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Teorema

Los Álvaro Arzú
Fecha de Publicación: 16/01/2018
Tema: Política
Álvaro Arzú Irigoyen es el político que mayor incidencia ha tenido en la vida política de Guatemala. Fue director del INGUAT (1978-81), ganó la elección para Alcalde capitalino en 1982 pero no asumió el cargo. La parte más importante de su trayectoria dio inicio en 1985 al frente de la Municipalidad de Guatemala. Después fue Canciller, ha sido Alcalde de la ciudad cinco veces y fue el último Presidente de la República del siglo pasado (la reelección presidencial es prohibida). Lo anterior sucedió entre 1985 y 2018. Cerca de 80% de los 32 años que median en ese período, Arzú ha ejercido función pública, acumulando experiencia política como ningún otro.

Tiene enemigos poderosos en los medios de prensa, quienes tratan de desprestigiarlo atacándolo permanentemente. Pero contrario a otros políticos, que se doblegan y muestran sumisos ante los periodistas, Arzú se manifiesta contestatario. Muchas veces toma la iniciativa y arremete contra ellos. En todo caso, el calificativo de “víctima” no le sienta.

Hace unos diez o quince años escribí que, en mi opinión, el gobierno de Arzú, entre 1996 y principios de 2000, había sido el mejor de nuestra historia, al menos de la más reciente. Desde la Presidencia hizo transformaciones que perduran. Hoy más del 90% de pobladores, incluyendo jóvenes y adolescentes, tenemos un teléfono celular y como país, pasamos de sufrir “apagones” a exportar energía eléctrica a la región. Muchos aún recordamos las excelentes carreteras de entonces. El ferrocarril y el correo volvieron a funcionar…

En el mismo artículo lo inculpaba por los Acuerdos de Paz firmados al inicio de su gestión, ya que contrario a procurarla, fortalecieron el desorden que ahora vivimos. Si se analizan, uno por uno todos los actos de su gobierno, habrá muchos errores que señalar, siempre los hay. Pero en términos globales, si se compara el suyo con otros gobiernos constitucionales, la ventaja a su favor es amplia ¿O no?

Mantengo aquella opinión, que creo compartir con buena parte de la población que ha vivido los acontecimientos de esos treinta años, en edad adulta. En la práctica lo anterior se refleja en que, a diferencia de otros políticos, Arzú ha ganado elecciones con muy poca publicidad. Indudablemente, a sus dotes de entonces, hoy habría que agregar la experiencia que ha acumulado. Acaso se trate de uno de los pocos políticos que merecen el adjetivo de “estadista”.

Recientemente Álvaro Arzú expuso su prestigio para apoyar al alicaído presidente Morales y salvar así la institucionalidad del país, socavada por una dependencia de la ONU. Tuvo éxito en ese empeño pero como respuesta, la CICIG y el MP iniciaron acciones legales en contra suya. La Tiranía de los jueces, le llama Armando de la Torre en su más reciente artículo (Ver: http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=972), cuando refiere los acontecimientos en la época de Robespierre y su Reino del terror en Francia.

Morales ya no renunció y Guatemala, progresivamente, va alcanzado parte de la estabilidad que se requiere para gobernar. Pero el tiempo pasa. El envejecimiento es un enemigo insoslayable… y mortal. Ahora tenemos a un Arzú de casi 72 años, más maduro, con más experiencia, pero también con menos pujanza que antaño. Afortunadamente para él, el hijo suyo, nacido al inicio de su carrera política, sigue sus pasos. El rey tiene un heredero a quien dejar su trono.

Álvaro Arzú Escobar consiguió ser votado para diputado al Congreso Nacional y asumió en enero de 2016. El sábado 13 anterior, fue electo Presidente del Organismo Legislativo e investido al día siguiente. El lunes 15 inició su gestión siendo a sus 32 años cumplidos, uno de los presidentes más jóvenes de Congreso, desde 1954 cuando Marco Antonio Franco lo consiguiera a sus 31 años. 

Algunos dicen que es demasiado joven. Que es inexperto. Que conducir a 158 diputados de largos y afilados colmillos, es tarea reservada para gente como Arístides Crespo, Luis Rabbé, Mario Taracena, Orlando Blanco, Eduardo Meyer, Leonel López, Rubén Darío Morales, Gudy Rivera o Pedro Muadi. Otros afirman que Arzú Escobar es diferente y lo van a quemar. Unos más dicen que esto, que lo otro. Muchos, incluso, muestran desacuerdo con su designación ¿Acaso habría sido mejor que eligieran a Manuel Conde, Julio Ixcamey, Óscar Chinchilla o Boris España?

Creo que hay que ver la presidencia de Arzú Escobar Con menos adivinación sobre lo que va a hacer. Ver cuáles son sus fortalezas también. En primer lugar el papel de su padre en el futuro del joven político recién ingresado a la liga mayor que a mi juicio es su soporte más importante. El Alcalde Arzú, pese a carecer de experiencia parlamentaria, es un asesor inmejorable.

Como buen padre y buen político, Álvaro papá habrá tenido mucho que ver con el reciente triunfo de su hijo ¿Qué padre, en su lugar, no habría hecho lo mismo? Además, no precisa poseer dotes parasicológicos para adivinarlo presto a ayudar a su retoño cuantas veces lo necesite. Ojalá Álvaro hijo reconozca los méritos de su padre y esté dispuesto a escuchar su consejo. Si en vez de hacerlo, piensa que lo sabe todo, habría perdido su activo político más valioso y sus posibilidades de éxito serán como las de otro cualquiera.

El joven Arzú proviene de una familia con medios económicos suficientes para haberle procurado la mejor educación posible en Guatemala. Habrá viajado por varios países. Seguramente habla dos o más dos idiomas. Sus modales deben ser refinados. Ciertamente no se sentirá incómodo ante las exigencias de la etiqueta; así, cuando nos represente, no nos pondrá en vergüenza. En el seno de su familia debe haber oído hablar de política desde cuando nació. Progresivamente le habrán permitido participar en las discusiones. El suyo debió ser un entrenamiento superior.

El recién nombrado presidente del Congreso tiene hoy, frente a sí, un futuro político prometedor. Además de lo suyo, ha heredado un partido, un prestigio, una casta y por encima de todo, el apoyo de personas influyentes y el conocimiento de hechos que constituyen el capital invisible de su padre. Todo eso, ahora a su servicio, no es poca cosa. Depende de él, de su forma de conducirse, si lo hace bien, podríamos tener Álvaro Arzú otros 40 años.

La designación de Álvaro Arzú Escobar, como Presidente del Congreso, por otra parte, es un mensaje que no admite discusión, es claro y fuerte para la ONU y para esa parte del cuerpo diplomático que se siente autorizada para ordenar lo que debemos hacer, lo que debemos pensar, la ideología que debemos tener…

Ahora que nuevas luces iluminan el camino del presidente Morales quizá se convenza, y actúe en consecuencia, que la asistencia internacional, excepto ante catástrofes, no resuelve la pobreza. Que un pueblo que depende de la benevolencia de otros pueblos se vuelve sumiso y muy pronto ve cercenada la dignidad en su espíritu, y que sin decoro ni vergüenza, ese pueblo jamás puede desarrollarse y progresar.
SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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