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Teorema

¿Escribimos la historia?
Fecha de Publicación: 31/05/2013
Tema: Historia

 

Antecedentes

Se dice que el conocimiento se encuentra disperso en la sociedad y en una de sus clases, Willy Forno hizo un experimento buscando demostrar ese precepto. Identificó un tema del que todos sus alumnos en la clase sabíamos algo, unos muy poco, otros más, pero ninguno siquiera la mitad. Bajo su dirección, entre todos armamos la historia completa.

Eso es lo que está atrás de este experimento. El tema es el período de nacimiento auge y finalización de las actividades guerrilleras en Guatemala. Primero, escribí una historia muy simplificada, solo con las pinceladas básicas de lo sucedido. La hice con lo que guardaba mi recuerdo, sin recurrir a documentos y otras referencias escritas. Traté de ser justo, pero sabía que era un intento vano. Hay mucho de por medio. Las vivencias propias y ajenas adentro de uno dejan huellas que dificultan la ecuanimidad.

Me reconozco novato en el tema histórico, desconocedor de las técnicas y procedimientos que emplean los historiadores. Pienso que a diferencia de estos, los legos solo necesitamos un poco de atrevimiento y fiarnos de la memoria, que ha registrado todo lo vivido, visto, leído… Lo que ha percibido y nos ha impactado. Pero la memoria puede ser una traidora. Se la distingue por su condición de pérfida.

Resuelvo esta dificultad ubicando a varias personas con un alto nivel académico,  ellos deberían, además, haber vivido cuando sucedieron los acontecimientos. Otros por tener conocimientos especializados alrededor de los mismos. Evito a quienes hayan sufrido esa guerra directamente. Les explico el propósito y les pido participar agregando pasajes que yo no conocía o señalando inexactitudes en lo escrito. Les envío el documento y me pongo a esperar…

En tanto, advierto que muchas de las referencias escritas, en su oportunidad  tuvieron el mismo problema y quienes las escribieron acaso solo fueron más audaces, o más irresponsables, al afirmar con énfasis algo que solo revoloteaba en su recuerdo... También está la obra realizada por historiadores serios. Ellos son prolijos, profilácticos, necesitan un documento que dé apoyo a cualquier afirmación, antes de escribirla. Sus libros están llenos de nombres, fechas, referencias, muchas referencias…

Pero por lo general la gente evita la lectura de textos formales y las obras disponibles no siempre son de historiadores serios. Muchas veces, demasiadas veces, son de novatos que se hacen pasar por historiadores y aún peor, de profanos que escriben a propósito y a sabiendas, lo que no fue. De legos que por intereses ideológicos cambian los hechos y ocultan lo que no les conviene, como si la historia fuera cosa de conveniencias particulares o de grupos. Ellos no tienen equivocaciones ni malas percepciones, tienen intereses.

La espera fue retribuida con unos pocos que decidieron entrarle al proyecto. Afortunadamente, uno de ellos fue el connotado historiador Carlos Sabino, quien generosamente leyó lo que yo había escrito y calificó mis oraciones como a) exactas, b) no, no fue así, fue de tal manera… o c) agregando fechas o completando mis razonamientos y aportando algunos puntos de vista suyos.

Me dió mucha tranquilidad tener el visto bueno suyo. Por otro lado, con la orientación que me había proporcionado Carlos, cambié aquello con lo que él no estaba de acuerdo e incluí absolutamente todos sus comentarios e indicaciones. Rehíce gran parte del original y se lo reenvié con mucha aflicción, sabiendo que abusaba de su generosidad.

La guerrilla nace con el alzamiento militar del 13 de noviembre de 1960. Entonces, yo recién había cumplido 15 años y no me enteré de nada. Estaba por iniciar el bachillerato en un colegio evangélico de Quetzaltenango y mi memoria registra absoluta ausencia de referencias a ese hecho. Estoy convencido de que ninguno de mis condiscípulos estaba al tanto. Sin embargo, en colegios católicos como el Javier y el Monte María, estudiantes de la misma edad ya recibían información  y adoctrinamiento no solicitado.  Yo me enteré hasta que empecé a estudiar ingeniería en la USAC, en1963.

Mi primer semestre en la Universidad fue sumamente convulsionado por las protestas que apoyaban los grupos estudiantiles y que terminaron con el derrocamiento de Ydígoras Fuentes. Los años siguientes fueron de leer periódicos, escuchar noticias, ver el único telenoticiero de la época y discutir, principalmente discutir mucho, especialmente con otros estudiantes, sobre lo que sucedía.

Creo que para apreciar en su justa dimensión lo acontecido durante 1982, por ejemplo, y tener alguna capacidad para analizarlo y sacar conclusiones válidas, uno habría debido contar con por lo menos 10 años de antecedentes vivenciales (o haber estudiado formalmente los textos que lo referían) y haberlo hecho teniendo al menos 17 años de edad. Eso conduce a personas que habrían nacido en 1955 o antes, quienes ahora tienen una edad de 58 años o más, lo que comprende a solo 8.6% de la población. Si tomamos en cuenta la ruralidad de entonces, podemos afirmar con certeza que quienes vivimos esa historia somos menos que 8% de la población actual. El restante 92% la habrá leído en libros, folletos o las crónicas que eventualmente publica la prensa escrita.

Entonces, los testigos presenciales del conflicto, en sus inicios, por razones etarias, somos pocos, demasiado pocos. Alrededor de 1 de cada 15 guatemaltecos tenemos vivencias adultas de lo acontecido. Y eso nos causa cierto compromiso de dar testimonio a los más jóvenes de lo que nos tocó presenciar en esos momentos, directamente o por los medios de comunicación. Pero el recuerdo falla cuando la impresión no es profunda.  

Por ejemplo,  durante los 5 gobiernos sucesivos que fueron presididos por personas con formación militar, entre 1970 y 1985, quienes lo vivimos tenemos mejores recursos nemotécnicos que quienes sólo lo conocieron por referencia oral o escrita. En cambio, quienes vivieron el terremoto de 1976, aun siendo niños entonces, lo recuerdan porque su impacto fue emocional, muy fuerte. Pero recordar lo que haya hecho o dejado de hacer Romeo Lucas como Presidente del Comité de Emergencia durante ese siniestro, eso son otros 10 pesos.

Entonces, es muy difícil para la mayor parte de la población dimensionar adecuadamente la amenaza comunista  y la situación de destrucción física y social que a largo plaza significaba. Desde luego, hay que exceptuar a los estudiosos de esos temas, cuyo conocimiento no puede ser invalidado por razones de edad. Pero ellos son aún más pocos y no llegan a cambiar ese 8%.

Aún para ese reducido porcentaje, evaluar a Ríos Montt resulta difícil. Por un lado está su historia en el siglo pasado, donde hay luces, como la de su negado triunfo en las elecciones de 1974. También en 1982, cuando siendo Jefe de Estado consiguió detener la amenaza subversiva y sanear las finanzas, así como reducir la corrupción que ya había alzado vuelo en el gobierno de Lucas.

En cambio en este siglo, posiblemente lo mejor que hizo fue su discurso ante el sesgado tribunal de la juez Barrios. Así, para la enorme población con menos de 50 años, necesariamente lo que más pesa es la imagen del político del FRG, que se autonombró presidente vitalicio del Congreso por 4 años, en los cuales no hizo sino apañar al nefasto gobierno de Portillo. Al hombre que fue la razón del Jueves Negro o al padre que hace general a un hijo que termina enfrentado cargos por robo, pero merced a las influencias de su padre es intocable...

En Pi, tratamos de mantener los artículos dentro de cierto límite. Por favor lea la continuación, sub titulada La Historia, dentro de dos 

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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