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Invitado de honor

Claudia Murga: Brexit: retorno a la soberanía
Fecha de Publicación: 09/07/2016
Tema: Política
Claudia María Murga Arroyave, tiene un postgrado en Derecho Comercial Internacional por The University Institute of European Studies, de Turin, Italia. Hizo un Master of Laws (LLM) in International and Comparative Law en Tulane University de New Orleans. Se graduó como Abogado y Notario en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.
 
El llamado nuevo orden mundial, que nada nuevo es ya, está cambiando otra vez. La salida tajante, inesperada de Gran Bretaña de la Unión Europea –UE– nos dejó a todos asombrados e incrédulos. Ante todo cuando todos los medios, abrumadoramente, apoyaban el “Remain” y por supuesto, como también lo hacía la clase política internacional, los académicos, los artistas… y las encuestas.
 
Entonces ¿Cómo explicar lo sucedido? ¿Qué pasó? ¡Pasó la democracia! El 52% de votos por salir de la UE, frente al 48% de votantes que preferían permanecer en ella. La ventaja lograda por los independentistas no fue apabullante pero, aunque modesta, sí suficiente para que, contra todas las predicciones y pronósticos, la opción por Brexit saliera vencedora.
 
Más asombroso aún es ver cómo, ahora, todos los inconformes insisten en descalificar un triunfo ganado en buena lid. Aducen que los ingleses son xenófobos o bien que por ser viejos decrépitos no supieron lo que hacían al votar; que arruinaron el futuro de los jóvenes y aseguran que ya se arrepintieron.
 
Llegan al colmo de manifestar que quienes emitieron voto a favor de salir de la UE, nunca entendieron lo que era esta y que, precisamente los que votaron a favor del Brexit, después de votar fueron a buscar en Google de que se trataba eso de la Unión Europea. Rayan en lo absurdo cuando pretenden descalificar el sistema democrático implicando que, como los tontos o ignorantes votaron erróneamente, debe hacerse un nuevo referendo…
 
Nadie puede negar el éxito económico y sin precedentes que significó para la Unión Europea abrir fronteras comerciales, eliminar barreras al comercio e integrar los mercados de los estados miembros; tampoco se puede poner en duda que tal liberación redundara en enorme beneficio para los países involucrados. Que dichas medidas hayan contribuido a la estabilidad de Europa durante varias décadas es innegable.
 
Sin embargo, en la Unión Europea de hoy, ya no se trata de abrir nuevas fronteras comerciales, sino de cerrarlas al mundo no europeo. Ni tampoco se trata, como antes, de eliminar medidas proteccionistas en cuestiones de integración. Ahora, las negociaciones ya no buscan eliminar barreras al comercio; por lo contrario, tratan de crear nuevas y complejas regulaciones con trasfondo proteccionista o bien, de favorecer a determinadas empresas o industrias.
 
Lo más importante a tomar en cuenta es que en la UE ya no se trata la libertad de comerciocon el mismo interés; ésta pasó a segundo plano. Hoy se trata de imponer políticas sobre otros temas, siendo el migratorio el más sensible. Y esa clara percepción fue la que, en gran medida, condujoal voto a favor de “Brexit” en la Gran Bretaña.
 
Tanto la Unión Política como la Constitución Europea fueron rechazadas en las urnas británicas. Sin embargo, la UE sigue avanzando hacia esa unión política que, paradójicamente, hoy pone en riesgo su integralidad. Sus políticos, cada vez más alejados de los votantes, crearon ese paraíso burocrático que es Bruselas. Allí,la élite política de la UE vive con impensables comodidades, lujos, sueldos más altos que los del propio Primer Ministro británico. Desde luego, sus funcionarios pagan menos impuestos que los ciudadanos europeos.
 
Bruselas es el sueño de cualquier político. Ellos no responden a sus votantes, ni son fiscalizados como sí lo serían en sus países natales. Sus cargos, en esos altos puestos son prácticamente vitalicios. Ocupan oficinas de lujo espléndido en los más bellos edificios de Bruselas. Desde allí, los alfiles de esta privilegiada casta, asignancuotas de pesca para los mares ingleses. O determinan los subsidios para la agricultura francesa. O deciden acerca de gastar miles de millones de euros para rescatar países fiscalmente irresponsables como Grecia. Lo peor, desde esas oficinas, esos mismos funcionarios, juegan a ser los diseñadores de una nueva sociedad que cada vez se vuelve menos libre.
 
Las ventajas del libre comercio intrarregional europeo conllevó un costo que, para más de la mitad de los británicos, resultó ser demasiado alto. Los pobladores del Reino Unido se rebelaron ante la limitación progresiva para tomar decisiones que antes pertenecían totalmente al ámbito nacional. Ellos optaron por la dignidad al rehusarse a seguir sacrificando la soberanía nacional.
 
Guatemala negoció un Acuerdo de Asociación con la UE que no paró liberando ni el banano, ni el azúcar. En cambio, el artículo segundo de la primera parte del acuerdo debe interpretarse como presiones para no poner en práctica la pena de muerte. ¿Qué tiene que ver la pena de muerte con el comercio? ¡Nada!. Pero desde años atrás, la UE desviada de sus propósitos originales, ha estado buscando imponer sus percepciones políticas a nivel interancional.
 
Hay tres temas o pilares en los que se basa dicho acuerdo: Diálogo Político, Cooperación y Comercio. La apertura comercial era lo que se buscaba inicialmente, el propósito fundamental del acuerdo. Pero este llegó atado a los otros dos temas que deben interpretarse como el costo político de negociar con ellos. La cooperación difícilmente forma parte del resultado deseado porque suele estar demasiado condicionada a estudios, asesores y compras con precios más altos.
 
Son millones los gastados en asesorías de consultores europeos y claro, con bases de licitación tan detalladas que casualmente hasta las mesas de oficina tienen que comprarse en Europa, porque solo cumplen proveedores determinados Europeos y cuestan mucho más que las mesas hechas en Guatemala.
 
En la Agenda de política exterior de la UE ya no importa mucho el comercio, importa mucho más aleccionarnos a nosotros: pobres países tercermundistas que no sabemos lo que nos conviene adoptar de las políticas que ellos creen ser las más convenientes para nosotros.
 
Considero que tanto para Guatemala como para el resto de Centroamérica, con el Brexit, se abre una oportunidad de negociar con Gran Bretaña un acuerdo superior al que tenemos con la UE. Podríamos, desde ya, concentrarnos en conseguir que se libere el comercio de aquellas mercancías donde somos más competitivos. No podemos darnos el lujo de dejar de ver a Brexit como la gran ventana de oportunidad que es y apuntarnos en la cola, que ya se formó, de países deseosos de negociar con la Gran Bretaña.
 
Después de todo, la UE ya cambió. Gran Bretaña intentó negociar con la burocracia de Bruselas, solicitó permiso para no otorgar tantos beneficios sociales a los extranjeros ya que su economía no podía más con la carga de sostenerlos. Bruselas le negó lo que desde años atrás venía solicitando. A los británicos que pagan esos impuestos se les colmó la paciencia y se enojaron. Eso pasó con el voto del 52% que optó por recuperar la soberanía y por el derecho de controlar sus fronteras.
 
 
   
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