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Mi Esquina Socrática

“Justicia” a lo Procónsul
Fecha de Publicación: 17/08/2016
Tema: Justicia
 
Guatemala en estos momentos es una nación-Estado acéfala.
 
Pero ese supuesto engaña pues en realidad seguimos con los mismos procónsules en el poder desde hace ocho años, muy en especial durante los últimos dos años.
 
La responsabilidad del Estado, con mucho la más importante de todas, es la de hacer justicia. Por lo tanto, ¿qué entiende el Procónsul de turno por “justicia”? Remitámonos a los hechos:
 
Ante todo, deberíamos deshacernos, según él, del estorbo de la soberanía nacional. Inclusive ya la declaró “la menor de sus preocupaciones”.
 
En segundo lugar, también ya se ha valido con éxito por varios años de sus dos peones más efectivos: la CICIG y el Ministerio Público.
 
En tercer lugar, cuenta firmemente con un Congreso de la República que le es sumiso, dado que sus dirigentes más influyentes les son “amigos” y huéspedes frecuentes en la Embajada.
 
En cuarto lugar, nadie ha visto por alguna parte que el Presidente electo haya dado siquiera muestras de haberse enterado de haber sido electo y, por consiguiente, se comporta como cualquier otro chapín que teme se le retire la visa para ir siquiera a visitar Disney World.
 
Así las cosas, la justicia según el Procónsul en primer lugar incluye encerrar en prisiones improvisadas a altos oficiales del ejército en situación de retiro sin que previamente hayan sido vencidos en juicio. Porque para el Procónsul el precepto constitucional de la presunción de inocencia también debe entenderse como nulo y vacío de contenido alguno.
 
Tampoco cuentan para él los tan cacareados “Acuerdos de Paz” y la amnistía consiguiente que fue acordada para todos los delitos políticos “y los comunes con ellos conexos”. Al fin y al cabo, tampoco parece importarles mucho a los guatemaltecos, sobre todo la violación a la ética profesional que todo eso entraña.
 
Ni que la delincuencia política de la década de los ochenta se manifieste de nuevo más fresca y lozana que nunca en las personas de ciertos activistas como Daniel Pascual y asociados. Además, los coterráneos del Procónsul en su mayoría no saben español, ni pueden localizar Guatemala en el mapa, y mucho menos cuando, encima, están distraídos por los Juegos Olímpicos y su propia campaña electoral.
 
Pero todo eso acaece en las altas esferas del poder putrefacto a la Clinton.
 
Bajemos al nivel del pueblo llano: El caso Casimiro.
 
Casimiro es un campesino de la etnia Mam. Un hombre sencillo, laborioso, responsable y padre de familia ejemplar.
 
Se asentaba en el caserío San Francisco, del municipio de San Pablo, San Marcos.
 
Para su desgracia en esta Guatemala rural de hoy, es, además, un hombre siempre respetuoso de la ley.
 
Esto dicho, un día, en septiembre del 2013, a las cuatro de la tarde, le valió que se hicieran presentes en su trabajo un atajo de rufianes a las órdenes de un vecino, un tal Fausto Sánchez, herramienta local del FNL, Frente Nacional de Lucha, de todos los cuales tengo fotos.
 
Le reprocharon a gritos supuestos nexos suyos con la hidroeléctrica local, Hidrosalá. Bajo el pretexto de que su esposa, Marilú, se había hecho presente a un evento informativo de la hidroeléctrica, y que él, además, ocasionalmente trabajaba para la finca La Argentina. Peor aún, que rehusaba a tomar parte en las manifestaciones “populares” contra la hidroeléctrica.
 
Ante la falta de cooperación por parte de Casimiro, el citado Fausto, con otros más, lo golpearon y amarraron, y lo subieron a un pick up con lujo de fuerza. Se lo llevaron secuestrado a una carceleta clandestina en el caserío Los Andes. Entre sus “custodios” figuraba Fausto Sánchez. De la carceleta, horas más tarde, una turba se lo arrastró a la escuela local. Aquella turba acarreada gritaba al unísono quémenlo y mátenlo.
 
Deliberaron entre sí y “concluyeron” que por no poder pagar Casimiro lo quinientos quetzales de “multa” que ellos le exigían, le condenaban a acarrear diez tareas de piedra del río. Y a cambio de no asesinarlo, le obligaron a firmar un acta donde se comprometía a acarrear la piedra y a nunca más trabajar para la finca La Argentina, propiedad de la hidroeléctrica.
 
Lo soltaron a la una de la madrugada y horas después hubo de comenzar a recoger piedras de un río en la vecindad que le supusieron cuatro días de esfuerzo para sacarlas y otros cuatro para llevarlas a hombros al lugar que el tal Fausto, y los demás, arbitrariamente habían ordenado, entre burlas y risotadas. A Casimiro hubieron de ayudarlo sus hijos menores de edad.
 
Más tarde, los mismos facinerosos procedieron a destrozar con violencia el equipo de la hidroeléctrica, y exhortaron groseramente a los empleados de la misma a sabotear el trabajo de la empresa que les proveía de empleos bien remunerados.
 
Meses después, a petición de Casimiro, el Ministerio Público intervino y el juez competente emitió orden de captura contra Fausto Sánchez y otros trece más, la que fue ejecutada en contra de Fausto y de uno más de ellos el 10 de diciembre del 2014, los demás se dieron a la fuga.
 
Tras declarar Casimiro en contra de Fausto Sánchez y los demás sindicados, una turba liderada por otro del mismo apellido Sánchez sacó a la fuerza a Casimiro de su casa, lo golpearon otra vez y lo arrojaron a un pozo. Horas después lo sacan y lo llevan a la escuela en el caserío Los Andes y lo obligan a firmar un acta donde Casimiro se compromete a pedir que liberen a Fausto Sánchez, ya iniciado su proceso judicial por secuestro y asociación ilícita.
 
De la escuela se lo llevaron atado ante una turba que le escupe y lo empuja con tanta violencia que cae varias veces antes de llegar a la finca La Argentina. Testigos relataron más tarde cómo Casimiro les pareció Cristo camino del Gólgota.
 
En la finca quisieron obligarlo a quemar la maquinaria. La turba empezó a quemar maquinaria, ranchos de los empleados, y la misma casa patronal, y aun a disparar, y herir, a uno de los guardias de seguridad de la finca. En el caos, Casimiro logró escapar. Después de varias horas de errar perdido en el bosque, los personeros de la finca lo hallaron y llevaron a un sanatorio local.
 
En defensa legal suya, intervino entonces, en marzo de 2014, la ex fiscal Gilda Aguilar, sobre quien ya publiqué unos comentarios a propósito de un grave atentado en contra suya por gente aparentemente ligada al CUC, que acaudilla Daniel Pascual, amigo sea dicho de paso, del Procónsul, según fotos hechas públicas en la Embajada de Suecia.
 
En el entretanto, ella ya había investigado otro caso de asalto a una hidroeléctrica en Barillas, Huehuetenango.
 
La licenciada Aguilar ha mostrado ser una mujer de veras extraordinaria. Profesionalmente muy escrupulosa y cívicamente muy corajuda. Ojalá contáramos con más émulos suyos en el Ministerio Público.
 
También bajo asedio y tribulaciones la licenciada Aguilar llevó a Casimiro al juzgado de primera instancia de Malacatán el 11 de agosto del 2015, a pesar del acoso de una activista canadiense infiltrada en el país, que le tomó fotos y hasta casi logra arrebatarle su teléfono celular durante la audiencia por la captura de Óscar Sánchez, sindicado por su cuenta del delito por el segundo secuestro de Casimiro Pérez.
 
A pesar de la brutalidad de sus acosadores y de las súplicas de su esposa, Casimiro persiste en su reclamo porque al fin se le haga justicia.
 
La justicia en “Guatemala” al día… a la sombra del Procónsul.