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A vuelo de pájaro

Eros y poesía
Fecha de Publicación: 02/09/2017
Tema: Literatura
 

A Luz Méndez de la Vega, in memoriam.

 


 

De izquierda a derecha, Margarita Carrera, Luz Méndez de la Vega y Carmen Matute.
Las tres, galardonadas con el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias

 
En una inolvidable lección inaugural en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos, Luz Méndez de la Vega leyó su ensayo “Lengua, religión y literatura como de deformadores de la mujer y la cultura”. Eso sucedió en 1981, pero la vigencia de aquel texto continúa tan puntual como si lo hubiera escrito ayer. En ellos Luz señalaba cómo el idioma, la religión y la cultura, por siglos han fijado patrones que disminuyen – cuando no anulan – a la mujer, y cada ejemplo que encontramos en ese ensayo contribuye a aclararnos el panorama de los arquetipos tradicionalmente impuestos a la mujer. Arquetipos contra los cuales Luz libró una larga batalla desde su posición feminista, por medio de sus ensayos, su poesía, su cátedra y su propia vida.

La literatura de los cantos populares y sobre todo de las radionovelas y telenovelas –que siguen casi todos los lineamientos de la antigua novela rosa y de los patéticos novelones de folletón románticos, con todo su melodrama llorón – son los potentes fijadores (en nuestros días de revolución feminista) de los esquemas tradicionales, de manera que vuelven a las mujeres, en su mayoría, acérrimas enemigas de las feministas, y por consiguiente, las mejores continuadoras de una cultura injusta y castradora de las mujeres.

Es la voz de Luz Méndez de la Vega, que nos urge a oponernos a este poder avasallante que la literatura, la religión y el lenguaje tienen para crear una falsa imagen de la mujer.

A pesar de que las condiciones aún son limitantes para un desarrollo pleno de la mujer, ésta ha ido superando los papeles que la han tipificado en una forma idealizada y por lo tanto lejos de la realidad –también mencionados por Luz – tales como “bello sexo”, “reposo del guerrero”, “madre abnegada”, “mujer fatal”, “esposa sufrida”, etc., la literatura ya comienza a reflejar a una nueva mujer, auténtica y decidida a ser ella misma aunque aún debe hacer énfasis en la negación de los falsos arquetipos. Como objeto del deseo o musa inspiradora, la mujer asumía en el pasado un papel pasivo en la literatura. Y cuando era ella la que escribía, sus temas, limitados por “las buenas costumbres” se reducían al amor filial, el amor a Dios, la naturaleza, cuando no a los sufrimientos que la agobiaban.

Esto ha cambiado desde hace algún tiempo, y la poesía abiertamente erótica que por siglos había sido dominio exclusivo de los hombres, es ahora un campo en el cual encontramos vigorosas voces femeninas. Lo erótico es una afirmación de la fuerza vital de las mujeres; de esa creativa energía que se nos ha concedido y cuyo lenguaje y uso reclamamos hoy con nuestro propio lenguaje, nuestra historia, nuestra danza, nuestro amor, nuestro trabajo, nuestras propias vidas.

La cita anterior es de la escritora Audre Lorde, quien, al igual que otras, a través de sus escritos recupera, redime, reclama el Eros femenino como parte integral de ese ser que durante tanto tiempo ha sido relegado en la historia. La mujer, a través de permitirse canalizar el amor y la sensualidad, no sólo ha abierto la posibilidad de curar sus propias heridas, sino que ha cambiado su discurso por un abierto reclamo a su derecho a tener una vida sexualmente plena, y también al derecho de expresarlo.

En Guatemala se abre realmente una brecha para que las mujeres incursionen en el campo de la poesía amorosa a partir de 1973, cuando Ana María Rodas publica “Poemas de la izquierda erótica”, que fue piedra de escándalo en aquella época. Aunque debemos reconocer que se habían dado ejemplos esporádicos de poesía erótica –mencionados por Luz Méndez de la Vega en su antología “Poetisas desmitificadoras guatemaltecas”– como Pepita García Granados, a quien Luz se refiere como una poetisa “desmitificadora del lenguaje y los temas” y también como “pionera de la poesía feminista”. Poesía escrita por mujeres, agrego yo, cuyo Eros se extiende más allá del encuentro sexual para ahondar en el conocimiento del propio cuerpo, que es parte de la búsqueda del autoconocimiento.

De la antología de Luz anteriormente mencionada, que incluye a excelentes poetisas, la voz de Delia Quiñónez viene a enriquecer la polifonía de la poesía erótica femenina con versos cuya pasión se encuentra velada por espléndidas metáforas, y un lenguaje refinado matizado por un íntimo estremecimiento:

En nuestros templos / habita el paraíso; profundo y claro / en la oquedad que dejan / los besos / y el temblor de espasmos milenarios. // Ahora/ el fuego es apenas un roce / en la curva del tiempo, / un trecho recorrido / en algas, / tibiezas y recuerdos. //
 
Las poetisas en plena libertad exploran hoy las diferentes posibilidades del amor. Pero esta libertad, este abierto reclamo, esta franqueza para hablar del deseo no son exclusividad de las que recién emergen ahora, pues también se dan en los versos de poetisas como Margarita Carrera, cuyos versos no tienen fronteras, no tienen límites entre lo sagrado y lo profano en poemas dirigidos al amado o invocando las cualidades del amado, aunque debo agregar que con un lenguaje menos directo, más sugerente, lo cual no le quita en forma alguna la intensidad:

Adentro de mí / una fiera oculta / te acecha sin sosiego / arde con furor / con sangre de infierno / con garras y colmillos / para devorar tu soledad / tu mundo / tu muslo / tu cuerpo de hombre / como se desliza el tiempo sigiloso / con pisadas y aliento arcano / te rodeas / aguarda tus despojos / tu sollozante sombra / hecha para mi fuego / para el fuego de la fiera oculta / que te acecha sin sosiego.

En todo caso, la poesía erótica escrita por mujeres –junto a otro tipo de poesía también concienciador– está cumpliendo con la tarea de darle voz a quien no la ha tenido, ayudando a construir “la nueva mujer”. Una mujer libre, y dueña de su vida y su cuerpo, que no se detiene ante la confesión de amores pasados como lo hace Luz Méndez de la Vega en estos versos lapidarios del poema “Suma”:

Amo en ti / a todos los amantes que pasaron / – rostros en la sombra / del negado sueño a los recuerdos – / viento fugaz y sin huellas / sobre mi territorio intacto. // En ti, amo también, / a los que conmigo ardieron / y se quemaron sobre mi piel / hasta volverse ceniza. / Polvo de recuerdo desmesurado. // Y… amo en ti / a los que amé, y he odiado, / a los que de mí hicieron lacería / triturando mis sueños y mi carne / hasta dejarla rota, / esclava sumisa / de las lágrimas. // Por eso en ti, amo / a todos los amantes: / al amor claro / y al amor oscuro. / Amor total/ ancho, largo y hondo / como la muerte.

En “Helénicas”, uno de sus últimos poemarios, Luz recrea temas y figuras mitológicos, aportando con su palabra emoción y frescura a un mundo que podríamos considerar demasiado lejano. En sus páginas construye con voz propia un universo en el que prevalece el erotismo, a través del cual va transformando el cuerpo en trono y altar –con el mismo celo que en él pusieron los helenos– hasta volverlo piedra de sacrificio propiciadora de los ritos amorosos.

“El trato abiertamente sáfico de “Safo a Cleis” propone una visión helenista de la belleza femenina, que, sin embargo, puede bien ser una auto-celebración del ser, de un reflejo que re-crea, un mirar que enaltece al yo, (…)”. Así se refiere el crítico Myron Ávila a uno de los poemas de ese hermoso libro de Luz, del cual presento un fragmento:

Me amo en ti, / y en tu figura, / me miro, / transformada / con la forma de mi sueño. / Al acariciarte / es mi reflejo / el que acaricio /narciso / en el espejo de tu cuerpo. / Me miro, así, / toda yo / vuelta carne tuya, / belleza que amo, / seda que acaricio / en tus mejillas. /Sabor de tu piel / en la blanca corola / de tus senos / y en la oscura y dulce fruta / de tu sexo. / lenta y deleitosa / te recorro / con mis dedos / más sabios en formas / que los de Fidias, / y vuelvo un cinturón de oro / mis brazos en torno a tu cintura, (…)

Si, como afirma Octavio Paz: “La experiencia poética nos es otra cosa que revelación de la condición humana”, entonces la poesía erótica escrita por mujeres al “revelar su condición humana” también estaría revelando su condición femenina, su rebeldía a los cánones impuestos, su toma de conciencia, y su profundo deseo de tener una vida plena y armónica.
 
 
   
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