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Teorema

El procedimiento correcto
Fecha de Publicación: 26/08/2016
Tema: Construir el Estado
 
En un artículo anterior (http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=826) escribí: …creo que el gobierno va a desistir antes de llevar sus documentos al Congreso, lo que sería un acto de mínima sensatez. Recibí varios mensajes al respecto expresando, de una manera u otra, que mis expectativas de sensatez no tenían fundamento y que el Presidente se empecinaría en su malhadado proyecto fiscal. De más está decir que no me sorprende pero sí me satisface que el señor Morales haya recapacitado.
 
El proyecto fiscal que presentó el Presidente solo trajo un innecesario desgaste a su imagen personal,ya deteriorada, entre la ciudadanía. Huelga decir que sus consejeros le asesoraron mal. “La Rosca” debió convencerlo de que había recuperado la confianza de la ciudadanía y que la moral tributaria era fuerte y vigorosa. Los aduladores a su alrededor le están haciendo daño. Un segundo acto de sensatez de parte del Presidente sería alejarse de ellos, o más bien, alejarlos de él.
 
Lo anterior no significa que una reforma del Estado que habría de concluir (pero no empezar) con una reforma tributaria no deba hacerse. Adelante esbozo los pasos que se deben seguir, de acuerdo con lo que muchos comunicadores sociales, expertos y personas individuales han dicho las semanas recientes. Sirvan estas líneas como una “hoja de ruta” que muy probablemente le conducirá a recuperar la confianza perdida y a encontrarse con una población dispuesta a aceptar cambios en el esquema tributario.
 
Para proceder correctamente con una reforma tributaria, el primer paso consiste en establecer las prioridades del Estado. Muchos analistas exigen la elaboración de un “Plan de Nación” sin advertir que ya tenemos uno, una en realidad. Esta ya ha sido debidamente consensuada. Hay partes que quisiéramos cambiar, pero después de 31 años de vigencia, hemos aprendido a convivir con ella y aceptar sus falencias. La Constitución establece como prioridades a) La Justicia; b) La Seguridad; c) La Educación d) La Salud y e) la Infraestructura.
 
Otras actividades propias del Estado comprenden la Administración Pública (la Presidencia, el Ministerio de Finanzas y la Cancillería). Las dependencias restantes, contempladas en la Constitución, deberían trabajar con un presupuesto mínimo (alrededor de la décima parte del actual) porque su labor, aunque se considere importante, no es prioritaria.
 
Una vez establecidas las prioridades, el segundo paso es reorganizar las entidades a cargo de su ejecución. Convendría empezar de cero, como si no existiera nada. Pero si eso no fuera posible, habría que conocer con máximo detalle lo que hacen ahora, no en forma general ni recitando objetivos sino analizando una a una las tareas que desempeñan ¿Son imprescindibles todas esas tareas? Si no lo son ¿por qué hacerlas? ¿Cuántas personas se requieren para tal o cuál desarrollo? ¿Qué calificaciones debe tener ese personal? ¿Cuánto debe ganar una persona con esas habilidades y destrezas?
 
Estoy convencido de que cerca de la mitad del personal que actualmente labora para el Estado es suficiente. Cada nuevo gobierno ha llevado a “su gente” (los que hicieron proselitismo a su favor), cuya especialidad era poner rótulos en los postes, mover gente a las concentraciones, motivar el voto a favor del candidato, pintar piedras… A los pobladores nos parece infame la práctica de poner a esas personas en cargos para los que no están capacitados. Los políticos, en cambio, encuentran natural que los contribuyentes se hagan vargo de sus cuentas. Quizá aún peor es que al terminar el mandato muchos de ellos permanecen en esos puestos. Por eso nadie sabe cuántos son, ni qué hacen, dando lugar a que proliferen las plazas fantasma.
 
El tercer paso, consiste en despedir a quienes resulten superfluos para el funcionamiento de un Estado ya reorganizado. El despido debe estar seguido del pago de las prestaciones que indica la ley. En menos de un año, el ahorro en la planilla superará al costo del pago de prestaciones. Una nueva y urgente Ley de Servicio Civil debe ser elaborada. Esta deberá buscar mejoras en los sueldos de los funcionarios, reglamentar las promociones y ofrecer certeza de permanencia a quienes muestren mejor desempeño.
 
Al llegar a este punto, se sabrá cuánto dinero necesita el Estado para funcionar adecuadamente. El cuarto y último paso de una reforma fiscal profunda, es el establecimiento de un esquema que simplifique los tributos y la forma de pagarlos. Saber qué es lo que el Estado debe hacer, cuánto cuesta, en qué va a invertir, cuántos empleados hay, cuánto deben ganar conforme sus conocimientos y habilidades…
 
Al llegar a este punto, se sabrá cuánto dinero necesita el Estado para funcionar adecuadamente. El cuarto y último paso de una reforma fiscal profunda, es el establecimiento de un esquema que simplifique los tributos y la forma de pagarlos. Saber qué es lo que el Estado debe hacer, cuánto cuesta, en qué va a invertir, cuántos empleados hay, cuánto deben ganar conforme sus conocimientos y habilidades…
 
Esa es la información que los contribuyentes precisan para consensuar con el Gobierno una reforma al régimen tributario del país. Sin ella, sin haber desarrollado un procedimiento semejante al planteado, solo se seguirá tratando de meras ocurrencias fiscales que, como en anteriores ocasiones, solo daño causaron.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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