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Teorema

La demanda de CODECA
Fecha de Publicación: 12/03/2017
Tema: Presidencia
Para mí, lo más insólito de la manifestación del pasado martes 7 promovida por el Comité de Desarrollo Campesino –CODECA–, fue su inmediata contra manifestación. Plantada frente a las puertas del que fuera Palacio Nacional una señora, sola, íngrima, portaba un cartel cuyo significado entendí como: “Presidente Morales: usted se propuso para el cargo y nosotros, los ciudadanos, por las razones que haya sido, lo elegimos. Ahora, usted se aguanta y nosotros lo aguantamos. Que no se le ocurra renunciar, la Constitución y nuestro precario Estado de Derecho, están de por medio.”

Karen Edda Ness, ciudadana guatemalteca, era quien portaba aquel cartel. Ella hizo lo que muchos otros quienes pensamos de manera similar no fuimos capaces de hacer. Sucede que la mayoría de guatemaltecos no hacemos sino observar, señalar, criticar… Después, cuando sucede algo grave actuamos como dama de alcurnia bajo grave ofensa.

Algunos entendidos en el tema de estimar las multitudes calculan que hubo seis mil manifestantes; otros piensan que esa cifra se elevó a diez mil. Fueron suficientes para crear un caos vehicular de grandes proporciones, pero este no llegó a suceder porque muchas personas permanecieron en sus casas. Se encerraron, como si fueran criminales, ante el terror a los manifestantes y lo que pudiera suceder.

El presidente Morales triunfó en las elecciones con 2.39 millones de votos. Muchos de esos votos no fueron por él sino contra de su oponente, la exesposa de Álvaro Colom. Hoy, muchos electores suyos se manifiestan defraudados ante su actuación como Presidente de la República. La prensa nacional, que le fue adversa desde el principio, se ha encargado de magnificar sus no pocos errores y devaluar sus escasos méritos hasta hacerlos invisibles.

Aun así, la petición de diez mil simpatizantes de ese comité de campesinos es absurda frente a más de dos millones de ciudadanos que lo eligieron. A eso se agrega la sospecha razonable de que muchos participantes lo hayan hecho, no por convicción política sino por una paga que los convertiría en seres miserables. Ser pobre es una condición humana; venderse es una categoría despreciable, solo superada en su ignominia por quien les pagó. Es el viejo dilema de la prostituta y quien la prostituyó.

Además, sobre esa organización pesa el antecedente de robos de energía eléctrica y posterior lucro con la venta de lo robado. Las demandas penales presentadas ante el Ministerio Público por Energuate, la parte asaltada, parecen haber sido dolosamente desestimadas.

Como si el desamparo de la justicia fuera poco, el pueblo está harto de hechos que limiten su libertad para transportarse de un sitio a otro. Hay tanta aversión al abuso de esas organizaciones como hartazgo ante la ausencia de un gobierno que haga cumplir la ley. Algunas personas encuentran tan intolerables las manifestaciones, huelgas, bloqueos y muestras de “poder”, como la corrupción misma dentro del Estado. De allí que los comentarios del público, tanto por la prensa escrita, radiada y televisada, como en los mensajes por las redes sociales, condenaran severamente la manifestación de CODECA.

La ejecutoria del gobierno podría parecer indefendible a muchos. Empero, la petición de los manifestantes es inadmisible por cuanto es contraria a nuestra Constitución.
Sin embargo, supongamos que en mal momento el presidente Morales decidiera obedecerles y renunciara ¿qué sucedería entonces? No hay mucho que discutir porque ya sucedió en 2015 con la renuncia del presidente Pérez: El Vicepresidente asumiría la presidencia y nombraría una terna de la cual el Congreso escogería un nuevo Vicepresidente.

De Morales, con algo de razón, se puede decir muchas cosas: que es timorato, pusilánime, que no sabe qué hacer, que se contradice, que no hace caso a la prensa, que se enoja, que habla mucho, que no habla… lo que usted prefiera, pero sería injusto decir que ha robado, señalarlo como ladrón. En comparación, después de catorce meses de gobierno sus antecesores ya estaban forrados. Del Vicepresidente no se puede asegurar lo mismo. Ni en su cargo actual ni cuando fue rector de la USAC. Así que, por ese lado, la sustitución difícilmente convendría a nuestro país.

Se sabe de fuerzas no muy ocultas que buscarían hacerse del poder y doblegar al nuevo presidente o sacarlo de la jugada. El Congreso no garantiza absolutamente nada; la gran mayoría de representantes del pueblo, en realidad representan los más oscuros intereses personales y de sus partidos. Así, en menos de un año, podríamos tener un nuevo gobierno, nuevos ministros, nuevas visiones… ¡Y todo sin un solo voto! Incluso, podría acontecer que después, siguiendo el ejemplo de Nicaragua, Venezuela, Ecuador o Bolivia, solo llegaríamos a las urnas a convalidar el deseo de un gobernate que decidió reelegirse.

Según Cirilo Ordóñez, máximo dirigente de CODECA, de renunciar Morales se convocaría a una Asamblea Nacional Constituyente. En ella participarían “todos los grupos representativos del país”. ¿Cuáles son esos grupos? ¿Se estará refiriendo a las organizaciones que reciben financiamiento sueco, noruego, holandés español, canadiense y gringo; precisamente las que causan zozobra en la población?

Por eso, junto a la señora Ness y a muchos otros ciudadanos que respetamos nuestro ordenamiento y pensamos que ese es el único medio de salir adelante como nación, rechazo abierta y tajantemente la solicitud de CODECA.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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