ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Mi Esquina Socrática

El engaño como herramienta política
Fecha de Publicación: 04/10/2017
Tema: Historia
Sentido Común (parte 10)
La mentira entre los hombres es tan antigua como la misma especie humana. Por mentira entiendo aquí el afirmar o negar algo ante otros que sabemos en lo íntimo de nuestra conciencia que es lo opuesto a lo real.

Pero me interesa más aquí una variante de lo mismo: el engaño, que es una mentira disfrazada de verdad y que, además, hasta podemos hacerlo inconscientemente a nosotros mismos. A esto último también se le llama “auto-engaño”.

Y así nos auto-engañamos motivados por deseos o esperanzas de los que no tenemos plena consciencia.

Así entendido, todo auto-engaño incluye mucho de ilusiones nada realistas o de miedos sumergidos.

Su inevitable resultado es algo parecido a lo que llevó a madame Rolland, camino de la guillotina, a exclamar: “¡libertad, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”.

De la misma manera podríamos gritar hoy en Guatemala: “¡justicia, justicia, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”.

Hace unos días la Corte Federal de Suiza hizo público el cruel y despreciable engaño por parte de la CICIG, presidida primero por Francisco Dall’Anese y después por Iván Velázquez, que le ha robado cinco años de su vida adulta a Erwin Sperisen en una tenebrosa cárcel en solitario. Erwin ya está de regreso con su familia, pero el robo infamante a su vida no lo ha lamentado ni pública ni privadamente ninguno de esos dos hechores; es más, la noticia la han sepultado en un absoluto silencio. Si eso no es una de las peores formas de corrupción de la justicia, ¿qué lo es pues?...

Este debería ser el punto álgido a discutir entre nosotros en este momento, pero preferimos auto-engañarnos y decirnos que eso aquí nos es ajeno. ¿Cobardía colectiva?...

Porque reconocer que “justicia” y “crimen” son tan contradictorios como amor y odio, como la guerra y la paz, como la inocencia y la culpa, pero preferimos suponer que la CICIG nos ha ayudado a combatir la corrupción. Así procede nuestra comodidad lógica.

Robespierre, el “Incorruptible”, estrenó el terriblemente uso abusivo de la guillotina so pretexto de hacer justicia. Y Lenin, el Pacifista, desató una guerra permanente contra su propio pueblo en nombre de la paz. Y aun en estos mismos momentos somos testigos de un dictador absoluto en Corea del Norte, que bajo el pretexto de defender a su pueblo lo encamina derechamente al suicidio atómico.

Otra vez en Guatemala incurrimos de nuevo en una variante colectiva de tales auto-engaños, a veces con el apoyo público de personalidades bien intencionadas, como en el caso del joven Phillip Chicola, honesto y culto, que acaba de hacer una brillante aplicación de aquella hipótesis de Alexis de Tocqueville contenida en su texto “El Antiguo Régimen y la Revolución
(1856), a la realidad guatemalteca de estos días, y cuya lectura aun recomendaría a todos.

Ese promisorio y muy querido por mí, joven talento, comete un error metodológico garrafal: porque la Revolución francesa estalló espontáneamente sin contar con precedente alguno. A lo más, podría considerársele un lejano antecedente aquella Revolución llamada Gloriosa ocurrida un siglo antes en Inglaterra, y así calificada porque no entrañó el derramamiento de una sola gota de sangre.

Por eso comparar lo ocurrido aquí desde abril del 2015 con las etapas de la Asamblea y de la Convención de aquella Revolución tan radical lo creo producto de un racionamiento algo ingenuo. Ahora los guatemaltecos se inspiran en innumerables y radicales cambios sociales ocurridos en todo el mundo de los que aprender, a diferencia de los revolucionarios franceses.

Y por eso hoy hemos aprendido que más allá de las etapas visibles de cada cambio social violento, le anteceden conjuras y planes ocultos o conspiraciones engañosas de toda índole.

Quiero mantenerme en este punto: la CICIG no ha sido una realidad espontáneamente ocurrida, sino el fruto más bien de una mala intencionada componenda ideológica con raíces remotas más en la ciudad de Washington D.C. y por las manos disimuladas de Barack Obama y Hillary Clinton que por las de sus conocidos propulsores criollos Edgar Gutiérrez y Eduardo Stein.

Tal conspiración extranjerizante hasta se ha extendido más allá de Guatemala para incluir a nuestros vecinos de Honduras y El Salvador en una hipotética Alianza para la Prosperidad que en realidad es un soborno a nuestros gobernantes para que cierren en lo posible el flujo de inmigrantes de ilegales a los Estados Unidos.

Todo lo demás, incluida la supresión del tráfico de drogas, es simple música de acompañamiento. Si no lo fuera, la CICIG hubiera hecho prioritario el combate al CUC, a CODECA, a FRENA y otras bandas de bandoleros que aterrorizan a nuestra población rural y son el factor de más peso de nuestro atraso. También de ese dolor tan humano que empuja a muchas de sus víctimas a emigrar como sea.

Por eso, querido y admirado Phillip no es comparable en absoluto lo ocurrido durante la Asamblea Nacional y la Convención durante la Revolución francesa con todo de lo que hemos sido testigos aquí desde abril del 2015. La maldad insidiosa es hoy mucho más refinada que la de dos siglos y medio atrás.

Y lo que, de paso, nos confirma lo acertado del dicho de que el precio de la libertad es una “eterna vigilancia”...

Ayúdanos a sacar esa serpiente de la CICIG de este paraíso, aunque se molesten algunos patrocinadores tuyos muy acaudalados, que solo simulan solidarizarse con los supuestos objetivos de la CICIG porque ya tienen sus colas expuestas suficientemente machucadas…
(Continuará)
 
 
   
Powered by NeBSGT