ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Teorema

El tiranicidio
Fecha de Publicación: 05/05/2017
Tema: Soberanía

“En cuanto a las pirámides de Gizeh, Egipto, no hay nada por lo cual asombrarse tanto como que muchos hombres fueran obligados a gastar sus vidas en construir la tumba de un bobo ambicioso. Habría sido más sabio y viril ahogarlo en el Nilo, y arrojar luego su cuerpo a los perros.” –Henry D. Thoreauen su obra Walden (1854)

La prensa televisada internacional nos ha puesto en contacto, de manera dura, directa, sangrienta, con las escenas de terror que acontecen a diario en Venezuela. El sufrimiento, la escasez de medicamentos, de información, de alimentos, de todo, nos ha estremecido.

Hemos visto cómo, el hambre ha convertido a algunos ciudadanos en delincuentes, mientras a otros les ha robado su dignidad. Unos dedicados al pillaje, otros recogiendo alimentos entre la basura. Son escenas increíbles de una población que siempre había disfrutado riqueza y bienestar. El hambre, la desesperación y quizá más el testimonio de los ciudadanos nos ha hecho sentir su dolor como si fuera propio. Supongo que en todos los países, pero quizá aún más en los de Latinoamérica esas escenas han estremecido a sus pueblos.

Más de 35 personas han muerto, 717 están bajo arresto y un número aún mayor sufre heridas causadas por la tropa gubernamental. Me temo que tantos otros, o quizá aún más, habrán de morir, mientras metido dentro de un chaquetón que esconde su chaleco antibalas, un Nicolás Maduro desesperado se aferra al poder. La agonía del régimen del presidente venezolano frente a un desenlace inminente le hace cometer uno tras otro desacierto. La presión, cada vez mayor, ha hecho que sus decisiones sean erráticas y progresivamente más peligrosas. Pareciera que ahora trata de ganar días, uno por uno, a un costo cada vez más alto.

En una de sus acciones más atroces, Maduro aseguró haber ordenado al Ministro de la Defensa "expandir la Milicia Nacional Bolivariana a 500 mil milicianos". Agregó que garantizaba "un fusil para cada miliciano". Además de insensato, es criminal armar a “colectivos civiles” para reprimir las protestas de otros ciudadanos y soliviantar los ánimos de unos en contra de otros.

Si lo que quería era asustar, no le funcionó. Al día siguiente los venezolanos magnificaron sus pacíficas manifestaciones de protesta. Sus discursos fueron más encendidos, su ardor patrio había crecido hasta el límite de ofrendar la vida. En la muerte de cada venezolano, además del responsable por disparar, hay responsabilidad de Maduro por haberlo armado e incitarlo a matar.

Se define como tirano a aquel gobernante dispuesto, entre otras acciones, a dar muerte a sus gobernados con tal de conservar el poder. Pretende el tirano, que no solo su vida sino también el régimen que dirige son más valiosos que la vida de los ciudadanos. Posiblemente, la psique del tirano no ha cambiado a través de los siglos y los de hoy son semejantes a los de siglos atrás, pero su número, afortunadamente, es menor. Lo negativo es que al reducirse ellos, los fundamentos éticos de la sociedad son hoy más relajados que antes.

Hoy día, el poder del Estado no es puesto en duda. Si se sometiera a consideración la necesidad de deshacerse de un tirano que ha exterminado y torturado a miles de ciudadanos, seguramente los defensores de los derechos humanos de los déspotas argumentarían en contra; señalarían tal reacción como ilegal y políticamente incorrecta. Desde luego que estos pseudohumanistas no sabrían qué responder si se les pide elegir entre la vida del tirano y la de muchos ciudadanos que este hará morir. Son incapaces de comprender que no se trata de elegir entre el bien y el mal sino entre dos males y que la decisión ética y moral habrá de favorecer el mal menor, una vida o ciento de ellas y que vacilar o retrasar la decisión, equivale a asumir complicidad por la muerte de las nuevas víctimas.

En 1599 Juan de Mariana publicó De rege et regis institutione ––Sobre el rey y la institución real. Mariana argumenta, sobre bases éticas, que está justificado que cualquier ciudadano asesine al que tiranice a la sociedad civil. Considera actos de tiranía, además del asesinato de ciudadanos, establecer impuestos sin el consentimiento del pueblo; evitar que el pueblo se represente por medio de elecciones libres en un parlamento o Congreso Nacional; confiscar la propiedad privada o crear policías secretas para evitar la libre expresión.

En la época que le tocó vivir a Mariana, un gobernante (sin importar si su mandato provenía de sucesión, elección o de las armas) si perseguía, torturaba o asesinaba a sus adversarios, sabía que estaba expuesto al tiranicidio. No había espacio para la duda: para los pueblos era legítimo y moralmente válido disponer del tirano que les esclavizaba, que les robaba o que los mataba. Si Mariana revisara hoy la historia reciente de la humanidad, seguramente calificaría como tirano a Hitler, Stalin, Idi Amin, Pol Pot o Mao, responsables por la muerte de miles, entre muchos otros. ¿Incluiría dentro de ellos a Nicolás Maduro?

Cualquiera de nosotros puede generar conmoción al someter a discusión la eliminación de una persona. Aún más si se trata de un presidente, dirigente o dictador totalitario o criminal. La ley y la opinión pública seguramente lo acusaría de criminal por “incitar a un magnicidio”. Pero magnicidio no es lo mismo que tiranicidio (asesinato de un gobernante convertido en tirano). El tiranicidio está basado en sólidos principios morales desarrollados durante el Siglo de Oro Español por los monjes escolásticos que enseñaban ética y teología en la Universidad de Salamanca. En Wikipedia [https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_de_Mariana] así como en Autoanarquistas [http://austroanarquistas.com/?p=3491] se discute el tema y la obra de Mariana. De allí traslado lo siguiente.

El padre jesuita Juan de Mariana, en su obra De rege et regis institutione, considera el tiranicidio como un derecho natural de las personas. Cualquier ciudadano –explicaba– puede con justicia asesinar a aquel rey que se convierta en tirano por imponer impuestos a los ciudadanos sin su consentimiento, expropiarles injustamente su propiedad o impedir que se reúna un parlamento democrático. Su doctrina fue utilizada para justificar el asesinato de los reyes tiranos franceses Enrique III y Enrique IV.

No sorprende que el libro de Mariana fuera quemado en París por orden del gobierno. Los monarcas españoles tampoco estaban muy complacidos con la doctrina del tiranicidio, pero no prohibieron el libro porque estaba escrito en latín, lo que dificultaba la popularización de sus radicales ideas. El tirano que “sustrae la propiedad de los particulares y la saquea…”, como lo describía Mariana, no era muy diferente a los dictadores y caudillos de hoy. Los tiranos –dice– intentan perjudicar y arruinar a todos, pero dirigen sus ataques en especial contra los hombres ricos y justos.

El padre Mariana afirma que en ningún caso puede el gobernante considerarse propietario de los bienes de los ciudadanos. No puede por ende imponer impuestos a los ciudadanos sin el acuerdo de los mismos, ni puede crear monopolios estatales, dado que estos, imponen cargas tributarias ocultas. Tampoco puede devaluar la moneda (reduciendo el contenido de oro o plata de las mismas), lo que inevitablemente conduce al aumento de los precios. El tirano –decía– es el que “todo lo atropella y todo lo tiene por suyo”, en cambio, el rey justo restringe sus codicias dentro de la razón y la justicia.

En la misma tradición de los escolásticos, el filósofo inglés John Locke (1632-1704), en base al derecho natural desarrolló su teoría política sobre el origen de la legitimidad de los gobiernos, la propiedad y sobre todo, el derecho de resistencia a una autoridad injusta, y en última instancia, el derecho a hacer una revolución. El criminal –dice– al violar la ley de la naturaleza, muestra que se guía por reglas diferentes a la razón y la equidad, que Dios estableció para regular la acción humana.

Afortunadamente para nosotros, el presidente Morales está lejos de ser o de convertirse en un tirano. La población señala sus desaciertos, hace bromas y se burla de él en cada uno de sus muchos tropezones. Pero no teme que el régimen pueda amenazar su vida, al menos no directamente. Nos podemos quejar mucho de él, pero habremos de reconocer que ya quisieran los venezolanos amanecer mañana con una réplica de Jimmy Morales en el poder en vez de su siniestro presidente.


Muchas gracias a quienes reenvían los artículos de Pi o los distribuyen por las redes sociales. Si usted no lo hace, por favor considere unirse a ellos. En Facebook puede usar (https://www.facebook.com/notes/fernando-garc%C3%ADa/teorema-el-tiranicidio/10212891155658809/). Si desea hacer un comentario, este será bienvenido enPi.Teorema@Gmail.com