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La magia del jaboncillo
Fecha de Publicación: 06/01/2016
Tema: Congreso
En nuestro pueblo, Coatepeque, más bien en nuestra pequeña finca “La Felicidad”, usábamos el jaboncillo. A mi madre le gustaba, (y no, porque no pudiera comprar mejores jabones) por el agradable y fresco olor que dejaba. Lo usaba para lavar toda la ropa. Sabíamos también que era muy bueno como medicina.
 
Platicaremos de lo que recuerdo del “jaboncillo”. Los campesinos tienen fe en él, para curar mordidas de serpiente y ataques de la mortal raya, cálculos renales, estreñimiento, migrañas, reuma, epilepsia y tanto más. Entre sus virtudes, una muy importante: no contamina.
 
De entrada les contaré que el jabón se saca de la cáscara y que la semilla tiene otro buen número de usos. Asimismo tienen uso las hojas.
 
Nos encantaba ir a recogerlo y apostábamos quién recogía más. Caía constantemente al suelo. Ese es el mejor, porque cae cuando ya está en su punto de maduración. Por supuesto que puede cortarse a mano, directamente de las ramas, y es bueno también, pero siempre es al contrario de los políticos, mejor el que cae.
 
El árbol, era llamado de muchas maneras pero nosotros lo conocíamos como árbol del jabón o jaboncillo. Se trata de arbolitos, que llegan a medir entre 16 y 25 metros de alto y más de 45 centímetros de diámetro en su tronco. De sus frondosas ramas caen, como ramos de rosas, las frutitas de jaboncillo.
 
Su madera, que es muy especial, se usa para forrar interiores de casa, así como para dar sombra al café. Se da en toda tierra de América. En el gran patio trasero de la casa patronal, había alrededor de veinte arbustos que nos daban linda sombra.
 
De sus hojas se dice que se extraen seguros anticonceptivos. Además, actúan como antídotos contra mordedura de serpientes y ataques de la temible raya.
 
La semilla no se puede usar en medicina porque es venenosa. Pero en la agricultura, es de lo mejor contra los pulgones raiceros, las ratas e insectos.
 
Entre sus usos personales, suprime la caspa, piojos, seborrea y hongos corporales. Suaviza el pelo como el mejor champú y el llamado jabón de avena, para piel delicada.
 
Y todo esto, con tan solo machacar las semillitas, ya que en la “cáscara, está el jabón”. Machacadas las semillas, se les da un hervor, dejándolo unas dos horas al sol para luego pasarlo por un tamiz. La usábamos también para lavarnos las manos, pues siempre había una botella en la pila, ya que mi madre nos exigía lavárnoslas constantemente.
 
En cuanto al lavado de la ropa, se hierven semillas y cáscara juntamente, unas dos horas, a fuego muy lento, hasta que se suelte la semilla. Luego se pasa por una malla y se mete en
 
para piel tecomates para su conservación. Así, se va sacando lo necesario.
 
Los campesinos trituraban las almendras; el aceite obtenido les servía como combustible para los candiles. Además, se sabe que algunas empresas lo utilizaban en la preparación de artículos de tocador, añadiéndole olores y vitaminas. Así se producía el jabón de avena sensible.
 
Hoy, ochenta y tantos años después, recordando ese producto de la naturaleza que es casi mágico y con tantas propiedades, me ha asaltado una esperanza con envoltorio de duda. Pienso en una formulación muy concentrada de jaboncillo, semillas, hojas y corteza. ¿No será que si se pone en remojo, con bastante de esa formulación durante unos días a los diputados que asumirán el próximo jueves 14, podría esperarse algo bueno de ellos?
 
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