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Teorema

La herencia de Byron Lima (II)
Fecha de Publicación: 18/09/2016
Tema: Construir el Estado
En la primera parte de este artículo, escribí que Byron Lima había dado muerte a Pedro Sas Rompich, pero no fue así. Quien disparó contra el lecherito fue Obdulio Villanueva. Mea máxima culpa y mis obligadas disculpas a los lectores y especialmente a quienes señalaron el error. Mi agradecimiento también a todos quienes me proporcionaron información para completar esta parte.
 
Mucho se ha escrito acerca del Capitán y Kaibil del Ejército de Guatemala, Byron Lima Oliva ––BLO––, la mayoría de veces denostándolo. Contrario a ese enfoque, quiero referirme al espíritu humano indómito, rebelde, audaz… ahora casi en extinción, que indudablemente lo habitaba. Lima había sido entrenado en operaciones de inteligencia y contra inteligencia y servido en la ONU, formando parte de sus Cascos Azules, destacado en Malta. En Guatemala, salvó la vida de una Primera Dama (Vea la primera parte de este relato en http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=832)
Luego de ser arrestado en enero 2000, fue recluido en el Centro de Detención Preventiva (Z18) que entonces tenía 11 sectores. Entonces, los sectores 1 y 2 concentraban asaltantes de bancos, secuestradores y narcotraficantes, eran muy peligrosos. Algunos habían sido aprendidos por Lima Oliva cuando formó parte de la Unidad Antisecuestros pocos años atrás. El Sector 11, no menos peligroso, recluía a los miembros de la Mara 18.
No es necesario haber traspasado la sala de visitas de una cárcel guatemalteca para entender lo que está más allá. Suciedad, instalaciones deterioradas, paredes con letreros soeces, piso ennegrecido con grietas, pleno de papeles y bolsitas en ausencia de basureros. Bartolinas con cucarachas y roedores sobre las camas de concreto, inodoros con mal olor y excrementos a la vista. Sobrepoblado, personas con las ropas sucias y raídas, mejillas pálidas y sin afeitar de semblante tristes. Individuos que esperan, jugando cartas o recostados sobre una pared, que pasen los años hasta cumplir su condena. Unos temerosos de todo, otros buscando causar temor, todos conscientes de que en cualquier momento y por cualquier razón puede desencadenarse un motín que podría ser cruento. La cárcel guatemalteca es como un purgatorio lleno de pecadores de la peor calaña… y algunos inocentes. Estos, solo por estar allí, podrían dejar de serlo.
Byron Lima tenía solo 30 años de edad cuando lo condujeron a la prisión junto a su padre, también militar. Fue una noche de viernes; al llegar las autoridades del penal exigieron a la familia US$ 10 mil por cada uno para darles seguridad y liberarlos de limpiar inodoros. A pesar del pago, él fue llevado al sector 5 y su padre al 10. Después lo trasladaron al Sector 3; fue allí donde sufrió el primer atentado contra su vida. Su formación como Kaibil y ser experto en artes marciales le permitió sobrevivir. La revuelta dejó varios heridos.
Las autoridades del penal lo culparon a él y lo trasladaron al Sector 11, incrementando su nivel de riesgo vital. Allí estuvo algunos meses, hasta que consiguió que lo trasladaran al Sector 7. La ODHAG y sus aliados dijeron que hubo tráfico de influencias para alejarlo de aquel peligro inminente. Fue allí, en el Sector 7, donde BLO inició su trabajo de diseño de un sistema de control interno del sistema penitenciario nacional.
Le tomó más de diez años, completarlo y perfeccionarlo. En síntesis, se trata de una adaptación del sistema utilizado en las bases militares. Que esta simplificación expositiva no reste nada al enorme mérito de haberlo hecho. Los técnicos, expertos y autoridades, bajo sueldo y recursos de los que él carecía, han fracasado. Esa falta de éxito ha conducido a que el sistema penitenciario se haya convertido en una extensa red de escuelas de crimen.
En la prisión de la zona 18 había 11 sectores, de ellos BLO consiguió controlar 8. Con el 1, 2 y 11 no intentó intervenir sin un apoyo oficial que nunca tuvo. En los 8 sectores restantes, logró persuadir a que las normas del sistema eran en beneficio de ellos. En una ocasión confesó que sus verdaderos enemigos no estaban tanto en la ODHAG, las autoridades penitenciarias o dentro de los reclusos violentos o sino en el Ministerio de Gobernación.
Incluso, reos llevados a otra prisión, buscaban ser trasladados a “la de BLO”. Este intercedía, mediante pago, ante las autoridades penitenciarias y judiciales para que efectuaran el traslado. Si la seguridad en la calle es costosa, en un penal lo es aún más. Así que, habiendo dinero para repartir, BLO y su gente en el penal así como ciertas autoridades estaban contentos. Según un artículo de la revista Contrapoder, un prisionero llegó a pagarle US$ 150 mil por el traslado. Desde luego, todos y cada uno de estos actos son corruptos.
Cuando la sentencia quedó firme, BLO fue trasladado a Pavoncito. Llevó consigo su modelo de orden, limpieza y disciplina, lo perfeccionó más y lo hizo funcionar en ese penal. Esa vez quizá fue menos difícil pues algunos reclusos ya conocían sus beneficios.
Las autoridades penitenciarias utilizaron la estrategia de trasladarlo de una prisión a otra para romper los esquemas de poder que iba formando. Entre 2000 y 2003 estuvo en el Preventivo de la zona 18; de 2003 a 2005 en la prisión de máxima seguridad de El Boquerón; entre 2005 y 2008 en Pavoncito; de 2008 a 2009 en la prisión de máxima seguridad de El Infiernito; entre 2009 y 2014 lo regresaron a Pavoncito y de 2014 a 2016 en Mariscal Zavala y el cuartel general de Pavón. Así, BLO conoció mucho del sistema penitenciario a través de vivir en él. Su meta, antes de cumplir su condena, era hacer en Pavón lo que ya había hecho en Pavoncito.
Un amigo, que merece mi más absoluta confianza, en 2013 recibió el encargo, de atender la invitación de BLO para conocer las instalaciones de la fábrica de equipo para gimnasios al aire libre, dirigida por él en Pavoncito. Cuando llegaron BLO y otras tres personas los esperaban. Los condujo a donde estaba el equipo de gimnasia del penal. Entre 60 y 80 personas con uniforme: pantaloneta negra, T-Shirt blanca con rótulo distintivo en la espalda y zapatos tenis blancos se ejercitaban. Me dijo que le había impresionado la limpieza en pisos y paredes que parecían recién pintadas, así como la ausencia de rótulos. Después los llevó a la sección de duchas y sanitarios que encontró inmaculada.
Pasaron por las celdas en las que igualmente, predominaba la limpieza y su perfecto estado de conservación. Le explicó que antes, las autoridades del penal cobraban Q. 100 por una “visita conyugal” de un cuarto de hora en una valla con cuchitril. Ahora cada reo podía recibir a su esposa en su celda, utilizaban una cortina con castigo severo para quien interrumpiera.
BLO le explicó que en ese penal todos tenían que educarse. Le mostró una academia de lenguas donde los reclusos podían aprender inglés, portugués o francés. En otro local, enseñaban a leer y escribir. Más allá, el laboratorio de computación tenía unas diez computadoras. Se disculpó porque fueran un tanto viejitas, contó que provenían de una donación. Finalmente le mostró la biblioteca, contenía una buena dotación de libros con temas desde filosofía y literatura hasta manuales para trabajos técnicos.
También le dijo que cada recluso debía aprender a ganarse la vida mediante un empleo productivo. Le mostró una fábrica de pelotas de fútbol, ocupaba unos 50 M2, en ese momento, la atendían cuatro operarios. En el mismo local había una fábrica de zapatos que no estaba trabajando. También lo llevó a una fábrica de objetos de bambú y a una maquila de textiles donde trabajaban unos 100 operarios ocupando una galera grande.
Le explicó que tenían una granja de pollos. Cuidaban el crecimiento de los pollitos y aprovechaban los huevos de las gallinas así como la carne de los machos y de las gallinas que habían dejado de poner. Lo llevó a un campo de fútbol con buenas instalaciones y le mostró una iglesia católica y un templo evangélico construido para los reclusos. Todo en magníficas condiciones.
También le mostró el área reservada para visitas que constaba de varias mesas cada una con churrasquera al lado. Enfrente, había un sector con juegos infantiles (resbaladeros y subibajas) para los niños visitantes. Hacia el final de la visita lo invitó a almorzar una fabada en el restaurante español (había uno de pollo, uno mexicano y otros dos cuya especialidad no recordaba). Mientras almorzaban BLO explicó que ahora los sectores del penal estaban intercomunicados durante el día. Al final de la tarde cada quien debía regresar al propio y las puertas quedaban cerradas.
Vea doctor, le dijo antes de despedirlo. Aquí todos los trabajadores reciben un sueldo. En vez de ser una carga para sus familias ellos colaboran para cubrir los gastos. Pero más que eso, agregó, está la preparación para el trabajo ya que muchos llegan sin saber hacer nada. La meta es rehabilitar a esas personas para que puedan incorporarse a la vida productiva. Cuando le dio la mano, su rostro se ablandó mostrando una sonrisa de satisfacción.
Resumiendo: Byron Lima Oliva era Capitán del Ejército con entrenamiento Kaibil. Ocupó cargos importantes como estar a cargo de la seguridad del Presidente de la República. Fue acusado y condenado por la muerte del Obispo Gerardi. Empero, el veredicto de culpabilidad fue controversial Tanto que 17 años después, nadie, excepto la ODHAG y el sacerdote Orantes, sabe con certeza quién dio muerte al Obispo. Los señalamientos de falta de justicia y de juicio política fueron abundantes. (Ver https://www.youtube.com/watch?v=Edz5yw47eMk). En la misma página hay otros interesantes vídeos referidos por un señor Escobar.
Dentro de la prisión, BLO desarrolló un modelo para administrar el sistema penitenciario y lo sometió a un proceso de prueba y error paulatino que optimó durante 15 años, con poca o ninguna ayuda institucional el sistema funcionó. Los resultados en Pavoncitos muestran una evidencia contundente. Expertos en seguridad, embajadores, profesores eméritos… lo visitaron en prisión, asombrados ante tal éxito.
Una grave deficiencia del Estado de Guatemala es su débil sistema penitenciario. Abunda la corrupción. Los reos se escapan, ponen en peligro a la población en las calles, los juzgados y los hospitales. Es de conocimiento generalizado lo que alguien resumió diciendo: Un reo que entra a la prisión adquiere conocimientos equivalentes a los de un niño que inicia parvulitos. Cuando sale, el que menos tiene una licenciatura en criminalidad pero también los hay con maestrías y doctorados.
La pregunta que confío usted se esté haciendo es: ¿Por qué no componer el sistema penitenciario adoptando el modelo que Byron Lima Oliva heredara a Guatemala? ¿Será tan grande la arrogancia de los funcionarios a cargo, que lo rechazan por provenir de él?
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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