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Apuntes

Hablando de Cambios
Fecha de Publicación: 16/10/2015
Tema: Gobierno
Es de actualidad el tema de los cambios estructurales del gobierno que son necesarios para que cumpla con el eficiente desarrollo de sus funciones. Que hace falta cambiar estructuralmente el gobierno, ya es un tema popularmente aceptado. Basta ver los resultados de la gestión de las pasadas y de la actual administración para convencerse de tal necesidad.
 
Simplemente no podemos dejar que la cosa pública siga igual.
 
Cambiar la estructura de un gobierno es tarea complicada por sus implicaciones en deterioro de los que se benefician de la situación actual, misma en la que ya se han especializado en manosear y robar y que la defenderán a capa y espada.
 
En consecuencia hay que pensar en cambios estructurales sencillos de conceptualizar y que sean de muy difícil oposición pública, porque oponerse a ellos implique identificarse como un político que se opone a la transparencia y eficiencia en el uso de los recursos pagados por los ciudadanos.
 
La primera premisa sería compartir el principio de que “el menor gobierno es el mejor gobierno”. Si esta premisa es aceptada, de ella misma se definen las funciones propias del gobierno y se eliminan de su gestión todas aquellas que por definición le son ajenas.
 
El resultado será un menor gobierno que demandará menos recursos económicos o que podrá usar más de ellos en aquellas funciones que le queden como propias. El gobierno reducido necesitará menos funcionarios, lo que significará una posibilidad mayor de seleccionar a las personas de trayectoria y conducta ejemplar al mismo tiempo que será más fácil su fiscalización e identificación con su trabajo evitando de paso, el anonimato que les propicia la corrupción.
 
Las funciones que considero propias del gobierno son la educación, la salud y la seguridad de los ciudadanos. Todas las demás le son ajenas y aún estas definidas como propias de su gestión, deben estar asignadas sin exclusividad alguna, de forma que en su desempeño tenga que competir y ser eficiente en su desarrollo, de forma que el ciudadano pueda escoger al  proveedor de servicios que estime más conveniente para sus intereses.
 
Para conseguir este punto anterior basta con que el cambio a hacer consista únicamente en quitarle al gobierno la exclusividad que ahora tiene en la prestación de estos servicios. Con el pasar del tiempo, el ciudadano podrá escoger a su proveedor de servicios y los elegidos serán los que subsistan en la gestión.
 
El carácter subsidiario del estado, que definitivamente es necesario para incorporar a todos los ciudadanos en el desarrollo del país, podrá reflejarlo prioritaria y exclusivamente en las actividades de salud, educación y seguridad, procurando tales servicios a los que no los tienen, pero no podrá reflejarlo cubriendo costos de operación y mantenimiento de los mismos, condición esta última,  con la que por definición, sus actividades serán rentables. El ciudadano que sea cubierto por tales servicios deberá pagar los costos reales de operación y mantenimiento y el gobierno no podrá suministrarlos por debajo de sus costos de mercado. Como ejemplo, el gobierno podrá construir redes de distribución de agua potable pero no podrá subsidiar las tarifas. Tal y como se hizo la electrificación rural que permitió en tres años pasar de una cobertura del 47% al 85% de la población y lástima que el gobierno incumplió con llevar el plan hasta el final y puso en vigor la nefasta y populista “tarifa social”.
 
Y por supuesto que de conseguirse tal encogimiento del gobierno habría que eliminar del presupuesto de la nación, las entidades obsoletas que han prestado deficientemente los servicios y no como sucede en la actualidad que, por poner otro ejemplo de despilfarro, menciono la existencia en el presupuesto nacional de Guatel…
 
Un síntoma más de la necesidad del cambio y por cierto muy contundente, es la manifestación pública que ha llevado al candidato Jimmy Morales a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales. Un candidato espontáneo, sin trayectoria política ni partido político reconocido ni con una campaña millonaria como las de sus competidores, está a la cabeza de las encuestas realizadas sobre la intención de voto de los ciudadanos y muy probablemente será ganador de la segunda vuelta.
 
La victoria de Jimmy Morales refleja clarísimamente el hartazgo de los ciudadanos con los candidatos y la clase política tradicional. Podría asegurarse que es el reflejo de una posición de un “hasta aquí” de los ciudadanos.
 
Él reconoce no tener ni la experiencia ni el equipo de gente para hacer gobierno y pide la participación de quienes quieran participar. Esto resulta en una oportunidad de cambio y a lo mejor no cambia nada y seguimos igual, pero con su oponente seguramente no habrá ni la posibilidad de cambio. Ahora, por la competencia inesperada que la oponente tiene enfrente, se esfuerza en cambiar su imagen, tratando de aparecer como no lo es y resulta en la de un “lobo con piel de oveja”.
 
Y además se puede intuir que peor gobierno que los que hemos tenido, ya no es posible que lo haya.
 
Una reacción popular de la misma naturaleza, llevó a los ciudadanos a sacar punto menos que a sombrerazos a la Vicepresidente y al propio Presidente de la República,  que hoy guardan prisión y son juzgados por sus actos de corrupción.
 
Lo que hemos visto suceder en los pasados meses en Guatemala es ejemplar y consecuencia de las manifestaciones de una sociedad harta del saqueo en el más amplio sentido de la palabra y es, en mi opinión, esa unidad social la responsable de los cambios habidos.
 
Y por supuesto que me encantaría conocer personalmente al artífice que diseñó los pasos de la movida de ajedrez que sacudió el mantel de la mesa que parecía ya servida para los políticos tradicionales.
 
Tengo mis ideas de por dónde vinieron los tiros y reconozco la estrategia y sus personajes como de alta calidad. Y que viniendo de afuera de nuestras fronteras esa dirección magistral, refleja también el nivel desmedido de la gestión de esta clase de gobiernos saqueadores e irresponsables.
 
No descarto que la principal motivación gringa, para ponerle nombre, es la participación descarada y abierta de nuestros funcionarios en el negocio de las drogas y la inmensa corrupción asociada que se ha incrustado en la administración pública, a niveles nunca antes vistos.
 
O sea que los tiempos suenan propicios para efectuar los cambios que permitan enderezar por un largo tiempo, las gestiones gubernamentales de forma que los resultados sean percibidos por la mayoría de los ciudadanos.
 
Y ejemplos de algunos cambios habidos los hay, lo que falta ver es si el discurso empeñado por los candidatos tiene una convicción profunda en ellos mismos y si la decisión de emprenderlos, a pesar de los inconvenientes y ataques de los opositores, es genuina en quien resulte finalmente electo.
 
Resumiendo, encoger el gobierno a su mínima expresión, abrir las puertas a la inversión y participación del sector privado en todas las actividades incluyendo aquellas que le queden al gobierno de forma que sea el chapín quien escoja quien lo educa, quien lo cura y quien lo cuida. Y para el Poder Legislativo la tarea de enforzar un estado de derecho y de certeza jurídica. 
 
Y así tal vez de paso, se integran a la economía todos los que están en la economía subterránea. Somos 14 o así millones de habitantes y hay registrados 1.2 millones de contribuyentes de impuestos, esquema que tampoco puede seguir adelante y eso que la ley obliga a registrarse y tener NIT  a los ciudadanos al cumplir la mayoría de edad.
 
Un 8.6% no pueden cargar el anda del resto, máxime cuando los subterráneos son los que demandan más servicios….y de allí el origen de los populistas…eliminar el ISR podría ayudar a convencer a esa economía subterránea a participar en el pago de sus impuestos, sobre todo si ven de vuelta en bienes y servicios sus aportes.
 
Las premisas de gobierno deben tener como base, la rentabilidad de sus inversiones y la eficiencia de su gasto de operación y mantenimiento; un control automático de esta condición se consigue mediante la competencia.
 
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