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Pacto colectivo magisterial
Fecha de Publicación: 16/11/2015
Tema: Educación
 
En un artículo reciente, Virgilio Álvarez Aragón, afirma que el salario de los maestros es “raquítico”. Señala que este será de Q 3,646 para preprimaria y primaria y de Q 3,872 para la enseñanza media. Entiendo que se trata del sueldo inicial, el que se pagará a los jóvenes recién graduados y que no incluye escalafón ni bono de bilingüismo. Posiblemente se trate de un salario neto, después de deducir contribuciones, impuestos y cuotas. Pero eso no lo aclaró Álvarez.
 
Por mi mente brinca, travieso, el recuerdo de un 12% anual de aumento pactado entre Joviel Acevedo y Otto Pérez a cambio de que el magisterio diera apoyo irrestricto a las acciones de aquel nefasto gobierno. Merced a ese acuerdo Acevedo incluso organizó una marcha magisterial en respaldo a Pérez Molina poco antes de que este se sometiera a la justicia y fuera hecho prisionero.
 
Para el ciclo 2014 el Ministerio de Finanzas fijó los sueldos de preprimaria y primaria, en Q 2,959. Acuerdo Gubernativo 549-2013 (http://www.minfin.gob.gt/downloads/leyes_presupuesto/presupuesto_circulares/2014/acuerdogub549_ap_170114.pdf). Esto significa que habría un aumento de Q 687 cada mes (respecto del que con osado valor defiende Virgilio Álvarez), y se refiere a 14 pagos en el año. En 2014, después de solo tres años (36% de aumento) el pacto colectivo que aún como candidato firmó Pérez con Acevedo, fue uno de los factores que hizo que el gobierno entrara en bancarrota. Para cumplir con los maestros, Finanzas hubo de desatender los demás compromisos del Estado. Descuidó la salud, la seguridad, la justicia y la infraestructura, la economía la agricultura y otras importantes funciones.
 
A la población de menores ingresos le correspondió sufrir más que a los demás el acuerdo entre el candidato y el sindicalista. La crisis de las finanzas públicas que inició en 2012, para el año pasado ya mostraba las huellas del animal grande que se acercaba, de la bestia con la que convivimos ahora. Hospitales sin insumos, policías sin gasolina, maras, asesinatos, baches, quejas, abusos… El pueblo sigue pagando el mantenimiento de una burocracia inmensa y corrupta sin recibir nada a cambio. Y por encima, un Comisionado con ocurrencias fiscales.
 
Hoy, con los hospitales en miseria y viviendo lo que se ha dado en llamar la mayor crisis financiera del estado guatemalteco, el Ministro de Educación Rubén Alfonso Ramírez, propugna por otro 12% para el magisterio en 2016. Así, entre 2012 y 2016, el incremento salarial a los maestro  se habrá elevado 60%. Se confirma, otra vez, que ese Ministerio vela por el bienestar de los maestros descuidando su propósito fundamental: la formación académica de los niños y jóvenes de nuestro país. Nuevamente, no solo la CC sino también el MINEDUC se desconectan por completo de la realidad nacional.
 
Virgilio Álvarez razona la calificación de “raquitismo” que otorga a los salarios del magisterio. Asegura que se debe considerar que el costo de la canasta básica vital para una familia de cinco miembros es de Q 6,129. Agrega que ese es un cálculo muy conservador del INE y que esa cifra, a los maestros apenas sí les alcanza para sobrevivir.
 
Vuelvo a sentirme insegura al contradecirle, ya que carezco de toda la erudición y conocimiento suyos. Pero ¿es verdad que a los maestros no les alcanza para vivir? ¿Acaso solamente el maestro aporta al gasto familiar? No se supone que también lo hace el cónyuge, y que, como se acostumbra desde hace mucho, aparte de su labor magisterial, ambos tienen otra ocupación remunerada.
 
Salvo que esté totalmente errada en mi conocimiento de nuestra Guatemala, temerosa me atrevo a razonar ante la sapiencia de Álvarez para recordar que la del maestro es una profesión “no universitaria”. La de una secretaria, por más ejecutiva que sea, o la de un contador, tampoco lo son. Excepto, desde luego, cuando tienen estudios más allá del ciclo diversificado, tanto los maestros como las secretarias y los contadores tienen el mismo nivel de escolaridad.
 
Los policías, en cambio, tienen un rango ligeramente mayor. Después de haber concluido el diversificado (maestros, peritos, secretarias y bachilleres) ellos deben tomar un curso especializado para graduarse como policías. Entiendo que el sueldo de un policía es inferior al de un maestro de educación pública.
 
Me permito continuar las comparaciones. El maestro trabaja diariamente más o menos cinco horas. No tiene los gastos extra de alimentación fuera del hogar que sí tiene la secretaria que trabaja ocho horas diarias. Tampoco sufre las incomodidades propias de los turnos policiales.
 
¿Que el maestro sufre de presión laboral? Ni tanto. Por lo contrario, la sufre menos que otros trabajadores. Los policías deben experimentar angustia cada vez que el trabajo les obliga a exponer su vida. En cambio el magisterio es relajado, hay mucha libertad. Con cualquier pretexto, el maestro se retira de la cátedra. Cuando llega retrasado, se disculpa con tal o cual justificación. Algunos días lunes, cuando amanece “malito”, simplemente no llega, deja a los niños plantados y… aquí no ha sucedido nada. Algunos maestros que estudian en la Universidad, cuando hay exámenes ponen a los niños a leer su libro mientras ellos se dedican a hacer sus tareas o preparar exámenes.
 
Las secretarias y los contadores están sujetos a horarios estrictos. Tienen 15 días hábiles de vacaciones por año. Trabajan hasta 262 días por año en jornadas de ocho horas diarias, a veces más. Los maestros apenas si llegan a ofrecer 90 días de clase al año y lo hacen en jornadas de solo cinco horas. Así, unos trabajan más de dos mil horas por año y los otros a duras penas llegan a 450 (21%). Para estar a la par, la secretaria, el contador o el policía recién graduados debieran ganar Q 18,000 al mes en su primer año de labores.
 
Nuestro poco agraciado Ministro de Educación, Rubén Alfonso Ramírez, dice estar convencido de que el número de días de clase es menos importante que la calidad de la educación y después de tan brillante exclamación sonríe satisfecho. Me gustaría susurrar a su oído un secreto los demás, todos los demás, compartimos: Además de haber muy pocos días de clase, la calidad está por debajo de pésima. Solo de 7 a 24% de estudiantes pasa la prueba de lectura y únicamente entre 2 y 7% aprueba la de matemática.
 
La solución no requiere grandes estudios ni análisis complejos. Por lo contrario, es muy simple. Al finalizar el año escolar el Ministerio, a través de una entidad privada (para reducir el riesgo de corrupción), debe practicar exámenes sobre los conocimientos adquiridos a todos los alumnos. Si el promedio resultante en una escuela o instituto fuera alto, el Ministerio debe aumentar sustancialmente el sueldo del director y de su elenco de profesores. Si el resultado es intermedio, no hace nada. Si ese promedio es bajo, los despide a todos y contrata un director y un grupo de profesores nuevos para el siguiente ciclo lectivo. No hay pierde. Después de unos años, el sistema habrá mejorado notablemente. Los directivos sindicales como Acevedo deben estar sometidos a esa prueba cuya sensatez escapa al ministro Ramírez.
 
Aunque me falta mucho por decir al respecto, debo terminar aquí, por razones de espacio. Pero por favor que no se siga hablando de “dignificar al maestro”. Suena demasiado mal, se oye como si carecieran de dignidad y precisaran de personas bienintencionadas como Virgilio Álvarez para ayudarles a recuperarla.
 
¡De pie mi Guatemala inmortal, de pie!
 
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