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Teorema

El aprendizaje del Presidente
Fecha de Publicación: 28/08/2017
Tema: Política

Más allá de la que buscan crear los medios ¿hay una verdadera crisis en Guatemala? No estoy seguro. De ser así, si el año pasado Morales hubiera llegado a solicitar a Estados Unidos que se llevara a Robinson a otra parte, aquello habría sido titulado, más que como crisis, como una hecatombe.

El Presidente expulsó a un funcionario de Naciones Unidas que intervenía directa y progresivamente en la vida política del país y que repetidas veces había excediendo los límites de su contrato. Morales debió hacerlo tiempo atrás, al menos, ponerlo en su lugar. En vez de eso fue dando cada vez mayor espacio a Iván Velásquez quien es hábil, sumamente hábil. El Comisionado colocó a “su gente” en el gobierno, en la CC, en la CSJ, en el MP, en el Congreso... Cooptó todas las instituciones de Estado guatemalteco, dijo qué se debía hacer, opacó al Presidente y condujo el país hacia el caos actual.

Uno no puede sino admirar la destreza política del aún Comisionado. Llegó a Guatemala hace menos de cuatro años, sin conocer a nadie. Hoy, si no mediaran restricciones de nacionalidad, podría optar, con magníficas posibilidades de éxito, a cualquier cargo de elección popular, incluyendo la Presidencia de la República. Se dirá que lo consiguió a partir de una posición privilegiada y con muchos recursos como la CICIG. Pero ¿Acaso no es aún mayor el poder y los recursos a disposición del Vicepresidente, de un Ministro de Estado, un Magistrado e incluso un Alcalde?

Al leer los matutinos de hoy, no pude sino observar el enorme sesgo de la prensa que insiste en llamarse independiente. Casi todos los reportajes de lo sucedido ayer, no son sino artículos de opinión con disfraz de noticia. Las entrevistas fueron hechas mayormente a personas que favorecen a Velásquez. Con excepción de Canal Azteca que se esforzó en buscar imparcialidad, los telenoticieros siguieron esa tónica; en la radio, más de lo mismo. Velásquez es como cierto flautista de Hamelin.

Ningún medio señaló lo insólito de una situación donde la disputa ha colocado en el mismo nivel al Presidente de Guatemala ─quien constitucionalmente representa la unidad nacional─ y a un funcionario internacional quien hace menos de cuatro años, al llegar a Guatemala, enfrentaba juicios en su país de origen (Ver http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=897).Ninguno ha reparado en la pérdida de institucionalidad y el aflojamiento, aún mayor, de la confianza en el Estado que esto significa.

Morales tiene culpas, muchas culpas. Gran parte de sus errores como gobernante son inexcusables. Otros son solo distorsiones que la prensa ha hecho sobre asuntos de poca importancia. A fines de 2015 necesitábamos un Hombre de Estado, de un ciudadano ejemplar, brillante, capaz, con auténtico liderazgo… pero lo escogimos a él. Sucedió que la alternativa era votar por la señora Torres que también carece de esos atributos pero se adorna con otros, muy negativos y sucedió que casi 7 de cada diez ciudadanos votamos por Morales.

Seamos serios, la mayoría no lo hicimos por su slogan de “Ni corrupto ni ladrón”. Votamos a Morales porque Sandra nos causaba entre angustia y terror. Como haya sido en cada caso individual, lo cierto es que votamos por Jimmy y ya tenemos edad para entender que no se trataba de ver si funcionaba ¡y si no, lo cambiamos! Si así fuera, ciertamente habríamos cambiado a todos, incluyendo a Arévalo quien vivió una crisis profunda el último año y pico de su gobierno.

Creo, estoy profundamente convencido que debemos llegar hasta 2020 con Morales en la Presidencia. Pienso que debemos ejercer tanta presión como podamos para que su gobierno sea lo mejor que su escasa capacidad ejecutiva pueda ofrecer. En términos populares, habrá que “sacarle todo el jugo”, por poco que tenga. Un cambio a medio camino nos dejaría con Jafeth Cabrera en la presidencia y pocos meses después, quien sabe con quién. Porque los hilos que mueven nuestra actividad política están en manos que no se ven y no todas están en Guatemala.

Lo sucedido ayer con la expulsión de Velásquez, que habrá de ser efectiva en pocos días y no inmediatamente, deja algunos beneficios. El gobernante sabe ahora quiénes son sus enemigos, por lo menos algunos de ellos. En su gabinete la palabra lealtad parece que siempre fue difícil de pronunciar. Tendrá que hacer muchos cambios y podría incurrir en errores semejantes a los que cometió en enero de 2016. Pero queda la esperanza de que algo haya aprendido.

Morales no tiene amigos, pero quizá entendió que la presidencia es un cargo donde priva la soledad. Acaso también logró comprender que quienes le dan la razón, se ríen con sus bromas y aseguran que lo consideran el más culto, sutil, simpático, inteligente, profundo, perspicaz… mienten. No lo es. Al menos no más de lo que era hace dos años. Y esas mentiras, que deben ser comunes en quienes le rodean, sirven diferentes propósitos pero ninguno es noble.
 

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