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Teorema

Salarios diferenciados
Fecha de Publicación: 09/01/2016
Tema: Economía
 
Qué es mejor: ¿Recibir un salario de dos mil quetzales o buscar un trabajo que pague dos mil quinientos? ¿Y si el trabajador ya lleva un año en inútil búsqueda? ¿Acaso conviene más emigrar a otra población para “presentar papelería” en busca de esos dos mil quinientos, dejando atrás esposa e hijos y condenándose a vivir sin ellos?
 
Me pregunto también, si es posible argüir sobre este tema desde los dominios de la razón, sin ser señalado como poseedor de perversos intereses ocultos y sin la tentación de adjudicar inclinaciones oficiosas a quienes piensen de manera opuesta. ¿Es concebible plantear argumentos circunscritos dentro del respeto mutuo y en ese marco, privilegiar la verdad y buscarla incesantemente? ¿Con terquedad? Espero que sí. De lo contrario seguiremos siendo un país atrasado.
 
Masagua, Escuintla. El municipio se fundó en 1825. Situado a 100 metros sobre el nivel del mar, tiene un clima cálido. Su riqueza hídrica (la atraviesan 19 ríos) no ha sido explotada. Jaguar Energy instaló en Masagua la que, cuando funcione a plenitud, será la mayor planta de generación del país. Si algún día se retoma el proyecto de sacar La Aurora de la capital, Masagua volverá a ser candidato fuerte para que un nuevo aeropuerto internacional se instale en su territorio.
 
Por eso es difícil entender a Masagua como un municipio donde predomina la pobreza. Uno donde la inmensa mayoría de sus habitantes, unas 13,000 familias, vive rodeada de pobreza y carencias. Cómo entender que allí no existe una actividad industrial importante y que el empleo se limite principalmente al que proviene del corte de la caña de azúcar, que solo dura unos cinco meses por año.
 
Estanzuela, Zacapa. El municipio fue fundado en 1769 por la Corona Española y habitado por familias de esa descendencia. Es uno de los municipios con menos población indígena en el país. Entiendo que fueron los ladinos, sefarditas nacidos en España y perseguidos por asuntos religiosos durante la Inquisición (SXVI) quienes al llegar a Guatemala se instalaron en nuestro “Cercano Oriente”, Estanzuela incluida. Hoy, unas 2,600 familias descendientes de aquellos habitan allí.
 
Posiblemente el principal distintivo de Estanzuela sea el Museo de Paleontología y Arqueología que exhibe el fósil de un magnífico mastodonte, muerto hace 50,000 años y el de un perezoso gigante así como otros especímenes. Su vida cultural incluye una revista que se publica una vez al año, debido a sus limitaciones económicas. Una fábrica representaría una permanente inyección de dinero a esa pequeña comunidad, nuevas posibilidades, capacitación, otras perspectivas…
 
Guastatoya, El Progreso. Es la cabecera del departamento y tiene una población próxima a 6,000 familias. Cinco ríos y 30 quebradas bañan su territorio. Sin embargo, al igual que en la mayor parte de municipios de El Progreso, los pobladores de Guastatoya son personas que viven en pobreza. La sentida explicación de los pobladores, no solo de Guastatoya sino de los cuatro municipios propuestos para aplicar los salarios diferenciados es: No hay trabajo. En muchos otros municipios sucede lo mismo.
 
Hace unos seis años, la SEGEPLAN (Karin Slowing) preparó documentos sobre tres de estas cuatro poblaciones. Su valor es mayormente descriptivo ya que no llega a conclusiones que terminen en proyectos generadores de ingresos para los habitantes. Los salarios diferenciados podrían ser una solución. Tal vez no. Pero considerar los cuatro municipios como una muestra y probar en ellos es un experimento socio económico que, en mi opinión, vale la pena desarrollar.
 
San Agustín Acasaguastlán, El Progreso. Forma parte del así llamado “Corredor seco”, una de las regiones con mayor pobreza del país. Su aldea El Rancho, sobre la CA-9 N es quizá su parte más conocida por los viajeros. San Agustín se encuentra retirado de la carretera y su comunicación con ésta es deficiente. Antes, San Agustín estuvo comunicado por medio del ferrocarril. Pero este dejó de funcionar hace más de 20 años.
 
Todos los municipios que forman parte del proyecto de Salarios diferenciados que impulsa el Ejecutivo, se distinguen por sus condiciones de pobreza. San Agustín se diferencia de los otros tres, por ser el más pobre, tener la infraestructura física más precaria y quizá ser el que presenta menores posibilidades de desarrollo. Se dice que si hay agua hay vida y San Agustín es atravesado por 12 ríos, un riachuelo y 32 quebradas. Cierto, el agua asegura la sobrevivencia pero nada más. El bienestar de unas 12,000 familias que allí habitan requiere ingresos para adquirir los bienes y servicios que su vida precisa.
 
Hace un año, Carlos Contreras, el anterior Ministro de Trabajo, presentó el proyecto de salarios diferenciados y lo defendió ardorosamente. Los alcaldes municipales de las cuatro localidades, en representación de los vecinos, se presentaron ante los medios de comunicación para declarar sobre su importancia para la población. Recuerdo en particular a la alcaldesa de Masagua respondiendo las incisivas preguntas de entrevistadores marcadamente contrarios al proyecto, haciéndolo con simpatía, entusiasmo y esperanza.
 
Los entrevistadores, los dirigentes sindicales, las oenegés y otros adversarios de esta iniciativa, son personas con largos años de estudio. Su erudición y facilidad para expresar sus ideas es superior. Y sin embargo, los alcaldes convencieron mejor a los televidentes que nos sabíamos ajenos al proyecto. ¿Por qué? ¿Fue por el entusiasmo de aquellos sencillos dirigentes municipales? Tal vez.
 
Pero creo que fue más porque sabíamos que ellos conocían sus comunidades, a la gente que vive allí y sus necesidades. Los otros no. Unos hablaban de la pobreza por estar en contacto permanente con ella. Para los otros, sin ser ricos, la pobreza es mayormente un fenómeno social, algo que está en los libros. Un tema para discutir y a veces aportar soluciones propias. Una condición (flagelo para los creyentes) que todos, teóricos, prácticos, agnósticos, creyentes… quisiéramos erradicar.
 
El diligente empeño de Contreras recibió una insospechada oposición por parte de dirigentes sindicales, oenegés, funcionarios internacionales, sectores de izquierda, un buen número de diplomáticos, y la mayor parte de la prensa nacional. Otros, levantamos la ceja con suspicacia ya que el proyecto provenía del seno del gobierno de Roxana Baldetti y Pérez. Entonces ya la Vicepresidente estaba ocupada echando sal en el lago de Amatitlán; la escasa credibilidad en el régimen solo generaba desconfianza en todo lo que de él provenía.
 
La gestión por los salarios diferenciados terminó en la Corte de Constitucionalidad, con un fallo en contra del proyecto. Sorpresivamente, el 31 de diciembre anterior, el proyecto fue presentado nuevamente, esta vez por el gobierno de Maldonado. Se dijo que habían sido resueltas las objeciones legales que los mismos magistrados presentaron en el seno de la CC cuatro meses atrás. Así que, desde el punto de vista legal, el proyecto llegaba blindado. Sin embargo, el pasado jueves 7 mediante resolución provisional, la CC dejó en suspenso la autorización del Ejecutivo para otorgar un salario mínimo de Q 1,955 mensuales (el vetado en septiembre pasado era de Q 1,500).
 
Los habitantes con edad para trabajar en esos municipios tenían la posibilidad de un trabajo formal y llevar un salario a su casa. Si la cantidad era aceptable o no para ellos, esa debió ser (en mi opinión) una decisión de cada quien y no de las personas que mostraron oposición al proyecto. Cerca de 34,000 familias habrían sido afectadas por el proyecto, unas directamente, otras colateralmente. ¿Se habrían instalado empresas manufactureras en esos municipios? ¿Cuántas de ellas lo habrían hecho? ¿A cuántas personas habrían contratado? ¿Habrían instruido a los lugareños en el manejo de la maquinaria que emplearían? ¿Habrían tenido que desarrollar la infraestructura que hiciera falta para instalarse allí? ¿Habrían aceptado los pobladores los salarios que permitía la ley? ¿Habrían experimentado esos municipios un mayor grado desarrollo gracias a ese proyecto?
 
Son muchas las preguntas que ahora no podrán responderse. El proyecto debió verse como un experimento. En caso de funcionar como lo esperaba el gobierno, entonces habría sido extendido a otros municipios. De lo contrario habría muerto solo. Tal vez por debajo de la negativa subyace el temor de que hubiera podido ser exitoso, erosionando la estructura sindical. Aunque esa posibilidad no explica la postura de la señora Julliand, tan ansiosa de gobernar nuestro país o, cuando menos, de obligar a nuestro gobierno a seguir un plan de 15 puntos (metas le llama ella) que ya ha determinado para Guatemala.
 
De manera estrictamente lógica, estas cuatro poblaciones salieron perdiendo con la decisión que tomó la corte. Aunque no es definitiva, la posibilidad de que sea revertida esa decisión ahora es escasa. Maldonado, a punto de entregar el cargo se va a hacer el papo. Morales pronto se sentirá abrumado con la multitud de problemas que deberá enfrentar y tendrá otras prioridades. Los cuatro municipios habrán de esperar ¿a qué? Quién sabe.
 
Masagua, Estanzuela, Guastatoya y San Agustín seguirán recibiendo ayuda sin que se les permita valerse por sí. Los dirigentes sindicales, oenegés, sectores de izquierda, funcionarios internacionales, un buen número de diplomáticos liderados por Valery Julliand, coordinadora de la ONU en Guatemala, así como la mayor parte de la prensa nacional se sentirán triunfadores. Si alguno de todos ellos se acerca a esas poblaciones y entra en contacto con su pobreza, difícilmente recapacitará.
 
Ojalá una nueva constitución deje en manos de las autoridades municipales decidir si en su territorio debe haber un salario mínimo o no. Y si optaran por él, que sean ellos quienes decidan su monto. Si un salario mínimo carece de sentido económico, mucho menos lo tiene que este sea determinado en la capital. Así, la tan mencionada autonomía municipal tendría más realidad que la libertad de fijar la fecha de sus celebraciones patronales.
 

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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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