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La honradez del ciudadano
Fecha de Publicación: 16/10/2015
Tema: Valores
¿Solo el contrabandista es ladrón? ¿Acaso no lo somos nosotros también cuando al comprar productos contrabandeados contribuimos a que esa sea una actividad rentable? Pensemos un poco a este respecto: Veamos la situación de Hermógenes quien es un contrabandista reconocido. Hermógenes necesitaba dinero y recurrió a Apolinario, quien le dio la plata condicionada a un 40% del negocio. Hermógenes aceptó de mala o buena gana. . . pero lo cierto es que aceptó.
¿Y, quién es este Apolinario? Es un conocido funcionario, de gran presencia diurna y bandolero nocturno. Todo un don Juan de Montejo.
Desde el momento del trato, y después, ya en el negocio, Hermógenes se siente perseguido, evade la policía, evita a sus amistades, aguanta señalamientos. Por otro lado, persigue a sus compradores a quienes da sesenta días para el primer pago y se asegura de que los otros dos pagos se cumplan cada fin de mes.
Esto significa bastante trabajo para Hermógenes quien además debe pagar la renta de la bodega, y sobornar a quien sea necesario, pero si no lo hace, se queda con la mercadería e interrumpe el necesario flujo de comprar y vender. La venta depende de la época: escolar, navideña, turística… Y, si por cualquier situación se queda con ella, hace remates por medio de un tercero.
¿Y Apolinario? Un gran señor.
Sabemos que en la terminal, abunda la venta de contrabando y, sin importar cuánto mal hacemos a los importadores que pagan los impuestos, para allá vamos
Entonces, nosotros los compradores ¿somos también, contrabandista o no? Antes de contestarnos, debemos hacer acto de conciencia. Si ayudamos con nuestra compra a los señalados actos, nos convertimos en cómplices y lo somos también, así como cuando no exigimos factura.
Cuando no nos importa y hasta decimos al comerciante que no la queremos, nos ponemos del lado del comerciante tramposo y junto a él violamos la ley. Además, somos cómplice del negociante que así estafa al fisco, tanto con nuestro aporte del IVA como del ISR del detallista.
Lleguemos a la conclusión que, si no les compramos, ellos tampoco compran. Una conocida, que también es pequeña comerciante, se disculpa diciendo que lo hace porque comprándoles a ellos consigue más barato. Eso le permite vender al menudeo lo que compra y competir con los precios de los supermercados. Lo hace después de las cinco de la tarde porque a esas horas, asegura, ninguna de sus amistades anda en la calle. Así, se cuida del qué dirán. Pero no me cuenta lo que en sus momentos de reflexión piensa de sí. ¿Acaso acepta que comprador y vendedor, resultan ladrones por igual.
Son ladrones y tramposos los profesionales que no dan factura. Ejemplo los dentistas, que son los más. “No le doy factura para su bien, porque si no tengo que subirle valor al trabajo, de manera que agradézcame”. Total que bien engañado, pero agradecido.
Pero, este distinguido profesional, de ayudar… nada. A quien ayuda es a él, porque al no darnos factura, se beneficia ya que no paga lo que le corresponde de ISR.
Ladrón es también todo aquel que te atrae, ofreciéndote el pan más barato y que, venís a darte cuenta que no hay tales, pues resulta que lo están haciendo más pequeño
Ladrón el niño, -como se ha vuelto costumbre- que te entretiene y confunde, mientras el otro te saca el celular.
Ladrón el que al volver de una compra, que por encargo te fue a hacer, te dice que el ungüento costó Q 30 cuando en realidad pagó Q 27 y no te das por robado porque siempre la tortillera te lo ha llevado a Q 32, o sea a lo que llamamos “la sisa”       
Ladrón es todo tributario, que cumple con tener al día sus impuestos, pero a su manera y con facturas dobles.
Ladrón es el que te vende cualquier metal brillante asegurándote que es oro.
Ladrón es quien te ofrece en la calle, pastillas para adelgazar y te asegura que vas a quedar como como una sílfide y son simplemente aspirinas.
¿Será que cada uno de nosotros podemos ser ladrones sin saberlo?
Y, si así fuera, estamos aún en tiempo de corregirlo, cumpliendo nuestros deberes tributarios para poder sentirnos libres de culpa fiscal y ese permanente temor de vernos entre abogados.
La anterior es la forma como aprendí a razonar de niña en mi familia y también de la Dirección General de Rentas Internas durante el tiempo que trabajé allí. Pero también cierto que por aquellos años los funcionarios eran gente honrada. Los ladrones estaban en la calle, no en el gobierno.
Ahora es diferente, la cultura cambió. Ahora todos tratan de sacarle algo al Gobierno. El campesino le quiere sacar fertilizantes; la señora, bolsas con comida; el damnificado quiere casa; los asentados quieren títulos de propiedad. Me cuenta que un abogado le quiere sacar 60 millones por no sé qué líos del INDE. Pobre Estado de Guatemala.
Por el lado de los funcionarios, la situación es aún peor. El que menos se lleva las hojas de papel bond para su casa, o los rollos de papel sanitario. Los que más, están en la cárcel que es donde siempre debieron estar. En medio, toda una amplia gama de los empleados mordelones, otros que ofrecen ayudar a que los trámites caminen; unos que, en los sindicatos, cobran sin hacer nada… Dicen que algunos diputados han pagado hasta 10 millones por su nominación. Debe ser muy grande su patriotismo porque en cuatro años apenas van a ganar la millón y medio (que ya es mucho para estos sátrapas).
Tal vez lo peor sea la colusión entre civiles y funcionarios, como en el caso de La Línea y de gran parte de los tramitadores. Los “acuerdos” entre funcionarios e intermediarios en las compras del gobierno, los sindicatos que lo extorsionan. Y así, una lista que parece interminable de personas que estafan al Estado.
¿Al Estado? ¿O a nosotros, quienes a duras penas podemos pagar los impuestos? ¿Quién pagará los 60 millones del Abogado Cadena?: ¡Nosotros! ¿Quién pagará a todos los dirigentes sindicales que no trabajan pero sí cobran?: ¡Nosotros! ¿Quién paga el sobreprecio de las medicinas, de las computadoras, de las cámaras en las calles, de…? ¡Nosotros!
A veces, simplemente no puedo estar tan segura si mi pensamiento moralizador sobre comprar bienes contrabandeados o para al dejar de exigir factura, sigue teniendo validez el día de hoy o si es cosa de otra época.
¡De pie mi Guatemala inmortal, de pie! 

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