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Teorema

Los escondrijos del presupuesto
Fecha de Publicación: 07/12/2015
Tema: Finanzas
Discutir los gastos de la nación puede ser tarea tan ardua o tan simple como se quiera. La complejidad depende de hacerlo a través del Presupuesto General de Gastos de la Nación, o a partir de su estructura lógica y constitucional. En el presupuesto general, la breve sección de ingresos es fácil de entender para cualquiera.
 
En cambio, hace 25 años, el voluminoso sector de gastos fue reformado intencionalmente para que nadie le pudiera contar las costillas al gobierno. Durante muchos años el enredo fue tan grande que ninguno osaba entrarle. Para mi sorpresa, este año y no sé cuántos más antes de ahora, el presupuesto ha vuelto a ser accesible a los lectores.
 
En 1990 el CACIF contrató a  quien esto escribe y a otra persona, para hacer un análisis objetivo, sereno, profundo… del presupuesto que el gobierno de Vinicio Cerezo había presentado al Congreso. Este regularía los gastos del siguiente gobierno, el que terminaría presidiendo Jorge Serrano.
 
Hasta entonces, las partidas presupuestales tenían por objeto informar al lector cómo iba a gastar el Gobierno los recursos de la población. Mario Triay aportó su colección de presupuestos anteriores y series estadísticas de evolución de los gastos por sector. Con su ayuda y mucha dedicación, conseguimos hacer un trabajo que, modestia aparte, fue calificado como excelente.
 
Una copia del documento terminó en manos de José Eduardo Valdizán quien poco después entrevistó a Cerezo en el programa Tele Prensa de Canal 11 y le preguntó sobre las irrefutables cifras del estudio. En esa época Cerezo estaba en su apogeo como orador y aún tenía algo de seguridad y confianza en sí, pese a que su presidencia ya había fracasado. Los gastos de gobierno, entonces excesivos, habían causado cerca de 60% de inflación, con el consecuente descontento popular; el poder verdadero lo ejercía Gramajo, su Ministro de la Defensa; había corrupción doquier… pero él ignoraba esas “nimiedades”. Por su parte, Valdizán era 25 años más joven y aún no había capitalizado la experiencia que hoy ostenta.
 
Aparentemente Cerezo estaba habituado a discutir con base en argumentos y opiniones. Cuando tuvo que enfrentar la poderosa elocuencia de las frías cifras debió sentirse desconcertado. Por la televisión se le vio confuso y errático. Se refugió en el recurso de negar veracidad a las cifras. Lo hizo una y otra vez, hasta darse cuenta de que con cada negación se hundía más. Cada vez, Valdizán le salía con una nueva cifra, difícil de contradecir porque había todo un historial por cada ministerio analizado.
 
El punto más alto llegó cuando le presentaron las cifras de los gastos en alimentos de la Presidencia. Estos alcanzaban la importante suma de 19 millones de quetzales (con el poder adquisitivo de 1990). Cerezo se defendió diciendo que era imposible que él pudiera comer tanto. En realidad el renglón de gasto en discusión se refería al total consumido por él, su familia, invitados y todas las personas que trabajaban para la presidencia. Aunque exageradamente alto (más que Q 50 mil diarios), lo que más denotaba era la dilapidación de recursos de los ciudadanos en los mejores vinos y las más exquisitas delicadezas. Infame hábito de gobernantes que comen como reyes con el dinero del pueblo; abuso que persiste hoy.
 
La entrevista terminó con un Cerezo que había perdido completamente el control de su conducta. Colérico, sorprendió a un joven Valdizán asustado y temiendo por su vida. Cerezo se levantó de su silla y sin decir más abandonó, en forma por demás impropia y vergonzosa, el estudio de televisión y se marchó. Meses después, cuando entregaba el poder a Serrano, en las instalaciones del estadio Mateo Flores,  Cerezo recibía la más merecida, amplia y nutrida rechifla que el pueblo ha proporcionado a gobernante alguno al dejar el cargo.
 
Desde entonces, ningún presidente se ha atrevido a celebrar tal acto en un estadio. Primero lo trasladaron al Teatro Nacional, con entrada restringida a mandatarios extranjeros, cuerpo diplomático, autoridades locales y partidarios del gobierno saliente. Pero eso no fue lo único que cambió. También aconteció que el de 1991 fue el último presupuesto presentado en la forma inteligible que tenía originalmente. Así, quedaron rotas las series estadísticas que facilitaban el análisis técnico.
 
Los expertos del Ministerio de Finanzas recibieron la orden de cambiar el modelo, por uno que ocultara las cifras incómodas; acción que desarrollaron con esmero digno de mejor propósito. Cuando cada año, el Congreso analizaba el presupuesto, previo a su aprobación, precisaba de los técnicos del Ministerio para que le explicara qué carajo significaba cada partida. Estos, debidamente aleccionados respondían solo lo que han sido instruidos a contestar y les extiendían copia del glosario de cuentas también preparado para no entenderlo.
 
En una ocasión conversé con un diputado que se consideraba experto en el presupuesto por haber sido miembro de la comisión de finanzas repetidas veces. Le pregunté, volviendo a lo que causó el irritado exabrupto de Cerezo, cuál era el monto asignado ese año para la alimentación de la familia presidencial. Consultó sus documentos y no pudo responder. Hizo la consulta a Finanzas y tampoco le pudieron decir. Le dije que debía proceder a interrogar a San Judas, por aquello de “sepa judas”.

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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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