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Teorema

Alejandro Maldonado
Fecha de Publicación: 14/09/2015
Tema: Instantáneas
Del ahora presidente Maldonado todos sabemos algo, ya que su vida pública ha sido intensa. Entre menos jóvenes, más conocemos de él, por ser historia vivida que trascendió. Todos estamos al tanto, por ejemplo, de que ha sido magistrado de la Corte de Constitucionalidad cuatro veces (de seis posibles). Ha sido diputado tres veces, dos al Congreso de la República y una a la Asamblea Nacional Constituyente. También se recuerda que fue Ministro de Estado dos veces (Educación y Relaciones Exteriores).
 
Mi recuerdo más vívido de él proviene de 1985. Venía de haber sido candidato presidencial en 1982 donde obtuvo el tercer lugar con 22.7% de los votos válidos. Después, en 1984 fue electo Diputado ante la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la actual Constitución. Para la elección de 1985, participó como candidato vicepresidencial con Jorge Carpio en la recién formada UCN. Le correspondió la incómoda posición de permanecer callado en los mítines mientras Carpio pronunciaba discursos que entonces eran más bien sosos.
 
Hubo conflicto entre ambos, posiblemente al repartirse las nominaciones para alcaldes y diputados. Alejandro renunció a la coalición y se inscribió (con el PNR) llevando como candidato a la vicepresidencia a Mauricio Quixtán. Su slogan publicitario fue: “Me bajé del Cadillac y me subí al Volkswagen”, expresando así su menosprecio por el dinero de Carpio. El resultado electoral con una campaña corta y pobre fue de séptimo lugar 3.15% de la votación. Carpio, por su parte, obtuvo el segundo lugar con 20.2%. Después, Alejandro nunca volvió a presentarse como candidato en una elección presidencial pero sí lo hizo como diputado, y fue electo.
 
Su práctica como docente también fue destacada. En 1970 fue nombrado Ministro de Educación. Tenía solo 34 años de edad. Aparentemente el presidente Arana apostó a los jóvenes ya que Carlo Molina Mencos, un poco menor en edad que Maldonado fue Ministro de Economía. Maldonado dedicó una parte importante de su vida a la enseñanza en varias (USAC, URL y UFM) universidades del país. Me llamó la atención advertir que lo hizo con nueve cursos diferentes en vez de especializarse en uno. Quienes hemos sido profesores universitarios sabemos que un nuevo curso significa tres o cuatro veces más trabajo que repetir otro.
 
Su carrera política es fecunda, posiblemente más que cualquier otra. Debió ser juramentado unas quince veces bajo la constitución actual y otras cinco bajo la de 1965. Pero no es esa extensa carrera política suya lo que me impresionado más, sino otra faceta desarrollada en soledad y silencio, ajena los demás. El Presidente es un escritor consumado que se ha “quemado las pestañas” redactando libros, ensayos, artículos y otros documentos. Ha publicado más de diez libros, la mayoría sobre criminología y constitucionalidad. Entiendo que actualmente trabaja una novela de ficción.
 
No puedo imaginar a Arzú, Berger, Colom o Pérez redactando un libro. Mi imaginación no da para tanto, aunque me esfuerce. Si no lo consigo con ellos, menos aún podría hacerlo con el cínico Cerezo o con uno de los militares que nos gobernaron entre 1950 y 1985. Tal vez Portillo. Pero lo cierto es que el antecedente (no puedo asegurar que sea el único) lo ofrece el Presidente Arévalo quien tiene una amplia producción de libros principalmente pedagógicos antes de ser presidente y que siguió después.
 
La faceta más desconocida de Maldonado es la de sus años jóvenes. En su libro Testigo de los testigos (SERVIPRENSA 2004 y 2012) Habla de sus primeros años. Hasta hoy, la suya es la mejor reseña histórica que he leído sobre la contra revolución en 1954. No me considero calificado para hacer una reseña de su libro, pero espero que Alberto Garín, quien sí lo está, la haga y ofrezca a los lectores de Pi, Plaza de Opinión. Solo quiero decir que me sorprendió encontrarme con un libro bien escrito, pleno de referencias de autores internacionales y frases propias que invitan a subrayar. Su libro, que siendo biográfico está escrito en tercera persona, no es lineal; se atreve a jugar con los tiempos (sin aportar fechas) y súbitamente pasa de un escenario a otro, como en una telenovela de narcos. Su estilo es florido, elegante, pulcro… inspira creer lo que dice.
 
Relata que en párvulos, la maestra le pregunta: ¿Qué vas a ser cuando seas grande? ¡Presidente de la República!, contesta sin parpadear. Una de las reflexiones suyas que subrayé para mí es ¿Sabe alguien lo que cuesta convertir en vergel un salvaje guatal?
 
Alejandro se retrata como un joven anticomunista que participa con la Liberación y que pese a su corta edad (unos 18 años) desempeña papeles importantes. En la página 98 describe los bandos en contienda de la siguiente manera: Los bandos alinearon tajantes. No quedaron espacios para los neutrales ni los tibios. “No ha quedado lugar para el término medio”. Con la revolución –eufemismo para no decir hegemonía política del PGT– los sindicatos de trabajadores urbanos y los comités agrarios con su poderosa central campesina, los artistas e intelectuales organizados y los mediatizados partidos que integraban el gobierno. En el campo opuesto: la escasa alta burguesía, los profesionales, la clase media y hasta las vendedoras de los mercados. Las grandes fuerzas sociales se colocaron contra Árbenz y no por objetar su programa económico social. Simple rechazo al protagonismo del partido comunista.
 
 Alejandro Maldonado es hoy presidente de la República. Posiblemente el más culto y mejor preparado que ha tenido el país en mucho tiempo. Actualmente enfrenta fuerzas poderosas que le quieren doblegar. El funesto Congreso lo quiere someter. Los industriales han trasladado su agenda y se refieren muy explícitamente a la ya famosa banda G4. Las iglesias ponen sus condiciones. La así llamada “Sociedad Civil” quiera hacer gobierno y promulga en favor de la negociación indigna con los diputados más cochinos. Los sindicatos amenazan con huelgas y paros. El Ejército le envía sus términos y los nombramientos que espera que haga. Y así…
 
Me permito recordar al gobernante sus propias frases: Los bandos alinearon tajantes. No quedaron espacios para los neutrales ni los tibios. “No ha quedado lugar para el término medio”. El otro bando no es usted presidente, es la población que manifiesta en el parque. No creo que deba intentar hacerla suya, porque eso sería un error. Debe bajar del balcón presidencial y unirse a ellos para marchar por sobre el Congreso. Usted no tiene tiempo para negociar, apenas si le queda el necesario para hacer lo correcto.
 

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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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