto fue candidato a la vice presidencia. Proponían en su programa de gobierno, hacer por medios lícitos aquellas metas y fantasías que habían impulsado desde la clandestinidad. Ningún otro candidato tenía un plan de gobierno tan auténticamente propio como el suyo, ni lo había promocionado tanto tiempo –más de 30 años. Con todo a su favor, esta vez solo recibieron un desmoralizador 2.6% de la votación.

Pero en todo lo demás, la incorporación de los ex insurgentes a la vida ciudadana fue exitosa. Muchos mantuvieron su identidad guerrillera en secreto. Pero otros, con mayor valor y convicción, hicieron público ese pasado suyo. Nadie les regaló nada, pero tampoco les impidieron progresar.  Con la asistencia de sus adherentes encubiertos, que trabajaban en diferentes dependencias del gobierno, algunos obtuvieron puestos públicos. Con el tiempo, terminaron copando las instituciones del Estado, llegando a los más altos niveles de dirección. Es una lista larga, muy extensa, la de estos ahora ciudadanos cuyos ingresos provienen de los tributos de la población que, políticamente, durante más de 50 años los ha rechazado. La sociedad guatemalteca ha pagado el precio de la paz…

Acaso sea por eso que ahora sorprende que sus adherentes no combatientes, los que manifestaban apoyo desde atrás. Los asistentes de los comandantes en Europa, los encargados de preparar los encuentros para recibir fondos, estén atrás de esa persecución a los militares que iniciaron con Ríos Montt. Tengo la percepción de que la mayoría de combatientes, los que pusieron en riesgo su vida en las montañas, ven a los militares con el respeto que merece un adversario digno.

Entiendo que se está organizando un movimiento que se denominará “Asociación de Ixiles por la Paz”. Estará formado por líderes comunitarios que vivieron el conflicto y que son, ellos o sus familiares, víctimas directas del mismo. Me han contado que su mensaje es muy simple: Queremos la Paz y no la guerra. Apoyamos la conciliación y el perdón a la guerrilla y a los militares. Queremos heredar a nuestros hijos un país unido y no dividido. Si eso fuera cierto y tal organización sale a luz, a mí me gustaría mucho sumarme a ellos, hacer el viaje a esa lejana región y conocerlos personalmente, estrechar su mano y reconocer su valor.

Aquí termina mi relato. Sé que es incompleto. Sé que la historia es como una calle empedrada de Antigua Guatemala, cada piedra representa un misterio, una contradicción, un desacuerdo... Sé también que mucho de lo sucedido aún no ha sido escrito. Que quienes vivimos esa época peligrosa, tenemos algo que decir, algo que contar. Que poseemos una o más piezas de ese gigantesco rompecabezas que quisiéramos armar. Posiblemente algunos querrán aportar sus propias piezas.

 

Quisiera invitarlo a usted, a que lo haga. Escríbame, cuénteme su parte de la historia, sobrepóngase al dolor que pudo haberle causado. En Pi, la publicaremos. Solo debemos establecer una condición: que con valentía, escriba esa historia con su nombre. Que no esconda su identidad. Porque es necesario que aprendamos a ejercer el derecho de expresarnos, con responsabilidad, diciendo la verdad. Qué le parece: ¿Escribimos la historia?

 

 

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
OTROS TÍTULOS DEL MISMO AUTOR:

Ver todos