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Política y Sentido Común

Nubarrones en el horizonte (Parte I)
Fecha de Publicación: 18/01/2017
Tema: Guatemala

No es novedad afirmar que hay varias Guatemalas. Simplifiquemos las cosas y refirámonos solamente a la urbana y a la rural, las cuales, en su visión de lo político, funcionan bajo paradigmas y dinámicas distintas.

En todo país hay un clímax político cuando se lleva a cabo una elección general. En los centros urbanos, donde los medios y las redes sociales son mucho más activas, este proceso llega a asquear a las mayorías y, en el tiempo posterior a la misma, la tendencia de muchos ciudadanos es a retraerse y no querer saber más de ella.

Lo anterior se agrava con el hecho de que, al asumir el nuevo gobierno, comienzan las torpezas de los nuevos funcionarios, los actos de corrupción y hasta los identificados como hostiles a la población, como la manía de comenzar planteando reformas impositivas contra las que estuvieron en contra en los discursos de campaña; y el resultado para lo político, tan importante para todos, es un panorama que va de la animadversión a la apatía y la falta de participación; un legado que va pasando de generación en generación y que, al final, no beneficia al país en su conjunto ni a la calidad de vida de cada persona.

Por lo contrario, en el área rural donde no llega el cable, donde casi no hay televisiones y mucho menos llegan los periódicos, donde vive la gente pobre que hace un gran esfuerzo por activar sus “frijolitos”, esos celulares sencillos que no tienen redes sociales, la vida se vive distinta y lo político tiene otro significado: es distracción, es la novedad cotidiana. En las montañas y barrancos de esa Guatemala profunda donde sólo la radio llega, también entienden del clímax político y acuden a votar en masa; pero luego, en lugar de seguir con sus vidas como pensaría un capitalino, lo político tiende a ser parte de las mismas; de lunes a domingo; en todos los rangos del espectro político democrático que, por demás, apoyamos. Por lo menos eso es lo que hemos observado.

Ahora bien, todo lo anterior es aprovechado por activistas y políticos con colmillo, y esta es la parte más delicada de la ecuación, porque dentro de este género hay de todo: los positivos de cualquier ideología que se preparan, proponen, construyen y comparten una visión de futuro; los que critican cualquier defecto o resbalón de cualquier autoridad pero nunca participan activamente en nada; los que aprovechan el tiempo para conseguir apoyo para proyectos comunitarios auténticos; y, por supuesto, y ahí está el peligro, los malosos que nunca faltan: los marxistas trasnochados que siguen pensando que los países comunistas son un paraíso y que, siguiendo consignas internacionales, o por iniciativa propia, hacen de todo para engañar a la gente con promesas de un paraíso que, hasta donde hemos visto, no existe en ningún país que haya implementado por décadas lo que ellos, tan profusamente, propugnan.

Es así como, en una visión a vuelo de pájaro del panorama político, veremos a muchos miembros de las comunidades campesinas cambiarse de partido, organizar comités, reunirse para discutir un proyecto, estiras y encoges por los liderazgos locales; casi todo sin pensar mucho en los bandos ideológicos (aunque cualquiera de ellos es legítimo si se plantean ideas democráticas), ni en los temas nacionales, mucho menos en los internacionales. Están más interesados en su bienestar local, en sus necesidades básicas, lo cual es completamente válido.

Pero si observamos bien el liderazgo político rural, veremos engaños, robos de energía eléctrica, invasiones de fincas, bloqueos no solamente en carreteras sino a proyectos de beneficio general, como los hidroeléctricos, promesas de nacionalización de la producción y transmisión de energía, nacionalización de todos los recursos naturales y de las tierras para repartirlas a los campesinos, oposición y hasta bloqueos en la construcción de nuevas carreteras e inversiones que implican la creación de nuevas plazas de trabajo; actividades en las que se atreven a capturar autoridades, a quemar instalaciones y vehículos, a secuestrar, torturar y hasta a asesinar a los otros campesinos que no los apoyan en su agenda destructiva.

¡Pero ojo! Hay que diferenciar entre un liderazgo demagogo populista que no quebranta la ley y uno que incita a la violencia, al robo, a la destrucción, al mismísimo asesinato. Y hay que diferenciar, también, al líder negativo local, que siempre ha existido, del megalómano que quiere ponerle el zapato en el pescuezo a todo un país, cuando las grandes mayorías lo que desean es trabajo, paz, desarrollo, estabilidad, educación para sus hijos y salud. Y esto último, nos parece, es lo que está sucediendo.

Por alguna razón que no entendemos, conseguir financiamiento internacional para los proyectos de beneficio comunitario es casi imposible, pero para financiar actividades delictivas se presta una gran cantidad de países y de organizaciones que es prolijo enumerar.

El marxismo internacional que realmente nació en 1919 cuando Lenin fundó la Tercera Internacional, la Komintern, fue sepultado al caer el muro de Berlín y resquebrajarse la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, pero salió de sus escombros y, entendiendo los signos de los nuevos tiempos, se mimetizó; dejó de tratar de imponerse por las armas como aconsejó Trotsky tantos años, pero sigue queriendo atrapar países y sociedades enteras bajo su bota enlodada de miseria y represión; y para esto sí hay recursos; hay gente tonta o malvada dispuesta a enriquecerse impulsando estos temas, y hay gente ingenua que todavía cree en esos cantos de sirena, brindándoles su inocente apoyo. Los famosos “tontos útiles”.

Fidel Castro lo entendió perfectamente y, en cuanto pudo, convocó a “elecciones”, a su manera, y se dio un baño de democracia, haciéndose llamar y ver como presidente de Cuba. Lo mismo hizo Daniel Ortega en Nicaragua, que después de la derrota que sufrió frente a Violeta Barrios de Chamorro, en 1990, dejó el uniforme de comandante con que tomó el poder por las armas en 1979, se vistió de traje y corbata y soltó palomas blancas para retomar el poder. ¡Y ahí sigue! Todos oxigenados por el petróleo de los venezolanos, que hoy no tienen medicinas ni qué comer.

La vida en nuestro planeta no es sencilla, y mientras todo el mundo voltea a ver lo que pasa en Estados Unidos de América con el cambio de gobierno de Barack Husein Obama a Donald Trump, Guatemala peligra de caer en las garras de lo que ahora llaman progresismo, ecologismo o ambientalismo mal entendido, Derechos Humanos instrumentalizados y socialismo del siglo XXI: el guión marxista para la toma del poder dentro de un sistema democrático y republicano.

Conocemos de primera mano lo que sucede en el país porque salimos, de vez en cuando, a trabajar con comunidades de todos lados; con esas que buscan algo positivo y que no quieren entregar su país a líderes ni a ideologías foráneas. Salir al interior y vivir en la ciudad capital, con su dinámica diferente, nos hizo darnos cuenta de cómo esta agenda avanza en el área rural mientras que las mayorías urbanas se mantienen criticando el tráfico, la falta de agenda de trabajo del gobierno o la manera como se reparten los funcionarios el presupuesto en bonos navideños.