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Teorema

Mr. President Trump
Fecha de Publicación: 10/05/2016
Tema: Electoral
 
El personaje central de la película Deadpool presenta el estereotipo de la concepción actual de un antihéroe. Desagradable, rudo, ordinario, feo, mal hablado… Además, muestra características antiéticas respecto de las del héroe tradicional. Sus principios morales son diferentes de aquellos que la sociedad reconoce como tales.
 
A mediados de junio 2015 inició la contienda electoral en Estados Unidos. Veinte personas manifestaron interés en postularse como precandidatos. Todos buscaban convertirse en el candidato republicano que se presentaría a las elecciones presidenciales de noviembre 2016.
 
Entre ellos, había nueve gobernadores, cinco senadores, un comisionado de IRS, tres empresarios, un pediatra y un productor de películas. En total, quince de ellos (75%) cobraban de los tributos que pagan los norteamericanos. La primera votación fue en Iowa, el 1 de febrero. Para entonces ya ocho se habían retirado. Los demás fueron renunciando poco a poco. Un mes después, para el Súper martes del 1 de marzo (hubo votación en trece estados), únicamente quedaban cinco candidatos, cifra que el 3 de abril se había reducido a solo tres candidatos.
 
En junio del año pasado, cuando se inscribió como candidato, Trump ya era un personaje conocido en los círculos financieros y en el mundo del espectáculo tanto por su programa de televisión “The Apprentice” como propietario de la franquicia de Miss Universo en cuyos eventos ocasionalmente participaba.
 
Dentro de las organizaciones de gobierno, sin embargo, era un novato. Su mayor proximidad con el gobierno fue por su amistad con Bill Clinton y su esposa Hilary, con quienes había colaborado financiera y socialmente en 1993 para que Clinton ganara la presidencia.
 
Cuando inició la campaña el año pasado, Trump fue objeto de burlas de los demás contendientes y de la prensa. ¿Qué hacía un multimillonario (posee unos 4 mil millones de dólares) en esa competencia? ¿Acaso pensaba que el dinero podía comprar la nominación presidencial? ¿Qué sabía él de política? ¿Cómo osaba entrometerse con lo más granado del estamento político norteamericano? Las bromas irónicas surgieron como por arte de magia en los periódicos, revistas, y en casi todos los programas televisados de entrevistas y comentarios.
 
Contrario a victimizarse, Trump respondía atacando todos los comentarios en contra suya. A cada golpe recibido respondía con dos, asestados con tanta o mayor dureza. También, sin ser provocado, explotó el espíritu contrario a la inmigración en Estados Unidos, principalmente contra mexicanos y musulmanes. Dentro de todo esto, introdujo en la política el “lenguaje no políticamente correcto”, para unos, un mérito, para otros un escándalo. El resultado fue que muy pronto empezó a ganar titulares y la gente a interesarse por él. Los medios le dieron el papel de villano al que se ajustó con suma facilidad para convertirse en el antihéroe de la contienda electoral. 
 
El pasado 3 de mayo, después de su victoria en Indiana, Donald Trump se convirtió en candidato único tras la renuncia de los otros dos contendientes. Cruz con 564 delegados, debía conseguir la totalidad de delegados pendientes (505) y alcanzar 1069, cifra insuficiente para aspirar a la nominación (1237 delegados). Pero dentro de ese escenario, Trump tampoco los alcanzaba y terminaba por debajo de él. Entonces, si ninguno satisfacía el requisito de mayoría (la mitad más uno), la decisión quedaba en manos del partido, y esa era una situación que le favorecía. Pero Indiana le dijo “nel”.
 
Ahora, a Trump le será muy fácil sobrepasar el número delegados que necesita. Hay toda una corriente triunfadora a su alrededor y no tiene contrincante. Tampoco necesita pelear con los mexicanos o con el sector femenino, grupos que le son adversos. La campaña conciliación con ambos grupos ya se inició, buscando acercamientos con Fox. Hoy, discutir sobre las posibilidad de que Trump pierda la nominación, resulta ocioso.
 
Ya como candidato del Partido Republicano, muy probablemente enfrentará, a la señora Clinton. Ella representará, también con mayor probabilidad, al Partido Demócrata. Creo que Trump derrotará ampliamente a la señora Clinton en las elecciones de noviembre.
 
¿En qué me baso para pensar así? ¿Por qué tanta seguridad?
 
Trump llegará sobre la cresta de una ola de triunfos, mientras que a Clinton le está costando alcanzar la meta. Además, tiene varios procesos judiciales abiertos en contra suya. Los dos principales (pero no los únicos) tienen que ver, uno con 68 millones de dólares recibidos por la Fundación Clinton. El otro, con correos electrónicos suyos, que contenían la lista de  agentes de la CIA nacionales y extranjeros, en la nómina de la agencia de espionaje. "Es una sentencia de muerte", afirmó “The Observer” y agregó: "Si tenemos suerte, solamente agentes extranjeros, y no nuestros oficiales, podrían morir a causa de esto." ¡Qué desfachatez!
 
A diferencia de los guatemaltecos, los norteamericanos gustan de los ganadores y miden el triunfo a través de la riqueza que hayan conseguido acumular. Aman a los empresarios, tanto así, que el sueño norteamericano consiste en convertirse en uno de ellos. Trump siempre ha entendido eso y exhibe su riqueza, exagerándola incluso.
 
Trump fue amigo cercano de los Clinton desde antes de 1993. Conoce muchas intimidades de la familia y de los acontecimientos acaecidos durante su gobierno. Aun cuando no la use, se trata de un arma poderosa que la señora Clinton buscará evitar. Ella lo conoce como amigo y ciertamente no desea conocerlo como enemigo.
 
El Partido Republicano se ha mostrado dividido en contra de Trump. Algunos de sus principales dirigentes se han expresado negativamente sobre quien será su candidato. Eso significa pérdida de soporte partidario. Pero en el anverso facilita incorporación de partidarios del Partido Demócrata a su favor. Numéricamente, esto fortalece a Trump al tiempo que debilita a Clinton.
 
Trump ha mostrado ser un magnífico administrador de sus recursos de campaña. Viniendo desde atrás, ha conseguido mucho con menos dinero que Clinton. La apertura hacia Cuba, la visita del Papa, poca publicidad a las deportaciones, programas como el de ayuda al triángulo norte de Centro América, y otros muchos actos de apoyo a Clinton por parte de la administración Obama, parecen haber sido poco efectivos.
 
En cambio, los múltiples desaciertos del presidente, las veces que Putin lo humilló públicamente, no haber clausurado la cárcel en Guantánamo, el creciente uso de drones, no haber intervenido militarmente en Siria, haberlo hecho en Libia, haber pactado con Irán, el Medicare y muchos otros grandes errores internos y externos no los desvanece un presidente cantando “Sorry”. ¿Qué pasaría si le llegara otra oleada de niños migrantes?
 
El hartazgo de los norteamericanos con su enorme burocracia, su insaciable IRS y la corrupción estatal que allí abunda casi tanto como aquí, debe ser casi tan grande como en otros países. Acaso no difiere de la aversión de los españoles, franceses, ingleses, alemanes, italianos… hacia el Parlamento Europeo y hacia sus respectivos gobiernos. Los argentinos eligieron a Macri en vez de votar a la señora Kirchner; los brasileños se empeñan en sacar a la señora Rousseff; los peruanos votaron a la señora Fujimori; los venezolanos tienen acorralado a Maduro. Los bolivianos se han vuelto intolerantes contra Morales y en Guatemala, Pérez y Baldetti guardan prisión. ¿Por qué habrían de ser diferentes los gringos?
 
Creo que el gobierno de Guatemala y las instituciones privadas que operan en el país debieran estar, desde ya, convocando a sus allegados más preparados e inteligentes, los de mayor colmillo político, para analizar la muy probable presidencia de Donald Trump quien estaría asumiendo el cargo, a partir del 20 de enero de 2017. Sería penoso que nos limitáramos a hacer una celebración pública fastuosa por la partida del embajador Robinson cuando lo trasladen, posiblemente a Tanzania, Uganda o la República Democrática del Congo.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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