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Teorema

En busca de Notables
Fecha de Publicación: 29/09/2015
Tema: Notables
Los textos romanos antiguos hablan de la Virtud como la divinidad que encarnaba ese concepto. La presentaban como una mujer vestida de blanco, de aspecto sencillo y modesto. Su presencia, sin embargo, inspiraba respeto. La Virtud era hija de la Verdad y tenía un templo que se comunicaba con el del Honor, por el cual era preciso pasar primero, antes de llegar al suyo.

Afuera del mundo mitológico, es enmarañando identificar seres virtuosos. Cuatro siglos antes de Cristo, Diógenes de Sinope, pasó los últimos años de su vida buscando por las calles de Atenas un hombre incorruptible —un hombre, a secas, decía él— sin haberlo encontrado.

La naturaleza humana es imperfecta. Las historias personales tienen pasajes oscuros o escenas que muchas veces son incapaces de superar la censura. Además pertenecemos a una sociedad demasiado preocupada en ver la paja en el ojo ajeno e incapaz de percibir gruesos maderos en el propio. En términos virtuosos, a lo sumo se puede aspirar a hombres permanentemente afanados en su superación moral.

Ahora, el candidato Morales, como Diógenes, busca hombres notables para formar gobierno. Entiendo que ha encontrado algunos. Pero quizá se pregunta ¿lo son en realidad o se trata de personajes destacados en nuestra sociedad? ¿O es lo mismo? Peor aún, podría ser que solo tuviera una lista de hombres honrados, que hay muchos. Entonces ¿cómo distinguir a un Hombre Notable? ¿Cuáles son sus características?

Se podría ensayar a través de la negación. Por ejemplo, si una persona llega o envía un emisario que le haga ver que lo es, si se promociona de alguna manera, ciertamente esa persona no es un Notable. Si creyendo haber identificado a uno de ellos, el candidato le pide contribuir aportando su prestigio, su experiencia, conocimientos… a favor del país y este se rehúsa, no debe preocuparse, ni insistir. Frente a él no hay un Notable, porque a estos, entregarse a causas nacionales nobles, les resulta indeclinable. Pero un procedimiento de negaciones, además de arduo es inseguro.

Debo confesarme obsesionado con el concepto de los Notables y lo que podría significar para nuestra Guatemala un gobierno integrado por ellos. Esa búsqueda conceptual ha ocupado mi atención durante los últimos 25 años, o más. El problema de identificarlos es arduo. Para hacerlo recurrí a establecer ciertas condiciones. Todas debían ser satisfechas a cabalidad. Quienes las sobrepasaran podían ser considerados candidatos fuertes a tal distinción y lo que ello conlleve.

Hay que tener presente la natural imperfección humana. Además, reconocer que el concepto de hombre notable está íntimamente relacionado con la parte política que subyace en el alma de las personas. Un hombre notable es distinto de un hombre santo. Uno difícilmente querría un gobierno de hombres santos, pero sí uno de hombres notables. Las condiciones que desarrollé permiten considerar como tales o muy cercanos a ellos, a quienes cumplen las cinco condiciones siguientes:

Primero: Son personas honradas. Se trata de individuos que poseen una amplia trayectoria como hombres de bien.

Segundo: Son figuras públicas. Se refiere a ciudadanos conocidos por toda la gente bien informada de nuestro país.

Tercero: Son hombres y mujeres de éxito. Se trata de guatemaltecos que han participado en diversas empresas y proyectos que siempre han fructificado en favor de la nación nacional.

Cuarto: Es gente que ha servido a Guatemala. Son personas caracterizadas por su afán de servir a nuestro país, más allá de la comunidad donde se desenvuelven.

Quinto: Son ciudadanos con más de 60 años de edad.

Este último requisito requiere razonamiento adicional. El número 60 es necesariamente arbitrario, más no superficial. Busca expresar que una persona joven no ha sido suficientemente expuesta a las tentaciones que la vida puede ofrecer. La honradez, por ejemplo, no se muestra en aquel que nunca ha sido sobornado, sino lo hace en quien ha rechazado intentos de soborno. Manejar el poder es mucho más difícil para quien nunca lo tuvo que para quien ya correspondió decidir acerca del bienestar o empobrecimiento de otros. Muchos aceptamos que la inteligencia es más aguda en la juventud pero la sabiduría se siente más cómoda entre quienes ya no lo son.

Sucedió en 1996. Necesitábamos testigos de honor para acompañar un proceso importante para el país. La discusión entre un grupo de personas de alto nivel, para seleccionarlos, fue complicada al carecer de procedimiento. Al final hubo consenso sobre dos de los propuestos: Julio Obiols Gómez y Carlos Sprigmühl Silva. Ambos, lamentablemente para Guatemala, ya no están más con nosotros. Ese es el caso también de Manuel Ayau Cordón, Rodolfo Castellanos, Edmundo Vásquez Martínez, Eduardo Palomo Escobar, Rodolfo Quezada Toruño, Tere de Zarco y Francisco Villagrán Kramer, todos ellos habrían sobrepasado ampliamente los criterios de notabilidad que deduje después.

En 2002, pensando que el régimen de Portillo no podía durar mucho debido a la gigantesca corrupción imperante, escribí varios artículos que terminaron conformando un libro sobre los notables y un gobierno con amplia participación suya. Apliqué los criterios sobre un número grande de personajes públicos de la época y conformé con ellos dos listados. Uno, más corto, de Hombres Notables y otro más extenso de personas destacadas que algún día podrían convertirse en notables.
 
Además de quienes referí antes, dentro de quienes habían sobrepasado ampliamente los cinco criterios estaba: Ricardo Castillo Sinibaldi, Armando De La Torre, Carlos Paíz Andrade, Francisco Pérez de Antón, Mario Quiñónez Amézquita, Aldo Castañeda, Rafael Espada, Carlos Molina Mencos, Marta Altolaguirre, Gabriel Orellana, Adela de Torrebiarte, Mario Fuentes Destarac, Raquel Zelaya, Luis Flores Asturias, Arabella Castro, José Alejandro Arévalo, José Molina Calderón,Francisco Arredondo Mendoza, Hugo Maúl Figueroa, Arnoldo Kuestermann, Carlos Sabino y Gert Rosenthal (Los últimos tres los agregué recientemente). No he sabido de ninguna acción por parte de ellos que les haga desmerecer la selección hecha hace trece años.
 
Entonces también hubo un grupo de personas que habría merecido tal clasificación pero no superaban todos los criterios, el de edad uno de ellos. También tuve dudas sobre si algunos eran ampliamente conocidos o si su afán de servir a nuestro país ya se había manifestado plenamente. Me pareció que muchos de ellos serían los Hombre Notables del futuro. Entonces, ellos constituían la gran reserva moral de la nación. Para algunos, ese futuro ya llegó. Dejo al lector calificar si cumplen todos los criterios señalados. Ellos son:

Pablo Schneider, Estuardo Zapeta, Giancarlo Ibargüen, Gonzalo de Villa, Dionisio Gutiérrez, José Raúl González Merlo, Efraín Medina, José Toledo Ordóñez, José Rubén Zamora, Alejandro Giammattei, Helen Mack, Víctor Suárez, William Stixrud, Manuel Villacorta, Anabella Morfín, Carlos Enrique Zúñiga, Mariano Ventura, Carolina Roca, Eduardo Mayora, Gustavo Porras, Hugo Maúl Rivas, M. Antonieta del Cid de Bonilla, María del Carmen Aceña, Óscar Clemente Marroquín, Sylvia Gereda, Magalí Rey Rosa, Hugo Maúl Figueroa, Óscar Platero, Mario Mérida, José Luis González Dubón, Flaminio Bonilla, Roberto Villeda, Alfred Kaltschmitt, Carmen Ortiz, César A. García, Federico Bauer, Gonzalo Marroquín y Humberto Preti.

Creo que también convendría analizar con detenimiento a jóvenes que más recientemente han destacado en la formación de la opinión pública participando con escritos o entrevistas en la prensa nacional. Entre ellos a: Gloria Álvarez, Alfonso Abril, Beatriz Colmenares, Dina Fernández, Luis Pedro Álvarez, Luis Felipe Valenzuela, Paulo De León, Phillip Chicola, Rodrigo Arenas, Paola Hurtado, Alejandro Balsells y Stuardo Ralón. Ellos son parte importante del futuro.

Si usted tiene más de 40 años, se considera una persona bien informada y no conoce a alguno de los mencionados, entonces, probablemente esa persona no sea un Hombre Notable. ¿Conoce el lector a uno o más ciudadanos que reúnan las cinco condiciones? Si así fuera ¿no le parece que la participación de ellos en la toma de las grandes decisiones del país dirigiría la Patria a donde esperamos que esté? ¿No es a ellos a quienes deberíamos acudir para que la Tierra de la Eterna Primavera se convierta en el hábitat permanente de los guatemaltecos y nuestros descendientes?
 

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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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