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Teorema

Jimmy
Fecha de Publicación: 05/10/2016
Tema: Política
 
En una entrevista de INFOABE(https://www.youtube.com/watch?v=bs9PrxpTq4A) Jaime Bayly, tan afamado como controversial, aseguró: El periodista debe militar siempre en la oposición. El buen periodista es el que siempre se opone, gane quien gane. Siempre va a estar allí, para fastidiar, para incordiar, para despeinar al que ocupa el poder. El periodista militante es el que entiende que su verdadera función es estar siempre en la oposición.
 
Tal declaración no deja espacio para reconocer los éxitos de los gobiernos que, aunque escasos, siempre los hay. No hay sitio para la honradez intelectual o el sentido de justicia del articulista. La suya me parece una posición extremadamente dura. Con lo que sí estoy de acuerdo es cuando en esa misma entrevista expresa: Cuando este –un periodista– es pagado por el gobierno de turno, deja de ser periodista y se convierte en propagandista, panfletario o burócrata.
 
En Guatemala, varios periodistas de opinión, entrevistadores y comentaristas, parecen comulgar con los principios de Bayly. Han aplicado ese periodismo duro al presidente hasta agobiarlo. Morales, quien habría aceptado abucheos cuando sus presentaciones de teatro salían mal, también estaba acostumbrado a que los aplausos premiaran sus obras exitosas. Ahora, sin importar los resultados, suele haber escarnio para él y su gobierno.
 
Por ejemplo, cuando presentó el desafortunado proyecto de aumento de impuestos; la prensa lideró la opinión pública para hacerle merecer amplia reprobación. Entre angustiado y afligido, el Presidente retiró el proyecto, acción que pudo interpretarse como juicioso acto de respeto y obediencia ante el clamor ciudadano. Empero, la misma prensa que antes había criticado el hecho, después con igual o mayor energía censuró la enmienda.
 
Más recientemente, el Ministerio Público acusó a su hermano y a su hijo de haber participado, hace tres años, en un acto ilícito. Ambos, hermano e hijo son hombres mayores de edad y por lo tanto, únicos responsables de sus acciones. Morales fue el primero en anunciar el hecho a la población, asegurando que sus familiares se someterían a la justicia y que él no mediaría en favor de ellos. Consternado aseguró además, que no discutiría ese asunto con la prensa.
 
En mi opinión, había actuado decente y honorablemente. Se trata de un tema íntimo, algo que eventualmente analizaría en privado con un psicólogo o un guía espiritual. Entiendo que no quisiera discutir ese tema con periodistas que difícilmente respetarían su aflicción. La prensa suele buscar lo espectacular, el envoltorio, lo sensacional y muchas veces al enfocarse en la forma, descuida la esencia de los hechos.
 
Los periodistas dicen que el Presidente tiene una mala relación con la prensa; quizá sea más exacto decir que la prensa tiene una mala relación con el Presidente. Desde antes de asumir, ya lo hostigaba. Censuró con dureza su arenga del 14 de enero pese a ser una pieza que, si se compara con los tres discursos de toma de posesión anteriores, ofrece algunas ventajas.
 
Desde luego, el presidente Morales tiene culpas, ha dado muchísimos pequeños resbalones. También tiene grandes errores: Nombró para el MICIVI a una persona con prohibición legal para ese cargo quien además, debía enfrentar un juicio legal. Aún peor, demoró diez días en corregir el error. También se equivocó al poner al frente del MINEDUC a quien favorece el bienestar de los maestros y sus sindicatos, en vez de seleccionar a alguien comprometido con la educación, el crecimiento académico y el desarrollo intelectual de los niños. Permitió que, en el Congreso, su partido se “fortaleciera” con diputados inmorales. Y hay más equivocaciones. La prensa ha destacado una larga lista de errores pero la mayor parte carecen de gravedad ¿Acaso son trascendentales sus declaraciones sobre el muro de Trump?
 
El más grave desacierto del Presidente fue suspender las garantías constitucionales. Un juicio legal con repercusiones políticas tremendas podría acontecer. La situación calificaría como Golpe de Estado técnico (de derecho), con consecuencias semejantes a las de un Golpe de Estado de hecho: Un Estado acéfalo, vacío de poder, un futuro inmediato imprevisible. ¿Quién tomaría las riendas del gobierno entonces?
 
Se dice que si Morales, Cabrera y el gabinete de gobierno en pleno fueran desaforados, podría corresponder al Congreso (a sus diputados) decidir quién habría de gobernarnos hasta enero 1920. Como tratando de infundir terror, se menciona que la UNE, bajo la siniestra dirección de Sandra Torres habría de decidir. Creepy, como hoy dicen los más jóvenes.
 
Quiero externar mi preocupación sobre la posibilidad de que tal extremo llegue a suceder. Hago votos porque el gobierno de Morales introduzca los cambios necesarios para salir de la crisis y aún más, que consiga que su gestión sea exitosa. Es cierto que como país, no debemos sufrir otro gobernante corrupto —que no es el caso de Morales— ni tolerar que otro gobierno fracase. Y de ninguna manera, permitir que un soliviantado afán de justicia destruya nuestra precaria institucionalidad.
 
No veo en el presidente Morales a una persona corrupta, mucho menos a un ladrón. Creo que su honradez supera ampliamente la de sus antecesores. Pero la censura severa y persistente de la prensa ha influido a las redes sociales y a la población en general consiguiendo que el gobierno se muestre indeciso, errático, irresoluto e incapaz. Como dice Bayly, los periodistas han fastidiado, incordiado y despeinado al presidente.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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