ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

A vuelo de pájaro

Ritos y cicatrices (parte 2)
Fecha de Publicación: 08/02/2017
Tema: Piel adentro
 
Lo cierto es que existe un infame control sobre el cuerpo de la mujer, al reducir o suprimir su deseo sexual por un medio físico --además impuesto desde la infancia-- que le impide tener una vida sexual plena, equilibrada. Exiliadas de su propio cuerpo desde niñas, utilizadas verdaderamente como si fueran objetos, confinadas entre los muros de sus casas, sumidas en la ignorancia, estas mujeres, a quienes les fue arrebatada brutalmente su infancia e inocencia, han sido durante siglos víctimas del abuso físico, emocional y psicológico. La comparación con las mujeres occidentales es, entonces, inevitable.

En más de veintiséis países de África y el Mar Rojo a lo largo de la costa atlántica, y desde Egipto en el Norte hasta Mozambique en el Sur, incluyendo Boswana y Lesotho, las mujeres son sometidas a la mutilación genital. Sin embargo, es necesario recordar que ésta no se acostumbra sólo en países africanos y árabes, sino también entre grupos de inmigrantes en los Estados Unidos, así como en Australia, Brasil, Malasia y Pakistán, e incluso en algunos lugares de la antigua Unión Soviética, de acuerdo a evidencias recientes que reportan algunos investigadores.

Las mutilaciones varían. La forma más benigna es la “sunna” o “circuncisión”, por medio de la cual se corta solamente el prepucio o la punta del clítoris. Luego está la clitoridectomía, que es la ablación total del clítoris más las partes adyacentes de los labios menores, la cual según los estimados de la Organización Mundial de la Salud -OMS-, representan el 85% de las mutilaciones que se practican. Finalmente, se da también la forma más extrema de mutilación: la infibulación, que es la ablación total del clítoris y los labios mayores y menores, cosiendo además los lados rasgados de la vulva para cerrar la vagina, en la cual queda únicamente un pequeño agujero que permite la salida del flujo menstrual.

Muchas mujeres que se han atrevido a narrar su historia, han contado que en la infibulación a veces se utiliza cierta clase de espinas en lugar de hilo. Al momento de ser escogidas como pareja son violentadas, violadas, “desvirgadas como ningún animal desvirga a su hembra”... Conocer, divulgar y denunciar esta brutal agresión sin duda alguna contribuirá a que tomemos conciencia a nivel internacional, ya que la mutilación femenina no es un tema prioritario en las agendas de las cumbres mundiales. La situación se complica porque muchos gobiernos africanos y árabes tienen la sospecha de que el interés de Occidente en este asunto no está motivado por razones humanitarias, sino más bien por un oscuro racismo que pretende destruir las culturas nativas.

Yo creo, firmemente, que el acceder a esta información irá permeando las conciencias de tal forma, que las que luchan por la erradicación de esta costumbre ya no estarán solas y aisladas, y que finalmente podrá abolirse esta salvaje tradición.

El epígrafe de este artículo es una de las más vívidas descripciones que he encontrado sobre la infibulación. Nos lleva a reflexionar sobre la ligereza con que muchos se refieren a estas prácticas, llamándolas “circuncisión femenina”, término para mí, inaceptable, porque el daño sufrido por las mujeres no es –-de ninguna manera – comparable a la circuncisión de los varones. Las consecuencias, además, son muy diferentes. La circuncisión masculina no destruye la capacidad del varón para sentir placer, es más, muchos la justifican aduciendo que la incrementa. En cambio, para la mujer no solo anula su capacidad para el placer, puede incluso representar la muerte, como de hecho sucede en muchos casos. De todas formas, las dañinas secuelas en su salud durarán toda la vida. En el plano físico sufrirá complicaciones pélvicas crónicas, dolor durante el coito, incontinencia, fístulas recto-vaginales, retención urinaria, infecciones, abscesos, queloides, etc. Pero las más graves serán las psicológicas y emocionales, que varían desde un trauma temporal, hasta la frigidez permanente y la psicosis Es muy difícil, en realidad, encontrar datos precisos por la secreta complicidad que rodea esta práctica. Padres y parientes, todos participan en el ritual secreto aduciendo que “el principal objetivo que se busca con esta práctica, es más que religioso, ya que se trata de proteger la moralidad de la mujer”. Las estadísticas, en todo caso, son sólo eso, números, que en su frialdad no reflejan, no pueden comunicar la atroz realidad de millones de mujeres que no podrán llevar una vida plena, porque les han amputado brutalmente su sexualidad.

Las campañas promovidas por instituciones internacionales como UNICEF, contra la mutilación y la infibulación, aún no logran su objetivo, aunque deben destacarse y apoyarse estos esfuerzos. También la valentía de mujeres como Fatuma Haji Nur, Edna Adan Ismail, Nawal el Sadawi, y en años más recientes, la modelo somalí Waris Dirie (que tiene una fundación que promueve la abolición de esta práctica), quienes con su vida y sus acciones están cumpliendo la misión que se han impuesto, y cuyos nombres se inscriben dentro de un feminismo que persigue fines concretos a favor de la mujer. Ellas son el verdadero ejemplo a seguir.

Otra mujer ejemplar, Esterline Rushe Abdi, preside en Somalia la organización no gubernamental llamada Iida (que puede traducirse como Esperanza), y aunque ésta fue instituida principalmente para la desmovilización y educación de milicianos, también participa en el proyecto en contra de la mutilación femenina. Esterline explica: “Organizamos reuniones con mujeres y con quienes realizan la circuncisión. La gente piensa que la circuncisión y la infibulación son prácticas vinculadas a la religión, pero intentamos hacerles ver que se trata de una tradición cultural insana que nada tiene que ver con la religión. Vincular esa práctica terrible a preceptos islámicos inexistentes no es más que una interesada mala interpretación”.

Si las mujeres en otras partes del mundo han accedido a puestos de importancia en todos los niveles del saber humano, si actualmente pueden ser artistas, estadistas, astronautas, militares, científicas, estrellas del deporte que más les apasione; si pueden tatuarse el cuerpo como se les antoje, o ir desnudas por la playa, o escoger el hombre que será su pareja, uno se pregunta cómo es posible entonces, que en el siglo 21 se sigan practicando esas operaciones rituales, esas costumbres que nos remiten a las épocas más primitivas. Pareciera que la humanidad no hubiera dado un solo paso para salir de la ignorancia y el oscurantismo, si aún hay mutilaciones femeninas que conllevan no sólo una agresión brutal, sino que son al mismo tiempo una violación de los derechos humanos. En este caso, una violación a los derechos humanos de las mujeres más pobres, las más ignorantes y marginadas, que vienen a sumarse a los millones de seres más desvalidos del planeta.
 
 
   
Powered by NeBSGT