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Invitado de honor

Pedro Trujillo: Lección inaugural (Tercera parte)
Fecha de Publicación: 21/02/2016
Tema: Valores
 
Esta es la tercera parte y final de la Lección Inaugural dictada por el doctor Pedro Trujillo Álvarez al inaugurar el ciclo lectivo de la Universidad de Occidente en la ciudad de Quetzaltenango.
 
Si yo fuera joven, promovería un clima de respeto. Vería al otro -sea quien sea- como engranaje de un sistema que debe funcionar a la perfección y no como subordinado o superior con los que no me puedo tratar. Fomentaría las relaciones humanas como lubricante para que el sistema sea más eficiente y genere oportunidades para todos. Alentaría la sana discusión, el aporte de ideas, compartiría las inquietudes y los problemas y promovería actitud crítica.
 
Si fuera joven, no me haría viejo antes de tiempo. Eso que se denomina juventud es una actitud mental, de corazón y de comportamiento, más que de edad. Estaría permanentemente en contacto con otros jóvenes, me inyectaría de su entusiasmo, vestiría a la moda e incluso me atrevería a peinarme de forma peculiar, y no me importaría utilizar palabras de esas que como cool, prepi, chilero, virgo y otras que suelen estar de moda. Total, el lenguaje es algo vivo, en permanente evolución y no está sujeto a parámetros inamovibles.
 
¡Soñaría con conocer el mundo! Sea esa parte lejana que solamente vemos por internet o el próximo y local que está cerca de casa y solemos ignorar. La curiosidad es precisamente una virtud juvenil y quien la pierde queda anclado en el tiempo.
 
Procuraría salir de viaje, conocer gentes y lugares diferentes y extraer lo mejor de los demás para enriquecerme. Daría lo que tengo, e iría descubriendo eso que denominados la verdad, que nadie tiene y que creo que no es más que una excusa para seguir buscándola toda la vida a través del estudio, la experiencia y sobre todo la permanente curiosidad. Evitaría encerrarme en una burbuja pensando que todo lo demás no existe, no es lo bueno que yo quisiera o, sencillamente, ignorando que el mundo es más grande que mi cuadra, mis amigos, mi familia o mi casa. Los de mi generación pudimos ver aquella película de Rebelde sin causa; la versión moderna que les propongo para ustedes sería que hagan realidad con sus vidas la de Rebeldes sin pausa.
 
Si yo fuera joven, desearía tomar mis propias decisiones. Es más, las tomaría con la responsabilidad que conllevan. La vida es una dinámica permanente de toma de decisiones y cuanto más entrenados estemos, mucho mejor para poder enfrentarla y ser exitoso.
 
Si fuera joven, pensaría que ese estado no es eterno y que si algo es implacable es el tiempo. Otros jóvenes que hoy no están aquí presentes, cantan en la escuela canciones de pollitos, patitos y granjeros, pero en pocos años ocuparán esas sillas que utilizan hoy y pensarán igual que ustedes piensan. Querrán ser exitosos, tal cual ustedes añoran y serán quienes les vean como dinosaurios, tal cual ustedes me ven a mi. No hay que olvidar ese proceso, porque es inevitable.
 
Piensen en ellos, en los que les siguen. Trabajen por dejarles algo mejor de lo que nosotros hemos hecho por ustedes. Aporten un valor agregado a la sociedad, a la justicia, a los valores, a la libertad. No hereden a sus hijos un país de corruptos, donde la justicia no funciona, donde la política es de corto plazo y pujante beneficio y en el que la ética parece que se quedó en el área internacional del aeropuerto de La Aurora. En pocos años serán felices viendo a otros jóvenes integrarse en una sociedad mucho mejor, sin violencia, sin robos ni asaltos, sin crímenes, y donde el uso del bus o del celular no constituya un motivo para ser asesinado.
 
Si yo fuera joven, viviría de pie a cualquier precio más que de rodillas con riqueza artificial. No me doblegaría a nadie ni a nada. La corrupción estaría descartada automáticamente de mi vocabulario y despreciaría a quien la practique. La ética comienza por uno mismo y no es preciso esperar a que los demás lo sean para comenzar a serlo. A largo plazo los principios y los valores son los que enriquecen.
 
Yo, que todavía me considero joven, intento conducirme con el código que les acabo de transmitir. No siempre funciona, pero creo que es lo mejor que tengo y no pienso cambiarlo.
 
La vida, lejos de ser un paseo por autopista de varios carriles, suele convertirse, en ocasiones, en una travesía por el desierto, un mar sin islas o un camino empedrado. Recuerden que la revolución para superar obstáculos, inicia dentro de nosotros.
 
El tiempo que nos mantenemos en la Tierra, da para todo. En ocasiones, para repetir muchas cosas, errores incluidos. Es por ello que la prisa no es la mejor consejera y se requiere de paciencia, reflexión y juicio para tomar las mejores decisiones.
 
Hoy es el inicio de un nuevo recorrido. Un título no sirve de nada si no hay tras él una personalidad formada, como la de ustedes. Los felicito por ello, al igual que a sus papás y maestros, en el fondo quienes comenzaron este proyecto y son parte esencial de él.
 
Sé que para muchos las matemáticas no es la asignatura preferida, pero hagan esta simple multiplicación. Aquí en este salón puede haber unas 200 personas. Dicen que cada uno puede conocer en su vida a una media de 1000 personas. Multipliquen ambos números y piensen que cada persona a su vez conoce a otras tantas y las influencia positivamente. Al final, si hacen las cuentas, habrán podido cambiar Guatemala varias veces en el transcurso de su vida.
 
¡Eso se llama trascender con liderazgo!
 
Inicien con decisión y entusiasmo el camino que hoy emprenden o continúen con mejores propósitos el que pudieron iniciar hace unos años. Vengan a la Universidad a divertirse, a reír en cada posible ocasión y a disfrutar con el aprendizaje. Sean jóvenes libres y valientes y no duden
 
¡Que se puede! y que nada, por inmenso que sea, es capaz de frenar la decisión serena de personas como ustedes.
 
Podría decirles algunas cosas más, pero creo que no hay que abusar de la paciencia y confianza que depositaron en mí ni hacérselo muy largo para que el aburrimiento les haga olvidar las principales ideas. Por tanto, finalizo felicitándolos en este día por haber elegido la Universidad de Occidente para diseñar su futuro.
 
Diviértanse, pásenlo bien, sean libres, desafíen al mundo, sean valientes, no callen lo que crean que deben decir, enfrente a quien haga falta, sientan el entusiasmo que les invade, proyecten su ilusión y carácter, fórmense continuamente, sean líderes, pero no en el futuro, sino desde ahora, en el presente.
 
Sonrían..., es decir, continúen siendo ¡jóvenes! La búsqueda de la juventud ha sido un reto que todas las civilizaciones han tenido y en la que todas fracasaron ¿Saben por qué? porque todos deseaban continuar siendo jóvenes ya que habían entendido donde estaba el potencial de cambio y la capacidad para llevarlo a cabo.
 
No se dejen engañar. Son lo mejor que tiene el país. Son el presente, pero también forman parte del futuro. Regálense hoy, el resto de sus vidas.
 
Muchas felicidades a todos.
 
Gracias
 
 
 
   
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