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Mi Esquina Socrática

¿Un fraude de ley, encima constitucional?
Fecha de Publicación: 10/05/2017
Tema: Constitución
Confieso mi perplejidad.

Después de cuarenta y un años de residir en Guatemala y de pagar en ella puntualmente mis impuestos, sigo sin entender la renuencia de tantos guatemaltecos de tomar las riendas de su futuro con firmeza, exclusivamente en sus manos. Como entre ellos están incluidos mi esposa, mis hijos, y mis nietas, todos nacidos aquí, me pregunto a veces si estaré condenado a la soledad interior a la que, según Gabriel García Márquez, estamos llamados los hijos del Caribe entre mambos y cumbias. Incluso a ratos se me ocurre que debería acudir a Raúl de la Horra para que me psicoanalice…

En las últimas tres décadas he visto sucederse aquí a los grupos extranjeros de Contadora, después de MINUGUA, y ahora de la CICIG, con el aparente beneplácito de muchos chapines, sobre todo por parte de los que se sitúan a la izquierda del espectro ideológico.

¿Qué les pasa a los guatemaltecos de hoy? ¿Habrán perdido la confianza en sí mismos? ¿U olvidado que esta tierra esplendorosa fue la cuna de los mayas tan originales, y posteriormente, tras la Conquista, la del primer Obispo consagrado en suelo americano, el gran Francisco Marroquín, y ulteriormente del más grande poeta latino de Iberoamérica, Rafael Landívar, y del orgullo mestizo sin claudicaciones de un Rafael Carrera, o del empuje autónomo de sus liberales del siglo XIX, o del Presidente de la República de raigambre continental más académico, Juan José Arévalo, o de un premio nobel de literatura Miguel Ángel Asturias, o del patriotismo anónimo de sus patrulleros de autodefensa civil hace algo más de treinta años, o de sus ejemplares artistas gráficos tan creativos, o la de que por tanto tiempo su ciudad capital fuera la de toda Centroamérica, y hoy la más bella y pujante en el inmenso espacio entre el otrora Distrito Federal de Ciudad de México y la moderna área urbanizada de Bogotá y Medellín en Colombia? ¿Una tierra enmarcada por volcanes exóticos al tiempo de una juventud asentada en sus laderas, aunque muchos todavía dormidos a la espera de la voz que les diga “¡Levántate y anda!”? ¿El solar de tantos hombres y mujeres que en estos momentos luchan, sudan, se esfuerzan disciplinadamente, y emprenden con promisorio empuje empresarial, en las huellas del mentor más original de todos aquí y en el resto del mundo, el cien por ciento guatemalteco Manuel Ayau Cordón?...

¿Tanto se han acostumbrado a mirar hacia el Norte americano que ya no se fían de sí mismo ni de su propia estirpe?

Un ejemplo del momento al canto: el segundo párrafo del artículo 4 de la ley del Organismo Judicial establece que “los actos realizados al amparo del texto de una norma que persiga un resultado prohibido por el ordenamiento jurídico, o contrario a él, se consideran ejecutadas en fraude de ley y no impedirán la debida aplicación de la norma que se hubiere tratado de eludir.

Por otra parte, la Constitución Política vigente que le sirve de marco fundamental, y la Asamblea que la aprobó, como todos saben, fue un evento público por casi un entero año y aunó los criterios de ochenta y ocho constituyentes guatemaltecos legítimamente electos y que no menos en público la refrendaron con sus nombres y apellidos el 31 de mayo de 1985.

Ahora el Congreso de la República se halla embarrancado en una discusión de mínimo nivel intelectual sobre una oscura propuesta de reforma constitucional forjada en secreto por solo tres personas, una de ellas de nacionalidad colombiana, y las otras dos sin ninguna facultad de iniciativa de ley, muchísimo menos “constitucional”.

¿No constituye esto un verdadero “fraude de ley”, y peor aún, de ley constitucional?

Es verdad que esos dos extranjerizantes se han valido para ello de unos diputados guatemaltecos que integran las filas del Partido UNE, que por cierto cuando hizo gobierno con Álvaro Colom y su Primera Dama Sandra Torres, se mostró tanto o más corrupto que el de Pérez Molina y Roxana Baldetti, pero al que se le ha ahorrado el asedio inquisitorial de la CICIG para que se rebajaran a constituirse en la herramienta servil de su mayor financista, el Departamento de Estado norteamericano, durante la administración de Barack Obama.

Por eso mismo, el ex Presidente del Congreso, el ucenista Mario Taracena, no tuvo empacho en hasta reconocer que “recibía sus instrucciones en inglés desde la veinte calle de la zona 10.”

A mis tantos amigos juristas me permito preguntarles: ¿no es ése un reconocimiento de traición al juramento con que se hubo de estrenar en el Congreso?

Recuérdese que el artículo 137 de la Constitución declara taxativamente que “El derecho de petición en materia política, corresponde exclusivamente a los guatemaltecos.” ¿Qué hacía, don Iván, entremetido entre las bancas del Congreso para extorsionar a los diputados de hormonas más débiles en favor de esas tan disparatadas reformas constitucionales sugeridas solo por él y elaboradas con sus dos mismos cómplices chapines, como es del conocimiento de todos, y sobre todo si se tiene en cuenta que se ha permitido ilegítimamente convocar reuniones a puertas cerradas con los mismos en hoteles citadinos? ¿Y desde cuándo una Fiscal General y un Procurador de Derechos Humanos tienen iniciativa de ley?...

Ante tanta usurpación de funciones, ¿por qué el Presidente de la República continúa en su habitual mutismo? ¿Por qué la Corte Suprema no nos advierte de las consecuencias legales del uso de 52 “testaferros”–como los ha llamado Jorge Palmieri–, en el Congreso? ¿Por qué la Corte de Constitucionalidad no condena la inutilidad legal de todo ello? ¿Por qué el entero Congreso no se solidariza, siquiera por una vez, con la trayectoria ejemplar durante estas últimas semanas del diputado Linares Beltranena? ¿Y por qué tantos “peladeros” escritos no aluden a tanta ausencia oprobiosa de dignidad colectiva nacional? O, ¿qué dice ahora de todo esto Edgar Gutiérrez, quien como ministro de Relaciones Exteriores del único Presidente de la República extraditado y enviado a prisión en los Estados Unidos, completó los últimos trámites para la instalación en esta tierra de la usurpadora CICIG?

Talvez todo esto no sea más que parte del mismo síndrome de irresponsabilidad que desde el Ministerio de Gobernación toleran las incursiones de las bandas de facinerosos tan crueles con la población rural más pobre e indefensa del país. O de los autoproclamados “defensores de derechos humanos” a sueldo de Oslo, Estocolmo, La Haya, Ottawa, Bruselas, Washington pero NO decentemente pagados en quetzales en Guatemala, Quetzaltenango o Escuintla.

A ellos principalmente se deben tantos atropellos a la justicia por parte de la CICIG, que se suman, obviamente a los de magistrados, jueces y fiscales del patio. Pues se van al exterior, pagados desde allá para hablar mal del país que los vio nacer y substanciar así su traición.

Y ¿qué hacen las autoridades locales? Silencio…

Cosas veredes Sancho. 
 
 
   
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