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Teorema

El último golpe de Estado
Fecha de Publicación: 23/03/2017
Tema: Política


El editorial del diario Prensa Libre de esta mañana (jueves 23 de marzo), titulado La huella de los generales (http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/la-huella-de-los-generales) me motivó, de manera negativa, a escribir este artículo. Su autor, escribió: …para quienes tienen menos de cuarenta años, las rebeliones militares para deponer a un gobernante son un asunto prácticamente desconocido, propio de libros de historia pero que no figura entre sus vivencias, por lo cual no pueden dimensionar el alcance y las implicaciones de una asonada.

Me pregunto cuál será la edad de quien escribió ese editorial porque encuentro que su versión no solo es en extremo simplificada sino contiene serias omisiones. Tal vez no sea cosa de edad sino de sesgo político. Como sea, creo que a ese editorial le hace falta precisamente “dimensionar el alcance y las implicaciones” de aquel acontecimiento. Aquí intentaré, al menos en parte, subsanar las carencias que allá me parecieron evidentes.

El 23 de marzo de 1983 significó el inicio del final de la guerrilla en Guatemala. Hasta entonces, habíamos vivido 20 años de terror. Ponga usted juntos los sucesos de este mes, iniciados con la fuga y posterior tragedia en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción; la rebelión de los recluidos en Etapa II; el asesinato de cuatro monitores; el asesinato de tres policías; el asalto a nueve instalaciones policiales; las amenazas de los pandilleros que buscan poner de rodillas al gobierno y destruir el Estado; los jóvenes delincuentes que se filman con armas de grueso calibre y que temerariamente una juez deja en libertad; las amenazas del Smurf… Bueno, el panorama político y de seguridad ciudadana de esta mañana es parecido el clima de terror que se vivía en 1982; pero no le antecedían 20 días de zozobra sino 20 años de asesinatos, secuestros, destrucción de la propiedad pública y privada, violación de mujeres, incendio de fincas, viviendas, maquinaria...

El gobierno de Ríos creó las Patrullas de Autodefensa Civil y el programa Fusiles y frijoles. Con esas armas principales combatió con éxito a la guerrilla. En pocos meses, el ambiente de pavor había desaparecido. Se recuperó la integralidad del Estado guatemalteco reincorporando los territorios en poder de los subversivos. Militarmente la guerrilla quedó reducida a menos de mil hombres diseminados entre las montañas del país, sin mayor fuerza ofensiva. Otros se fueron a México desde donde organizaron una ofensiva diplomática, que a la postre fue exitosa. Más tarde los dirigentes terroristas y después sus descendientes, progresivamente han venido ocupando importantes posiciones dentro del Estado. Por su parte, el Ejército Nacional ha quedado, paulatinamente reducido a tareas que no corresponden a su dignidad institucional.

Simultáneamente, hace 35 años Ríos encarceló a muchos funcionarios del gobiernos de Lucas (algunos se fugaron) acusándolos de corrupción. Sucedió algo muy parecido a lo acontecido entre 2015 y 2016 solo que entonces no se hizo el show mediático del MP y la CICIG. En vez de los largos y costosos procedimientos actuales, hubo juicios sumarios que terminaron en fallos de inocencia o culpabilidad pocos meses después. En casos penales de máxima gravedad, hubo condenas; algunas recibieron sentencias tan severas como la pena máxima… condenas que fueron ejecutadas.

Ríos puso orden en las finanzas del Estado reformando un sistema tributario obsoleto. Tal transformación no buscó aumentar los ingresos fiscales, de hecho, estos se redujeron durante los dos años siguientes. La recaudación pasó de Q. 651.8 millones en 1981 a Q. 626.2 en 1982 y a Q. 573 millones en 1983.

Cuando el Papa visitó nuestro país, pidió el perdón para los condenados a muerte. El Jefe de Gobierno desestimó esa petición. Aquel desaire al Sumo Pontífice del catolicismo ofendió a los católicos. Pero al mismo tiempo, se fortalecía la condición Guatemala como Estado soberano.

Ciertamente, como apunta el editorial de Prensa Libre, los días domingo Ríos daba un sermón religioso que se difundía por radio y TV en cadena nacional. Pero también cierto es –y esto lo omite el matutino de mayor antigüedad en el país– que a pesar de que nunca hubo obligación alguna de ver u oír la admonición del Jefe de Estado, la inmensa mayoría estábamos pendientes de él, aunque solo fuera para comentarlo al día siguiente. Costumbre muy guatemalteca esa de criticar al que hace...

Hasta donde recuerdo, nunca hubo señalamiento alguno de que Ríos haya tomado dinero del Estado para su personal beneficio. Se dice que las dos condiciones más difíciles de ocultar son la estupidez y la riqueza. Aunque a su familia nunca le hizo falta nada, no se puede decir que haya habido riqueza. De hecho, ahora languidece en la misma colonia militar, en la misma casa que tenía antes de 1982. Alguna vez, alguien mencionó que había hecho asfaltar el camino que comunica a una población poco importante con la carretera principal y que este pasa muy cerca de una propiedad suya. Siempre pensé que –si aquello era cierto— los pobladores de ese paraje habrían acudido a pedírselo con mayor entusiasmo y perseverancia que los de otras poblaciones con igual necesidad.

Personalmente celebro que haya sucedido aquel 23 de marzo de 1982 y que el movimiento que iniciaron oficiales jóvenes esa mañana haya tenido éxito. Eso, aunque solo 16 meses después los generales hayan retomado el poder y se hayan beneficiado con el prestigio que generó la transformación dirigida por Ríos Montt. Lo que sucedió después con Mejía, con Cerezo, con el mismo Ríos y con otros, es parte de esa historia nuestra tan llena de páginas oscuras.


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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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