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Teorema

El Comisionado
Fecha de Publicación: 04/04/2017
Tema: Política
Martha Soto, periodista colombiana y autora de por lo menos otros tres libros, publicó a mediados del año pasado su obra “Velásquez, el retador del poder”. El libro de Soto es de carácter local. Para el lector que desconoce la historia política y los incidentes del narcotráfico en Colombia, resulta arduo de leer. La periodista se sitúa en un plano comprometido con Velásquez a quien parece admirar profundamente. Desde el título de la obra hasta la foto de la portada, todo su contenido está dirigido a describir a un héroe mitológico. De ese libro he tomado los datos que adelante expongo, aunque con un sentido distinto al que le dio la autora.

En 2013, antes de ser contactado para venir a Guatemala, Iván Velásquez pasaba por un mal momento en su natal Colombia. En 2007 se aseguró que buscaba generar una crisis institucional en gran escala “similar a la presentada durante el gobierno del presidente Samper”. Enfrentaba cargos judiciales por presiones y manipulación a testigos; fotocopiado de expedientes confidenciales sin autorización; violaciones a la garantía del debido proceso; se le acusaba de haber introducido anónimos dentro de los expedientes, haber filtrado piezas procesales así como por el montaje de casos judiciales. Se le imputaba también, haber intentado emborrachar a un testigo para obtener información y de edificar casos a espaldas de los implicados.

Ante esas acusaciones había dimitido al cargo de magistrado Auxiliar de la Corte Suprema de Justicia (nunca consiguió ser magistrado titular). Presentó su renuncia el 27 de agosto de 2012, esta fue aceptada y hecha efectiva un mes después. Tenía muchos enemigos y había perdido la protección especial del Estado. Estimo que los ahorros ya habrían empezado a flaquear después de cerca de un año de estar desempleado del Organismo Judicial, que lo había cobijado desde septiembre de 1991. Había intentado el ejercicio profesional en el bufete de un amigo suyo quien le tendió la mano. Pero sabía que su experiencia como abogado era precaria. Su práctica profesional era como investigador pero, excepto en Hollywood, los investigadores privados son mal vistos y peor remunerados.

Velásquez fue exonerado de los cargos que le imputaban el 18 de noviembre de 2015, seis semanas después de la renuncia de Otto Pérez y su inmediato traslado a prisión. Esta y otras acciones previas suyas lo habían cubierto de gloria en su país. Para la justicia colombiana debía resultar incómodo mantener un proceso abierto en contra de quien estaba haciendo un magnífico papel en Guatemala. Además, la posibilidad siempre latente de un veredicto de culpabilidad, era un riesgo que el Estado colombiano no querría correr.

En Colombia, Velásquez había desarrollado importantes conexiones con dependencias del gobierno norteamericano: El Departamento de Estado, funcionarios de USAID y contactos con James Faulkner, Agregado Judicial del Departamento de Justicia de la Embajada de USA en Colombia, ente ellos. Esos contactos le sirvieron más de una vez; de ellos recibió apoyo para librarse de acusaciones en su contra. Quizá también llegó de Estados Unidos el respaldo para que la ONU lo convirtiera en el Comisionado a cargo de la CICIG.

Desde su creación en diciembre de 2006 la CICIG había intervenido en el caso de Pavón; la demanda contra Portillo; el asesinato de tres diputados salvadoreños; el juicio a Alfonso Vivar, exalcalde de Antigua; el caso Rosemberg; el de Blanco Lapola, exdirectora de la PNC y el de venta de pasaportes a inmigrantes ilegales. En seis años de operaciones y después de erogaciones millonarias, eso era todo.

Además, el único caso que la ONU podía considerar exitoso era el de Vivar, quien había sido sometido a juicio consiguiendo que dos de sus secuaces recibieran condena, lo que mejoraba las esperanzas de una sentencia similar para el exalcalde. Los demás casos tenían grandes vacíos; había evidencia contundente de testigos falsos en el caso Pavón; el de los diputados salvadoreños nunca quedó claro; la culpabilidad de Blanco Lapola no fue demostrada fehacientemente y con Rosemberg la misma CICIG fue inculpada de proteger a Colom, su esposa y otros funcionarios. Total, demasiada CICIG, mucho ruido, excesiva pompa y gastos enormes para tan miserable ejecutoria.

Esa era la desdichada situación de la CICIG cuando el primero de octubre de 2013, Iván Velásquez asumió en calidad de Comisionado. Llegó con una mano adelante y la otra sujetando un contrato con condiciones que nunca habría soñado tener.

La desconfianza de la población y sus autoridades hacia las acciones de esa Comisión era tremenda. Su antecesor, Francisco Dall’Anesse había demostrado ser tan marrullero, taimado, pícaro, aprovechado, artero… como antes lo había sido Castresana. Aunque el español era más astuto y poseía condiciones histriónicas superiores a las de su colega tico, quien en comparación se veía torpe, como retardado. Era evidente que al escogerlos, la ONU había hecho una mala selección. Pero un nuevo fracaso de la ONU era como una mancha más a un dálmata.

El mismo Comisionado declara a Martha Soto: La CICIG iba en declive y las relaciones con la sociedad civil no estaban en su mejor momento. Me dijeron que yo iba a su cierre definitivo y a culminar la transferencia de capacidades hasta el 3 de septiembre de 2015. Obviamente, la intención de la ONU, era dar una buena maquilada a la CICIG para después enterrarla con una dulce sonrisa. El tanatoestecista (el que maquilla a los muertos) sería Velásquez.

Los primeros meses en Guatemala, el Comisionado se reunió con indígenas y campesinos magistrados y jueces. Declara Velásquez: Mis primeras reuniones fueron con los presidentes de la República, del Congreso, de la CSJ, y de la CC como un acto de reconocimiento a las autoridades nacionales. Seguramente, mientras conversaba con ellos, ya los visualizaba en prisión.

De esa interacción, debió llegar a una obvia y no muy sutil conclusión: en la población privaba la idea (sigue siendo así) que los funcionarios públicos están allí para enriquecerse. Que el robo, el hurto, el chantaje, la mordida, la venta de favores y el contrabando son, entre otros, los medios empleados para ese fin. Que entre más alto el cargo, más grande la tajada. Que el Congreso es una cueva de ladrones y que todos los jueces son corruptos. Que los grandes “negocios” están en el Ejecutivo y que el Presidente y la Vicepresidente eran los reyes de la corrupción. También comprendió, como ningún diputado ha conseguido hacerlo, que había máximo hartazgo y resentimiento en la población. Cualquier acción en contra de quienes cobran del Estado, le haría merecedor del aplauso del pueblo.

El fino olfato del Comisionado debió indicarle que debía repetir, y superar, lo actuado en Colombia donde se acredita haber encarcelado a 60 congresistas, incluido Mario Uribe, primo del presidente, donde también intentó someter a juicio al mismo Uribe.

En Guatemala debía repetir la receta apresando a funcionarios, diputados, jueces, magistrados, al Presidente y la Vicepresidente. Estos ofrecían un blanco fácil, demasiado fácil. No era necesario cavar mucho, bastaba hendir la uña. ¡Era hora de circo!

Año y medio después, a mediados de abril de 2015, el Comisionado presentó cargos contra Juan Carlos Monzón acusándolo de liderar una organización criminal dedicada al contrabando y defraudación. Monzón acompañaba a Baldetti en Corea del Sur y desde ese país se fugó. Allí empezó todo. Días después Roxana Baldetti regresó a Guatemala ofreciendo declaraciones confusas que evidenciaron ante la población que ocultaba mucho. El 25 de abril, en la primera manifestación pública en la plaza central se exigía la renuncia de la Vicepresidente.

Un año después, el Comisionado había adquirido un respaldo popular enorme, el que le permitió alcanzar un poder político dentro de Guatemala, superior a cualquiera con el que pueda compararse en los últimos cincuenta años

¿Cómo es que hoy, un año más tarde, ha perdido gran parte de ese poderío y su actuación ha empezado a ser duramente criticada? Se trata de una campaña de desprestigio, responde él ¿Pero es verdaderamente así o fueron graves errores por él cometidos los causantes de tal pérdida de credibilidad? Trataré de responder a ese cuestionamiento más adelante.

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