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Teorema

Toma de posesión
Fecha de Publicación: 18/01/2016
Tema: Política
 
El evento más esperado del pasado jueves 14, indudablemente fue el discurso de toma de posesión (https://www.youtube.com/watch?v=zdYx5PmCkrg) de Jimmy Morales como 50vo presidente de la República de Guatemala. El segundo lugar quizá lo ocupó la presentación de su gabinete. Este, sin embargo, ya había sido anticipado por la prensa y aunque se sabía que era especulativo, la expectativa era menor.
 
Nunca había escuchado un discurso formal de Morales. Mi conocimiento se reducía a los foros presidenciales en los que le vi participar junto a otros 13 candidatos. De entonces, no hay nada que valga la pena destacar. Como otros, también temía que el presidente electo le quitara solemnidad al acto, pero no fue así. El presidente Morales pronunció su discurso de manera con una pulcritud que rayaba en solemnidad. Debió causar muy buena impresión en todos, especialmente en los más prejuiciosos entre los invitados internacionales.
 
Entiendo que el análisis del discurso político es una especialidad que muy pocos, si alguno, de nuestros conciudadanos maneja profesionalmente. Sin embargo, inmediatamente después de que el Presidente pronunciara el suyo, cuando en el Teatro Nacional aún se estaba en las despedidas proliferaron los analistas. En los medios de comunicación, en las casas, los cafés… se le censuró por la entonación, el contenido, la duración y todo lo imaginable.
 
Mi capacidad de análisis, inferior a la de otros, me llevó a concluir que el discurso de Morales fue excelente. Acaso el mejor entre los doce que escuché anteriormente (contados a partir del que pronunció Julio César Méndez en 1966) fue el de Morales. El de Serrano fue muy bueno asimismo el de Arzú, quien compensó su poca habilidad oratoria con un discurso bien estructurado. Contrario a lo que se esperaba, el de Portillo fue francamente malo, casi tanto como el de Berger, pero los hubo peores.
 
Como muchos, supongo, vi el acto de toma de posesión, por la televisión. Cuando lo hice, pensaba lo diferente que habría sido, si en lugar de Morales quien asumiera fuera la señora Torres. De haber sido así, hubiera tenido certeza de que nada podía cambiar. Que estábamos condenados a caer aún más. Ahora hay una posibilidad, acaso tan grande como queramos verla de que Guatemala pueda convertirse en el país que soñamos. Un punto de partida donde antes ya hemos estado repetidamente.
 
También se me pasó por la mente pensar: ¿Y si fuera Baldizón quien estuviera en el podio? ¿Qué posibilidades habría tenido nuestro país entonces? Estoy seguro de que no hubiera soportado ver una investidura así. Por eso me permito sugerir al estimable lector de estas líneas, en caso no le termine de gustar Morales, que piense que pudo ser mucho peor.
 
Dentro de cuatro años, Morales estará presenciando la toma de posesión de quien habrá de sucederle. ¿Habrá conseguido lo que propuso en su discurso? ¿Habrá logrado una buena parte? ¿O será abucheado, como lo fue Cerezo? ¿Estará en la cárcel bajo sindicaciones criminales como ahora lo está Pérez? Ojalá no sea así. Formulo votos porque dentro de cuatro años la gran mayoría de conciudadanos consideremos que el Presidente hizo una magnífica labor.
 
Esa esperanza, no está relacionada con el bienestar de Morales sino con el de todos los guatemaltecos. Porque no es la conveniencia suya lo importante; lo sustantivo es la conveniencia de todos. Porque todos querríamos que en cuatro años el país hubiera florecido. Que en lo posible nuestras carencias se hubieran reducido. Que hubiera disminuido la desnutrición crónica en esa ambiciosa meta de 10% planteada por el Presidente.
 
Quisiéramos que hubiera más, mucho más empresas, productos y ofertas de empleo. Más gente trabajando, cobrando mejores salarios y adquiriendo una vida más confortable en nuestro país. Que por esa vía, el fisco recibiera mayores ingresos y prestara mejores servicios de salud y educación a los habitantes. En suma, que Guatemala estuviera mucho más cerca de ser el país que queremos.
 
Para que sea así, es evidentemente necesario que Morales sea exitoso. Si no lo es, si terminara en la cárcel por ejemplo, el país habría terminado de hundirse. Un gobierno corrupto más es algo que el Estado no podría soportar. Entonces, razonaba frente al televisor, ¿qué podemos hacer los ciudadanos para conseguir que nuestros mejores propósitos se realicen? ¿Debemos acaso oponernos a las acciones del gobierno de Morales, electo con indiscutible legitimidad? ¿Debemos vaticinar que caerá antes de 6, 12, 24 meses como han hecho algunos? O por lo contrario, debemos apoyarle y confiar, hasta donde nos sea razonablemente posible, en que sus decisiones serán las correctas.
 
El gabinete está formado principalmente por personas que han estado ausentes de los medios de comunicación y que por lo mismo, nos resultan desconocidos. Personalmente, me gustaría saber que atrás de cada ministro hay un grupo de personas notables aconsejándole. Pero la ausencia de ellos no implica que los seleccionados sean incapaces, corruptos o perversos. Ojalá entre ellos haya más de uno que en el futuro adquiera condiciones de notabilidad.
 
 
Si uno confiere credibilidad a lo dicho por el presidente Morales, entonces puede esperar grandes cambios. En una entrevista publicada en Prensa Libre el domingo 10 de enero, expresó: En educación, queremos generar una transportación importante a la tecnología. Durante el primer año va a estar complicado, pero vamos a trabajar todo un proyecto para poder tener, en el siguiente año, un programa piloto en 44 municipios, en donde tengamos una tablet por cada niño.
 
Para mí, esa declaración representa el primer paso firme, en toda nuestra historia, para resolver el problema de la educación de los guatemaltecos. La tecnología puesta al servicio de los niños y de los jóvenes en nuestro país puede hacer mil veces más que nuestros métodos de educación actuales, que poco difieren de los empleados hace cien años. Además, la tecnología no hace huelgas, ni plantones, ni se deja guiar por cualquier Joviel Acevedo. Cuarenta y cuatro municipios de más de 300 es una buena cifra para empezar. Ojalá la distribución de las tablets priorice a favor de los más pequeños, los del primer grado de primaria, por ejemplo.
 
Morales también planteó la meta de reducir la desnutrición crónica en 10% (esto es, 2.5% cada año, en promedio). Ojalá pueda decir: ¡Meta superada! Y si no, que al menos sepamos que agotó hasta el último esfuerzo para alcanzarla.
 
Una de las frases más aplaudidas de su discurso fue: Hay de aquel que con ciega locura, los dineros del pueblo pretenda robar, porque seremos drásticos y severos. También dijo: Me comprometo a vivir una vida de honor, sacrificio y esperanza… Y esta otra: Llegaremos a un 6% de crecimiento en la economía, solo trabajando juntos. Y esta: No toleraré la corrupción y el robo, lo vamos a cumplir desde el primer día.
 
El punto más alto de su discurso sucedió cuando citó a Monterroso: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Para luego agregar: Estoy seguro de que en nuestro despertar no queremos encontrar todavía allí al dinosaurio de la corrupción. Ni al dinosaurio de la forma tradicional de hacer política. Ni al dinosaurio de los pleitos manufacturados o recalentados por quienes pretenden ganarse la vida dividiendo a los guatemaltecos. Confío que la señora residente del Sistema de las Naciones Unidas en Guatemala, Valery Julliand, presente en el acto, haya prestado mucha atención a esta última parte.
 
La última frase del discurso de toma de posesión del Presidente Morales que quiero destacar y a la cual pienso ceñirme las próximas semanas que ojalá se conviertan en meses y años es: No nos resignemos más al pesimismo.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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