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Teorema

Trump en la Casa Blanca
Fecha de Publicación: 10/11/2016
Tema: Política
Los Estados Unidos amanecieron hoy con un nuevo Presidente Electo. Casi dos años atrás se convocó a lo que serían las elecciones más seguidas por el público en la historia de la humanidad. Desde el principio, el ahora presidente electo Donald Trump, fue noticia frecuente para el mundo entero.
 
La prensa se refiere al resultado de la elección con adjetivos como: inesperado, sorprendente, inimaginable… ¿Por qué razón la mayor parte de pobladores, no solo norteamericanos sino también de prácticamente todos los países, hoy muestran sorpresa? ¿Por qué todos esperaban que el triunfo favoreciera a la señora Clinton? ¿Por qué todos estaban tan mal informados?
 
Puede haber varias razones, pero es innegable que la prensa jugó un papel determinante creando expectativas falsas. El apoyo de la prensa a la candidatura Clinton se realizó a la mala; el engaño fue deliberado. El propio Trump lo denunció como un complot en contra suya.
 
Resulta particularmente interesante que el elector norteamericano no haya sido víctima de las argucias periodísticas. Votó a favor de Trump, en vez de hacerlo por quien los medios posicionaron como campeona. La prensa consiguió dibujar a un Trump que casi raya en la imbecilidad. Lo hicieron muy bien. El público se tragó esa artimaña olvidando que Trump es un empresario exitoso y que como político, en las primarias dejó atrás a otros 19 contendientes.
 
Sus electores, según la prensa, son hombres blancos, de edad avanzada, religiosos contumaces, gente de campo con muy poca preparación académica. Individuos prácticamente incapaces de comprender el proceso y saber lo que conviene, aun a ellos y sus familias.
 
Por su parte, definieron a los electores de Clinton como jóvenes graduados de Universidad, escritores, artistas, intelectuales. Los hicieron parecer como personas con el más alto desarrollo humano, capaces de visualizar un mundo global donde las diferencias de religión, raza y sexo no tienen importancia. Como personas capaces de respetar la preferencia sexual de otros y favorecer la libertad de las mujeres para decidir si quieren ser madres o no ante un embarazo no planificado.
 
Desde luego, las personas identificadas con el grupo de Trump, se sintieron incómodos al ser estigmatizados de esa manera. Visualizaban sus características más cerca de las atribuidas a los seguidores de Clinton. Cuando se les preguntó sobre su preferencia electoral, no respondían o se asimilaban a la opción Clinton, causando que las encuestas fallaran. Esto generó retroalimentación para que la prensa insistiera en el triunfalismo de Clinton.
 
Los recursos invertidos en la campaña de Trump, fueron modestos si se les compara con lo invertido por Clinton quien gastó unos US$250 millones más que su contrincante. El triunfo de Trump no sucede solo sobre la señora Clinton. También derrota a los poderosos inversionistas de Wall Street que apoyaban a la exsenadora. Aún más, Trump libra una batalla contra el mundo entero… y triunfa.
 
La clase política dominante de prácticamente todos los países, pero principalmente la europea, mostró abiertamente su apoyo a la ex senadora y su rechazo a Trump. Hasta el Papa y el secretario General de las Naciones Unidas se declararon abiertamente en contra suya. Incluso nuestro bisoño presidente Morales se atrevió a bromear sobre una de las iniciativas más criticadas de Trump.
 
El pasado 23 de junio el triunfo del Brexit en Inglaterra sacudió al mundo; la estructura política de la Unión Europea se tambaleó con la salida de uno de sus principales socios. Tres meses después, el 2 de octubre, un plebiscito sobre los acuerdos de paz de Colombia dio un resultado también inesperado. A pesar de un enorme despliegue publicitario, los colombianos votaron NO, contra los acuerdos de paz ya firmados entre su gobierno y la guerrilla criminal que enlutó su país.
 
Hoy, son los Estados Unidos de Norteamérica, la nación que acumula el mayor número de preseas en las justas deportivas, la economía más importante del mundo, el principal poderío militar del orbe, el país con mayor desarrollo científico sobre la tierra… quien causa la sorpresa. Lo sucedido ayer, más que desplomar temporalmente a los asustadizos mercados, conmocionó a la organización política internacional.
 
Muchos políticos habrán de entender que el voto a favor de Trump es un voto en contra de los políticos que ostentan el poder y se presentan reiteradamente sus candidaturas. El voto a favor de Trump, del Brexit y del NO colombiano es una exigencia de cambio que más temprano que tarde habrá de llegar a sus latitudes, anulando su esperanza de de alcanzar el poder y desde el mantener a perpetuidad el status quo.
 
De haber ganado la señora Clinton, habría certidumbre sobre el futuro: Todo seguiría igual. La nomenclatura de todos los países, así como la internacional no cambiaría. Los Rabbé, las Montenegro, los Medrano, las Back, de otras naciones permanecerían incólumes. La corrupción entre los gobiernos y las empresas que les proveen de bienes y servicios se mantendría. Todos contentos. Todos excepto los ciudadanos de esos pueblos, incluido el nuestro, que segaríamos financiando la corrupción hasta alcanzar el pauperismo nacional.
 
De alguna manera, las promesas electorales de Trump son difícilmente realizables. La construcción del muro separando Estados Unidos de México enfrenta dificultades técnicas y políticas. El Río Grande o Río Bravo, por ejemplo, sirve de frontera a ambos países ¿De cuál lado quedaría el muro? ¿En el centro? Además, de llegar a ser construido, todos los hombres libres sobre la tierra, emulando al presidente Reagan, seguramente clamarían: ¡Tear down this wall Mr. Trump!
 
¿Va a deportar a 7 millones de inmigrantes ilegales? Y si lo hace ¿quién ejecutará las tareas que ellos desarrollan? ¿Serán norteamericanos quienes hagan los poco nobles trabajos de limpieza o se rompan la espalda cosechando las frutas y verduras de sus plantaciones? ¿En cuánto se elevaría el costo de las cosechas? ¿Y qué pasaría cuando las familias protesten por la consecuente alza de los víveres?
 
Trump prometió encarcelar a la señora Clinton. Pero esa acción que no depende del Gobierno Federal sino del sistema de justicia norteamericano. Y aún si lo consiguiera ¿acaso consideró que su rival político cuenta con apoyo de cerca de la mitad del pueblo norteamericano como fue expresado en las urnas? ¿Le valdrá la pena, políticamente hablando, llegar hasta tan graves consecuencias?
 
Con Trump hay una incógnita muy grande. Nadie sabe lo que hará. Tendrá mucho poder, tanto como para poder sanear la economía norteamericana. Incluso, acaso para influenciar cambios en el actual orden internacional ¿Lo hará? ¿Podrá dominar la tentación de utilizar el cargo para su beneficio personal y el de sus descendientes, como lo han hecho otros, incluidos los Clinton y los Busch en ese país? Nadie puede saberlo.
 
Sin embargo, me atrevo a especular acerca de la posibilidad de que más de 60 años de conflicto entre Estados Unidos y Rusia puedan llegar a su fin. Quizá, incluso, ambas potencias trabajando en conjunto puedan poner orden en Siria y neutralizar al peligroso Estado Islámico.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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