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A vuelo de pájaro

El oro judío
Fecha de Publicación: 09/05/2017
Tema: Historia

Raza judía, y aún te resta pecho
y voz de miel, para alabar tus lares,
y decir el Cantar de los Cantares
con lengua, y labio, y corazón deshechos.
Gabriela Mistral -Al pueblo hebreo


El despojo fue brutal. Propiedades, obras de arte, joyas únicas, cuentas bancarias, y hasta los propios dientes con incrustaciones de oro les fueron arrancados; todo les fue arrebatado, robado, a los judíos durante la era del terror nazi.

Necesario es aquí – para poder visualizar la magnitud del despojo – citar un fragmento del artículo “El tesoro de los nazi”, tomado de la Historia Universal [
historiaybiografías.com]. el cual es apenas un breve ejemplo, de los bienes judíos robados en un solo campo de concentración, el más cercano a Berlín: Sachsenhausen.


Para emitir un dictamen pericial de estos tesoros cuyos propietarios jamás se atrevían a reclamar nada, los servicios de Himmler llevaron hasta allí a un famoso joyero del Ruhr para que supervisara el trabajo. Para dar una idea de la importancia de este pillaje, antes de establecer las cifras de conjunto, contabilizadas por la ¿Inspección» y sobre las cuales hay los informes más precisos, daremos las que el grupo anotó directamente. De un total de 157 mil detenidos ingresados en Sachsenhausen, y de los 35 mil no matriculados, destinados directamente al crematorio, se han reunido: 54 mil sortijas y alianzas, 52 mil relojes, 22 mil plumas estilográficas de elevado valor, 5.2 miles de gafas, 650 máquinas fotográficas y máquinas de escribir y alrededor de 14 mil joyas, estuches, pitilleras, encendedores Aparte de esto se llegaron a reunir, como fruto de las «recuperaciones», 1 millón de marcos (DM), 58 mil dólares, 27 mil libras esterlinas, 1.6 miles de francos franceses, 30 mil francos suizos, 180 mil zlotys, 1.2 miles de rublos, 50 mil coronas noruegas, 22 mil coronas danesas, 140 mil florines, 320 mil liras y cientos de miles de marcos (DM) en monedas albanesa, griega, sueca, turca, rumana, yugoslava, búlgara, báltica, egipcia, belga, etc. Pero más importante aún para las SS son, aparte las divisas fuertes, las cuarenta y seis mil piezas de oro entre luises, napoleones, dólares, coronas austriacas, francos suizos y florines y casi siete kilogramos de oro en barra que enriquecen este tesoro.

Periódicamente el tema del oro judío, robado por los nazis a sus víctimas durante el Holocausto, vuelve a los medios porque es un asunto aún no resuelto o solo resuelto parcialmente. La cruzada que iniciaron destacadas personalidades en varios países para recuperarlo, y devolverlo a sus legítimos dueños o a sus descendientes, acaparó la atención mundial por un tiempo, y puso de nuevo el tema del antisemitismo en la mira, aunado a un despojo sin precedentes.

Los bancos suizos –cuyo prestigio jamás se había puesto en entredicho– fueron señalados directamente, y acusados de quedarse con dinero que no les pertenece utilizándolo en beneficio propio, por sobrevivientes judíos o sus descendientes, que reclaman sus derechos sobre cuentas bancarias que ascienden a millones de dólares. Hace veinte años, al ser desclasificados los documentos del “Proyecto Safehaven”, estos proporcionaron suficiente evidencia sobre “cuán larga, cercana y lucrativamente, colaboraron los bancos suizos con los nazis” (Time, febrero de 1997). De acuerdo al reportaje publicado en esa misma revista, el “Proyecto Safehaven” fue una operación del Servicio de Inteligencia de Estados Unidos, cuya misión era rastrear el oro sustraído por los nazis, y en general, el producto del inmenso saqueo que había sido sacado de contrabando fuera del Tercer Reich. En esa época, las casi dos toneladas de documentos del “Safehaven” atrajeron la atención del rabino Israel Singer, antiguo profesor de Ciencia Política, quien obtuvo la aprobación de su jefe del Congreso Mundial Judío, para iniciar una investigación de las cuentas en Suiza. Pero ese es solo un hilo de una enredada madeja, que pareciera no tener fin.

Mientras tanto, la Comisión Tripartita del Oro, conformada por Inglaterra, Francia y Estados Unidos solicitó a diez naciones abandonar sus reclamos sobre el oro robado, para que sirviera para recompensar a las víctimas del Holocausto. Esta Comisión, establecida después de la guerra, ha sido responsable de devolver durante el último medio siglo más de 300 toneladas de oro a los siguientes países cuyas riquezas fueron saqueadas por los nazis: Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Polonia, Checoeslovaquia, Grecia, Austria, Albania, la antigua Yugoeslavia e Italia. Aún quedan toneladas de oro, valoradas en millones de dólares que deberían ser distribuidas entre esos países, pero continúa la discusión sobre si se les devuelve o se establece un fondo para compensar a las víctimas.

Mucho papel y tinta se ha gastado en este asunto que ha sacado a relucir actuaciones verdaderamente mezquinas, en las cuales la ambición ha predominado vergonzosamente sobre la ética. Pero al mismo tiempo, también esta historia vuelve a evidenciar el indomable espíritu judío, su tenacidad, su fe, y su paciencia. Los sobrevivientes del Holocausto, ahora ya muy ancianos (otros ya murieron), han tenido que esperar durante décadas para reclamar lo que en justicia les pertenece. Estas personas cuentan con el irrestricto apoyo de otros judíos, líderes como Edgar Bronfman, heredero de la compañía de licores Seagram, adalid de la campaña para que la antigua Unión soviética permitiera que los judíos rusos pudieran emigrar, y quien en los últimos veinte años del siglo pasado ha dedicado su tiempo y su formidable energía al Congreso Mundial Judío.

Los banqueros suizos por su parte aseguran tener toda la intención de restituir el oro a quien pertenece. Hace algún tiempo, Thomas Borer, del Ministerio de Relaciones Exteriores suizo, afirmó lo siguiente: “No se debe juzgar a mi país por lo que sucedió hace cincuenta años sino por lo que hace en estos momentos”. Una de estas acciones de buena voluntad, fue el acuerdo de suspender el secreto bancario durante cinco años, emitido por el Parlamento Suizo. Pero lo cierto es que mientras todo este asunto se desembrolla, uno no puede dejar de asombrarse tristemente ante el abismo de la maldad humana, que llevó al ejército nazi a acorralar a millones de judíos, enviarlos a los ghettos y a los campos de exterminio, y despojarlos de propiedades comunales y privadas, de sinagogas y casas de oración. Tenían que robar hasta sus alianzas matrimoniales y el oro de sus dientes, al fin y al cabo, en los dominios de la muerte no les serían necesarios.

Esta es una historia que no ha terminado. Muchos secretos oscuros permanecen en arcas y sótanos, ocultos en forma de lingotes de oro ensangrentado con sangre inocente, maldito para siempre.

Hoy, la milenaria tierra de Israel es fuerte, vital, fértil, cuidada por el amor de su pueblo, aunque la Historia – escrita por el hombre – nos diga que este 14 de mayo apenas cumple 69 años de existir como Estado.
 
 
   
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