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Teorema

¿El campeón de los Derechos Humanos?
Fecha de Publicación: 24/04/2017
Tema: Justicia


El 4 de agosto de 1982, William Knepper leía por última vez, antes de entregarlo, el informe que recién había concluido para Melvyn Levintsky, Subsecretario de Estado. Se sentía orgulloso por lo meticuloso de su trabajo. Una secretaria lo había mecanografiado utilizado papelería impresa del Departamento de Estado.

En la esquina superior izquierda de la página, ella había escrito, la palabra “Secreto”. Esto indicaba que su reporte sería leído por pocas personas y después archivado. Lo que entonces ignoraba era que terminaría formando parte de la categoría de documentos clasificados que requieren complejos permisos especiales para ser consultados.

Knepper recién había regresado de Guatemala adonde había ido a buscar una respuesta incontrovertible, categórica, minuciosa, rigurosa… a la pregunta: ¿Qué demonios está pasando allí? como con crudeza posiblemente la había formulado Levinsky. Había escrito un reporte sobre los Derechos Humanos en Guatemala, siendo tan cuidadoso en la investigación como al redactarlo. Consiguió resumirlo en solo tres páginas y medio de texto seguidos por un cuadro estadístico que registra, mes por mes, las muertes por razones políticas y militares ocurridas entre enero y junio de 1982.

Finalizó su trabajo con un resumen de las violaciones a los Derechos Humanos en esas fechas. Allí consigna que en mayo 12, la guerrilla masacró a 20 civiles en el norte de Alta Verapaz; en mayo 19, la guerrilla masacró a 14 personas en Patzul; a fines de mayo, la guerrilla masacró a 150 personas en Alta Verapaz; el 15 de junio la guerrilla masacró a entre 112 y 120 campesinos en la aldea El Chacalte; el 17 de julio la guerrilla masacró a 42 civiles en la aldea Pajumay en Chimaltenango; el primero de agosto hubo enfrentamientos entre la guerrilla y el Ejército Nacional en diferentes zonas del país, terminando con la vida de 61 guerrilleros, sin un reporte de bajas entre los militares.

Las fuentes de datos de su trabajo fueron recortes de la prensa local, datos internos de su embajada, entrevistas a
PAC’s, campesinos y otros civiles; aclaró que solo incluía muertes resultantes de enfrentamientos entre el Ejército Nacional y la guerrilla, dejando por fuera las emboscadas.

El primer párrafo resume su trabajo en dos puntos, que me impactaron. Primero: “las violaciones a los Derechos Humanos por parte de las fuerzas de seguridad del gobierno han disminuido sustancialmente, en los últimos cuatro meses (los posteriores al golpe de Estado del 23 de marzo de 1982), particularmente en las ciudades”. Segundo, “la matanza de civiles por parte de las fuerzas insurgentes (en el mismo período), han alcanzado niveles sin precedente”.

Más adelante refiere que “la mejora en los Derechos Humanos debe acreditarse al Presidente, José Efraín Ríos Montt, a quien se le pidió dirigir la Junta Militar después del golpe de Estado consumado por militares jóvenes. Esta designación, escribe Knepper, se debió a la buena reputación de Ríos Montt dentro del ejército, donde es considerado un hombre honesto.

Posteriormente cita los cambios que Ríos Montt realizó para conseguir esos resultados. Destaca que hubiera disuelto los escuadrones de la muerte, los escuadrones del cuerpo de detectives y más tarde, la policía judicial. Afirma que esto tuvo como consecuencia que el número de muertes atribuidas al Gobierno se redujera a la mitad un mes después del golpe de Estado y aún más durante junio, tres meses después.

Entonces, la población de Guatemala era de unos siete millones de personas ─prosigue Knepper─ de los cuales la mitad son indígenas concentrados principalmente en el Occidente del país, zona donde opera el EGP. Durante diez años esa facción guerrillera había estado persuadiendo a los indígenas que el Gobierno se proponía exterminarlos. Con esa estrategia, el EGP buscaba conseguir su apoyo, como base para el eventual control de un gobierno dirigido por ellos.

Ríos Montt defendió ese flanco con discursos de exaltación al indígena y una serie de políticas de apoyo a sus comunidades (yo agregaría que la idea de la “guatemalidad” formaba parte de esa estrategia). Una parte importante, y riesgosa desde el punto de vista militar, fue la estrategia de armar a los indígenas creando las PAC. Los guerrilleros pensaban que al armarlos se levantarían contra el gobierno, pero sucedió lo contrario, utilizaron las armas para impedir que los guerrilleros ingresaran a sus aldeas.

Continúa Knepper: “Para intimidarlos y evitar que se integraran a las PAC, los insurgentes lanzaron feroces ataques contra los miembros de las PAC y sus familias. En la aldea Chacalte, el 15 de junio, la guerrilla masacró a más de cien indefensos campesinos. Y concluye afirmando “Antes del 23 de marzo, los escuadrones de la muerte de derecha, escuadrones del cuerpo de detectives, la policía judicial y los militares fueron responsables por la mayoría de muertes. En contraste, nuestra embajada ahora estima que el número de civiles asesinados por la izquierda subió de 33 en el primer trimestre de 1982 a 358 en el segundo trimestre, un incremento de 1,000%”. (¡Un mil por ciento!).

Recibí copia del documento referido, de una persona que merece toda mi confianza. Sin embargo, su contenido no dejó de sorprenderme: Ríos Montt resultaba ser un gran campeón de los Derechos Humanos, totalmente en contra de los cargos que le imputaran a principios de 2013 y que incluían hasta una ridícula denuncia de genocidio. Acusaciones por las que, hasta la fecha, no le dejan morir en paz. Además, serían precisamente los autores de las masacres y sus descendientes quienes ahora lo inculpan.

Y si es así, ¿en qué situación queda Claudia Paz y Paz fiscal galardona por la izquierda internacional y por el mismo Departamento de Estado? ¿No se vuelve risible el papel del embajador Chacón quien estuvo presente en todas las audiencias representando a las señoras Clinton y Obama? Y qué decir de la desprestigiada
CICIG de Dall’Anesse ¿más fango sobre el mismo pantano? El poco prestigio que pueda quedar a la terrible juez Iris Jazmín (o Yazmín) Barrios y sus jueces vocales Patricia Bustamante, y Pablo Xitumul ¿no se termina de destruir? ¿Cómo juzgar a los embajadores, las embajadas e incluso las cancillerías de los países que participaron en esa infamia? ¿Cómo quedan Suecia, Noruega, Holanda, España, Canadá y Estados Unidos entre otros?

Me pareció que el documento de 1982 era demasiado grave para esos actores. Que Ríos Montt merecía ser exaltado como héroe nacional y sus detractores castigados moralmente con el desprecio ciudadano e incluso judicialmente. Pero también cabía la posibilidad de que se tratara de un montaje. Que quien me lo envió podría ser una víctima inocente que solo lo había reenviado.

Así que me dediqué a buscarlo por la Internet pero no tuve éxito. Antes de darme por vencido, le pedí a Augusto (Tuto) de León Fajardo minucioso historiador y experto en búsquedas por la red que me ayudara a localizar el original, si existía. Tuto ya me había demostrado saber buscar mejor que yo en ocasiones anteriores. Aceptó generosamente hacerlo y poco después lo encontró en el archivo de la Universidad de Georgetown (está en inglés). Este es el enlace: http://nsarchive.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB419/docs/V.11.%20U.S.%20Department%20of%20State,%20Secret%20INR%20Report,%20Human%20Rights%20in%20Guatemala,%20August%204,1982.pdf.

Además, Tuto proveyó los siguientes datos sobre William E. Knepper: Trabajó 32 años en el Servicio Exterior de USA, como experto en economía latinoamericana. Entre 1978 y 1983 formó parte del Bureau de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado. Cargo que dejó en calidad de Subsecretario de Estado adjunto. Obtuvo una licenciatura en Economía en la Universidad de Kansas y una Maestría también en Economía por la Universidad de Harvard. Completó todos los requisitos, excepto la disertación final para el doctorado en Economía en la Universidad de Harvard. Padeciendo la enfermedad de Parkinson, falleció en Oakland California a la edad de 75 años. Cuatro meses después del reporte, el 4 diciembre de 1982, Ríos Montt se reunía con Ronald Reagan en la base aérea de Palmerola, Honduras.