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Mi Esquina Socrática

Sentido común (parte 12)
Fecha de Publicación: 25/10/2017
Tema: Construir el Estado
El engaño en cuanto instrumento cotidiano en la política (Ver también Sentido Común 10, El engaño como herramienta política http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=950)
De todas las visiones ideológicas, tanto las llamadas nacional socialistas (Hitler) como las internacional socialistas (Lenin, Mao, Castro) han recurrido permanentemente a la mentira o al engaño para llegar al poder y mantenerse en el. Ahí incluyo a los promotores de la CICIG, tales como Eduardo Stein o Edgar Gutiérrez y a sus ejecutores como Iván Velázquez. Y como tontos útiles que se tragan tales embustes, a personajes notables del sector productivo del país y jóvenes intelectuales que se han estrenado recientemente en el mundo del periodismo en cualquiera de sus categorías: escrita, radial o televisada.

Lenin llegó al poder en 1917, en plena y exasperante primera guerra mundial, con el embauque de “la paz a toda costa”. Hitler hizo lo mismo con otro sofisma: restaurar la grandeza perdida del imperio germánico y llevarla mundialmente a su cumbre. Y el colombiano Iván, eliminar la corrupción en la ajena Guatemala, con el apoyo de la muy corrupta ONU.

Lenin por mano de Stalin esclavizó a su pueblo por siete décadas; Hitler, dejó a Alemania ruinas, hambre, y abyecta sumisión al extranjero. Iván nos lleva a un precipicio todavía más corrupto de lo que podemos imaginar, con cárceles doquier para quienes nos manifestemos en su contra, lo hace con la colaboración de guatemaltecos, pocos pero muy desalmados.

Y de nuevo, con el aplauso cómodo de los hombres y mujeres sin carácter.

La historia de siempre.

Los guatemaltecos han de ponerse de pie a tiempo, a menos que no les importe ver su país reducido a la condición de servidumbre de los pueblos de Cuba y Venezuela.

Una respuesta clara y contundente sería la cancelación definitiva del fallido experimento con la CICIG. Y que los mismos guatemaltecos, no los mismos extranjeros, asuman con coraje el papel de liberar a su país natal de los corruptos que los han tiranizado alternativamente por décadas y siglos.

Para ello simplemente bastaría regresar a los principios éticos de todo Estado de Derecho. Lo cual, eso sí, entrañará un amor solidario hacia todos sus compatriotas de buena voluntad, un carácter enérgico para cumplir y hacer cumplir a todos con las leyes, y una laboriosidad innovativa e incesante como la de todos los pueblos desarrollados. Esto a su vez, implica el cultivo de hábitos de decir siempre la verdad, aunque nos duela de cumplir con lo pactado, aunque nos humille, y de aceptar los diez mandamientos sobre los que se ha edificado el edificio gigantesco de la cultura occidental, aunque esto último pueda herir nuestra vanidad intelectual.

La hora de la verdadera independencia ha llegado. Jamás olvidemos que nada de lo bueno nos ha sido, ni nos es regalado, sino que siempre habremos de “ganar el sustento con el sudor de nuestras frentes”. Que lo que se nos dice mendazmente que esa ayuda, o “cooperación” gratuita, son siempre en realidad otros tantos engaños a nuestra cómoda estupidez. Que la madre no puede orientar a sus hijos sin lágrimas, y que los varones estamos llamados a proceder con justicia siempre, y a estar dispuestos a dar la vida por la felicidad de nuestros seres queridos, o dejamos de ser varones.

Que la vida es demasiado corta para querer hacer de ella la senda que siguió Pablo Escobar Gaviria o su coterráneo Iván Velázquez.

Nos decimos orgullosamente libres; es el momento actual el más oportuno para confirmar que es de veras verdad lo que tan fácil y cómodamente alegamos a diario.

No habrá paraíso sin cruz. Como no puede haber prosperidad sin el hábito del ahorro.

Esto vir, “Sé hombre” se decían los romanos y así edificaron el Imperio más aleccionador en la historia de Occidente. “Que ninguno se quede atrás” exhortaban los magníficos mayas, y “sé universal”, concluyeron los genios del Renacimiento. ¿Por qué no hacemos nuestra, en Guatemala tanta sabiduría?

No necesitaríamos, entonces, de políticos payasos, ni de empresarios mercantilistas, ni de asalariados haraganes, ni de catedráticos universitarios o maestros de escuelas sindicalizados con el único propósito de trabajar menos a costa de la educación y de la formación integral de nuestros hijos.

Nuestro problema aquí, en esta tierra tan bendecida por Dios, es exclusivamente de índole moral o ética; nada más.

Por supuesto, a nadie agrada que se le recuerde este “detalle”, por lo menos no a quienes se dicen “varones” y se portan como aquel último Sultán de Granada a quien su madre le reprochó: “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Ni tampoco gusta a las hembras, que no mujeres, que le vuelven del todo las espaldas a su vocación biológica y espiritual de dadoras de vida nueva.

“A quien le calce el guante, que se lo plante”. Todos, jóvenes y viejos, sanos y enfermos, analfabetas y educados, se lo agradeceremos desde lo más íntimo de nuestros corazones. Porque así dejarán de ocupar un espacio que requerimos con urgencia, y consumir un aire puro sin el cual no podemos sobrevivir.

Intelligenti pauca”, “A buen entendedor pocas palabras basta”.
 
 
   
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