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Carta a Pi
Fecha de Publicación: 25/01/2016
Tema: Piel adentro
 
Pi, Plaza de Opinión, desea comunicar a sus lectores que nuestra querida autora Jenny Gularte de Asturias sufrió un accidente cardio vascular (derrame) en el lóbulo superior derecho. Pese a haber dejado ya las instalaciones de El Pilar, aún se encuentra en estado muy delicado. Sus apenados hijos Leonor y Carlos enfrentan la adversidad con entereza. Responden con máximo amor y abnegación a lo mucho que han recibido de ella  y lo que significa en sus vidas. Dejan en manos de Dios el destino de los tres.
Antes de enfrentar su actual situación, Jenny nos había enviado este artículo:
 
He tenido el deseo de escribir sobre lo que Significa Pi, Plaza de Opinión para mí. Lo hago hoy, para no dejarlo para después. Anticipo lo mucho que me va a costar encontrar las palabras que expliquen cuánto representa Pi —como solemos abreviarlo— en mi vida, a esta avanzada edad. Es una tarea difícil, pero ya antes he enfrentado grandes obstáculos y he aprendido a caminar por encima del temor. Además, creo que cuento con la condescendencia que viene del aprecio que repetidas veces me manifestaron los lectores.
 
Deseo explicar, que no creo que se trate de una valoración personal. Pienso que muchos de los autores que publicamos en Pi lo que escribimos, pensamos y sentimos de la misma manera. Resulta que tener la posibilidad de expresar nuestra opinión, que esta llegue a lo más selecto de nuestra sociedad  y que sea apreciada tiene un significado profundo. Muchas gracias a usted, preciado lector.
 
Volviendo un poco atrás, hace dos años, en noviembre 2013 de forma casual y afortunada llegue a Pi. Digo afortunada, porque hacía ya varios años, que trataba de dar a conocer todo eso que llevo adentro. Me veo como un puente que ha visto correr mucha agua, como el acero de una espada que estuvo en muchas guerras. La mía es una voz que, como la de  otros, quiere expresarse, denunciar lo que es perverso, elogiar los actos nobles e implorar por un futuro digno para nuestro país.
 
Antes de Pi, llamé a muchas puertas pero ninguna se abría. No creo que sea difícil entender lo que se siente, cuando a mi edad (96 años), veía el tiempo pasar y sentía cómo las palabras se agolpaban en mi garganta sin poder decir a mi Guatemala cuánto la amo y señalar la ingratitud de muchos políticos que le causan daño.
 
Antes de 2013 había participado en cuanto certamen encontraba, dentro y fuera del país, les había enviado mis poesías, las novelas y los cuentos para niños que escribí. Casi siempre obtuve resultados negativos. Afortunadamente contaba con el respaldo de mis hijos quienes nunca dejaron de mostrarse dispuestos a darme su apoyo.  
 
A pesar de eso, bastante desalentada, llegué a perder la motivación y contuve mi necesidad de comunicarme con los demás. Tener más de 90 años y sentir rebeldía ante la perspectiva de sentarse a tomar el sol después del desayuno mientras llega la hora de almorzar, no es una situación fácil de manejar. La forma como está organizada la vida me estaba ganando.
 
Dedicar cada hora de cada día de lo que queda de vida a esperar mansamente el siguiente amanecer hasta la llegada del último era muy difícil para mí, que siempre fui un tanto rebelde. Pero me abandoné un poco, perdiendo la motivación. Como nunca aprendí a vivir sin hacer nada, regresé a la alta costura, la peluquería y la jardinería, cosas que manejo muy bien. Me refugié en la lectura, me enorgullece tener completa la colección de Selecciones del Reader’s Digest desde su primer número —diciembre de 1940, editada en Cuba— hasta la fecha.
 
En 2013, hubo un cambio en mi vida. La SAT premió dos cuentos infantiles de mi autoría y Corporación de Noticias honró un cuento y una poesía míos. Tuve un agradable encuentro con Jimmy Morales, que ya relaté antes, y sucedió mi primer encuentro con Pi. Esto último, aconteció un día de noviembre de 2013. Las cosas sucedieron como suele pasar. Casi sin darme cuenta, de pronto me vine a encontrar formando parte de su grupo de autores.
 
De inmediato me sentí apreciada y valorada. Mi edad dejó de ser obstáculo para convertirse en ventaja. Recibí cariño, respeto, comprensión y ayuda para alcanzar sus altos estándares. Supe que pertenecía a un grupo muy humano y privilegiado. Contaba con un medio donde podía exponer mis ideas y recibir de nuestros lectores sus motivadores comentarios. Mi vida había cambiado, volví a sentirme útil, mi dignidad estaba a salvo.
 
Quiero terminar este nostálgico paseo, que aconteció entre las palabras, los pensamientos y los artículos, agradeciendo a quienes hicieron que eso fuera posible, por haberme apoyado y favorecido que mi mundo cambiara. Es una alegría muy grande recibir los apapachos de mis lectores, quienes me consienten y me felicitan. Algunos me buscan para saludarme personalmente; como que saben que soy la mayorcita.
 
Así, queridos amigos lectores, cierro en nombre de mis hijos Haroldo Rodríguez Asturias, Alex Rodríguez Asturias —ya en el cielo— Carlos Gularte Asturias y Leonor Gularte Asturias de Gutiérrez, dando gracias los autores de Pi, con quienes he compartido esa aventura propia de quijotes. Ellos, como decían antes los patojos, son verdaderos cuates. También a mis lectores, muchas gracias por su benevolencia.
 
¡Salud Pi!
 
¡De pie mi Guatemala inmortal, de pie!
 
Muchas gracias a quienes reenvían los artículos de Pi o los distribuyen por las redes sociales. Si usted no lo hace, por favor considere unirse a ellos. Si desea hacer un comentario, este será bienvenido en JennyGulatrte@Yahoo.com
 
 
 
 
 
 
   
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