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Brújula

Broche distinto
Fecha de Publicación: 02/01/2017
Tema: Política
Hoy no siento la nostalgia que en años anteriores me suele embargar con la despedida del año que se va y que algunos años atrás expresara así:
Quedan ya muy pocas horas para que este año se aleje para siempre y su huella solamente quede marcada en nuestros recuerdos y en los anales de la historia. Para que se nos escurra de entre las manos y se integre al río de la inmensidad… Esta despedida provoca cierta añoranza en mi ánimo.”
 Sin embargo creo que el 2016 no pasará al olvido sino será recordado como el año que sacudió apatías y logró un patriótico despertar…
Este año pasado, rompiendo esquemas del quehacer político internacional, presagiando nuevos albores en el horizonte, despejando panoramas enturbiados por falsas narrativas y renovando debilitadas esperanzas, cierra con broche distinto. Con destellos brillantes que varios millones de personas, en los que me incluyo, percibimos prometedores
Y es que los cambios bruscos e inesperados, ¡tajantes!, ocurridos en forma sorpresiva durante el lapso de los últimos seis meses del año 2016, representan un viro de 180 grados del llamado Nuevo Orden Mundial que subrepticiamente se viene forjando y fortaleciendo desde algunas décadas atrás en organizaciones internacionales.
El Brexit en Gran Bretaña, el NO en Colombia y el triunfo de Trump en los Estados Unidos de América.
Son cambios sustantivos que proclaman un alejamiento de ese gobierno global dirigido por las pretensiones, cada vez mayores y a distancia, de una élite política internacional que jamás fuera electa para las funciones que arbitrariamente, con el pasar de los años, se ha ido arrogando.
Sí, esa casta poderosa que desde altos puestos de privilegio en la ONU, el Parlamento Europeo y organizaciones de Derechos Humanos viene atribuyéndose el derecho de dictar leyes, trazar fronteras y en resumen, adjudicándose la potestad de gobernar a todos los países del orbe.
Consecuencia de ese súper gobierno ha sido el paulatino encogimiento de las soberanías de países miembros. Y a la par, el crecimiento del justo e indignado rechazo de personas oriundas de distintos países que resienten, hasta la médula, la abusiva intromisión de funcionarios foráneos metiendo su cuchara en asuntos de política interna que solo compete dirimir a ciudadanos propios de cada país.
Gran Bretaña fue el primer país que con el voto de Brexit reclamó su soberanía el 23 de junio de 2016. La reacción adversa de políticos internacionalistas y de todo el “Progresismo” en bloque fue: la inmediata invalidación del voto aduciendo que los votantes irresponsables, ya fuera por viejos o por ignorantes, hacían tambalear la solidez de la Unión Europea y además, estropeaban el futuro de la población juvenil de Inglaterra.
Colombia, con el triunfo de NO, que contra toda predicción y contraviniendo los deseos de las élites políticas, locales e internacionales, dio la segunda sorpresa el 2 de octubre del 2016. Nuevamente hubo esfuerzos de los mismos grupos del internacionalismo institucionalizado por invalidar, a toda costa, la voz del NO. Se llegó hasta el ridículo de otorgar el Premio Nobel de la Paz al perdedor de la propuesta, el presidente Juan Manuel Santos.
Y el 8 de noviembre del mismo 2016, el insospechado triunfo de Trump en los Estados Unidos de América fue un golpe severo del que aún no se reponen emocionalmente los medios convencionales de comunicación, la Unión Europea, la Comunidad Internacional, la Academia, el Progresismo, Hollywood ni, por supuesto, el gobierno actual de los EUA, el derrotado Partido Demócrata, ni los auto llamados “intelectuales” de ese país. Considerando que esta larga lista de contendientes gratuitos estuvo en campaña perenne, la humillación causada por el triunfo presidencial del ahora presidente electo, Donald Trump, es aún más agraviante.
Muestra de ello han sido las reacciones pueriles de un Obama resentido, rabioso que, en vez de colaborar con la transición pacífica de gobiernos, sigue con la campaña de desprestigio a Trump y en inaudito golpe de venganza traiciona a Israel, el más fiel y más antiguo amigo de los EUA, único bastión de la democracia en el Medio Oriente. No contento con la puñalada, luego arremete contra Putin. Acciones hepáticas que ponen en duda las aptitudes presidenciales del mismo Obama.
Guatemala es el ejemplo perfecto que tipifica hasta donde pueden llegar los excesivos abusos de poder de la casta política internacional, aún a sabiendas de estar violando los convenios internacionales que rigen el trato diplomático entre países.
Los guatemaltecos en particular, con la CICIG y la embajada gringa extralimitándose en las funciones permitidas en sus mandatos, hemos sido víctimas del empecinamiento abusivo de las élites internacionales que tratan de imponernos agendas ideológicas a su gusto. Agendas que los ciudadanos guatemaltecos rechazamos previamente varios años atrás.
Hemos llegado al colmo de la humillación que implica soportar declaraciones intolerables del embajador Tod Robinson para quien nuestra soberanía no es prioritaria. ¿Por qué sigue acá? ¿Qué hacen Velázquez y Robinson opinando sobre las reformas constitucionales o sobre las leyes de nuestro país.
Por eso mi entusiasmo ante estos tres alentadores actos patrióticos de rebeldía que, en esencia, son actos independentistas de ciudadanos hartos del status quo y de la intromisión foránea en sus asuntos de estado. De ciudadanos que han visto peligrar sus derechos soberanos y unidos a una voz que trasciende fronteras han dicho ¡Hasta aquí! A las élites del nuevo orden mundial.  
Por eso mi brindis al año 2016 que no pasará al olvido porque, a diferencia de muchos otros que le anteceden, cierra con broche distinto que percibo como broche de oro...
 
 
 
   
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