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Carnets

Hasta pronto Noruega
Fecha de Publicación: 08/11/2015
Tema: Política
El cierre de la Embajada de Noruega en Guatemala no debería causar ninguna sorpresa. A principios de la gestión de Oscar Berger, Guatemala había tomado la decisión de cerrar nuestra embajada en Oslo. La finalización de los Acuerdos de Paz, razón por la cual había sido abierta, había terminado hacía mucho y el costo de una Misión Diplomática sin sentido, resultaba muy alto a nuestra Cancillería.
El entonces embajador noruego en Guatemala, Rolf Berg, se indignó al escuchar sobre esta intención, advirtiéndole a nuestro Canciller, Jorge Briz, que Guatemala se arriesgaba a perder la cooperación noruega en caso de llegar a esa decisión. A esta amenaza vendrían otras, a las cuales nuestro país se replegó sucesivamente, cada vez más.
Para un país con tan pocas Embajadas como Noruega, la pérdida de una resultaba significativa. Sin embargo, se podría también concluir que existían motivos más profundos para que el embajador tomara una actitud tan radical, pese a que Guatemala tenía el derecho absoluto de decidir con base en sus intereses.
Cualquiera que haya sido la razón, Guatemala cedió, continuando con el esfuerzo de complacer a los noruegos dentro de una cordial y costosa relación diplomática. Pero por otro lado, en el medio popular, la intervención de la cooperación noruega, en conjunto con otros países llamados “amigos”, se tornaba cada vez más crítica y cuestionada entre la población guatemalteca conforme los grupos recipientes de esa donación, se convertían en violentos.
La historia de presencia noruega en nuestro país, inicia en 1976, con la inmediata ayuda proporcionada a raíz del terremoto. La mano noruega fue consuelo para muchos y su fidelidad de trabajo en áreas indígenas, loable. Continuaron con apoyo a la región por muchos años posteriores al suceso. Proyectos beneficiosos en poblaciones indígenas han tenido un impacto positivo. Sin embargo, comprender a un país como Guatemala, a través de una mentalidad “importada”, debe ser sumamente difícil. Mucho más al intentar implantar ideologías homogéneas en una sociedad heterogénea.
La falta de comprensión de la idiosincrasia guatemalteca les fue complicando la existencia a los cooperantes nórdicos. ¿Cómo, se preguntaban los noruegos, fue posible que a la Consulta Popular de mayo de 1999, convocada para reformar la Constitución y dar cumplimiento a los Acuerdos de Paz, firmados dos años y medio antes, solo hayan asistido 18.5% de los electores registrados? Y peor aún ¿cómo fue que el rechazo fue mayoritario en todas las preguntas hechas?
¿Cómo fue que la URNG convertida en partido político, que según sus estimaciones ganaría las elecciones de manera aplastante, haya perdido de manera vergonzosa? ¿Cómo, se seguían interrogando, podía suceder que Rigoberta Menchú fuera rechazada por la mayor parte de la población indígena? ¿Cómo, insistían, era factible que el movimiento sindicalista guatemalteco no tuviera el éxito que el noruego había tenido?
Continuaron sin entender que sus certezas estaban demasiado influidas por informes de los grupos que ellos apoyaban (algunos sindicatos, el CUC, CODECA, CONIC…). No comprendieron que esas fuentes de información, más los informes igualmente tendenciosos que le proveía su propia embajada en Guatemala y agencias internacionales de noticias como Enfoprensa y CERIGUA, creadas por la URNG y después manejadas por organizaciones desprendidas de ella, eran totalmente parciales.
Los noruegos nunca quisieron aceptar que los líderes de las organizaciones que ellos financiaban invertían su dinero desarrollando acciones generalmente nefastas para Guatemala. No era de extrañar que ellos, como donantes financistas, fueran igualmente cuestionados, juzgados y condenados por la población trabajadora guatemalteca, que busca la paz, desarrollo y armonía en nuestro país.
La embajada de Noruega decidió callar ante las censuras de complicidad indirecta en actos delictivos realizados por sus protegidos. No quisieron levantar olas o simplemente no supieron qué decir.
Pero a pesar de todo, las olas se elevaron. En Guatemala pasó la noticia desapercibida por haber sucedido justo en los días cuando la población se congregaba para exigir la renuncia de Roxana Baldetti, que culminara con su renuncia y sucesos posteriores.
El 27 de abril de 2015 , fue publicado en Noruega, el reporte titulado “Noruega Non Grata” en la revista Bistandsaktuelle de Oslo. Ver el artículo traducido en (http://opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=558 y http://opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=561).
Por primera vez, el pueblo noruego conocía la delicada situación que se desarrollaba en Guatemala. El reporte “Noruega Non Grata” fue dinamita, provocando un profundo debate nacional. A muchos les costó creer lo publicado. Otros defendieron sus posturas, especialmente aquellos involucrados en ONGs. Algo quedó finalmente expuesto al público en Noruega. Un hecho del cual, no podían sentirse orgullosos.
La transición de un gobierno de izquierda a uno de derecha en Noruega, pudo haber cambiado las reglas del juego. Podrán haber percibido el otro, enorme, ángulo de la situación. Tal vez buscaron otras fuentes de información. Quizá entendieron que habían sido engañados por mucho tiempo. Posiblemente hayan comprendido que no es asunto suyo verse involucrados en temas turbios como las actividades de organizaciones revoltosas. Acaso también, vean con mayor claridad que los movimientos de los grupos señalados no llevan a nada positivo. A lo mejor se trata de que todo ese conjunto de acontecimientos haya llevado al gobierno noruego a tomar la decisión de cerrar su embajada en Guatemala. Las razones oficiales son otras, sin embargo, a la sensibilidad de los guatemaltecos no escapará un hecho indiscutible: alejarse antes de verse involucrados en señalamientos graves los cuales tarde o temprano serán juzgados
Noruega, ha dicho que su apoyo seguirá llegando a Guatemala “por otros canales”. Esperamos que la CICIG siga siendo ese canal, organización que hará excelente uso de los recursos y en quienes los guatemaltecos, después de la llegada del Comisionado Velásquez, hemos aprendido a confiar y respetar. Al mismo tiempo, solicitamos de la manera más enfática que se suspenda la ayuda a los grupos de terror y sindicales que tanto daño nos causan.
Se va Noruega y nadie le rogará o presionará para que cambie de opinión.
Guatemala, en todo caso, esperaría que regresara en un futuro cercano con una visión diferente. No de rey a mendigo, sino como asociado. Con la mentalidad de abrir negocios, importando nuestros productos, instalando fábricas aprovechando nuestra mano de obra y nuestros recursos hídricos, agrícolas, minerales…
Desearíamos que regresen a apoyar con tecnología, porque lo que Guatemala necesita son socios para el desarrollo, no embajadas promoviendo división.

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