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Teorema

Confesiones electorales
Fecha de Publicación: 01/09/2015
Tema: Electoral
 
El domingo próximo habrá votaciones y eso es todo. Nos guste o no, de esa votación saldrán los nuevos diputados y alcaldes. Además, seguramente habrá dos candidatos quienes se disputarán en balotaje la presidencia. Ahora, eso es lo que importa. Discutir si se debe postergar o no la elección, carece de sentido. Para efectos prácticos la elección es un fait accompli (hecho consumado).
 
Creo que los ciudadanos estamos frente a varias opciones. La primera es decidir si asistir a votar o no hacerlo. Cada quien habrá resuelto ya su conducta al respecto, conclusión muy personal. Especialmente luego de los acontecimiento recientes, no asistir es una opción que merece tanto respeto como hacerlo. Quienes decidan ir a votar, también habrán de decidir si otorgan un voto válido o no.
 
Mucho se discutió sobre el voto nulo vinculante, sin llegar a nada distinto de su deseabilidad. Personalmente pienso que la reforma electoral propuesta debe ordenar la inclusión de una casilla que diga “Ninguno”. Esta, para efectos posteriores, debe ser tratada igual que los candidatos. Así se podrá diferenciar del voto nulo que deviene de errores. En las últimas tres votaciones presidenciales, el voto nulo varió entre 2.8 y 5.74%, siendo más alto el porcentaje en la primera vuelta que en el balotaje. Ahora, votar nulo solo conseguiría que su porcentaje pasara de 5%, a quizá 15%, pero la protesta no se podría sustentar.
 
Personalmente (no pretendo ponerme de ejemplo sino tan solo relatar mi proceso de análisis), decidí ir a votar y hacerlo válido. Hasta hoy, siempre lo he hecho así. La primera vez fue en 1966 y lo hice a favor de Méndez Montenegro y Marroquín Rojas. Solo una vez he dejado de votar y eso fue para el balotaje entre Pérez y Colom. Ninguno de ellos me causaba entusiasmo y me fui de viaje. Aun así, recuerdo que cuando me comunicaron el resultado, tuve un sentimiento de culpa.
 
Por otro lado, el voto nulo en la primera vuelta me parece que solo tiene sentido cuando ninguno de los candidatos ha conseguido inspirarnos un mínimo de confianza. El siglo pasado, más de un candidato se promovía diciendo: No desperdicie su voto, vote por mí (la segunda parte no era explícita pero se entendía). No se ría, que más que chistoso era ofensivo. Como reacción a tal dislate entendí que solo podía proceder con honradez, integridad y sentido de justicia si votaba por aquel que me permitiera esperar que haría un gobierno capaz de desarrollar nuestro país.
 
Así, mi voto debía desentenderse completamente de qué tan bien o mal iba ese candidato en las encuestas. Creo que votar a quien se presenta como más probable ganador, y hacerlo por esa única razón, es un acto indigno. Es confundir una votación con una carrera de caballos en la que uno hizo una apuesta y espera un beneficio personal en efectivo. Menos grave pero también en la misma línea se encuentra votar por el menos peor o hacerlo por A, para que pierda B.
 
Para esta votación había preseleccionado a cuatro de seis candidatos que conozco personalmente: Lizardo, Giammattei, Canela y Zury. La propuesta de Lizardo y su gobierno de transición me parece la mejor porque está dirigida a resolver la crisis en que deja Pérez al país, pero Portillo y TODOS me hacen sentir sumamente incómodo, así que lo deseché. Giammattei sorpresivamente empezó a copiar el discurso de Baldizón y de Sandoval en cuanto a acusar a todos los empresarios de no pagar impuestos ¿Será que realmente cree que la moral tributaria de ellos está por debajo de la del resto de la población?
 
Creo que Canela tiene la mejor preparación académica de todos los candidatos. Él (44) y Rodolfo (41?) son magníficos representantes de una juventud moderna y progresista que debiera tomar las riendas del país. La coalición de CREO con el Partido Unionista, sin embargo, me causó dudas sobre la habilidad de ambos para negociar. No logro entender qué ganaron en esa alianza. Pero lo que perdieron es evidente.
 
Las habilidades conocimiento y experiencia política de Zury son superiores a las de cualquier otro candidato. Pese a su juventud, es ella quien tiene mayor entrenamiento en ese tema porque empezó cuando apenas tenía cinco años. Además, me consta que se relaciona con personas de las más altas condiciones éticas y morales del país, quienes indudablemente participarían en un eventual gobierno suyo. Aun así, me preocupa la relación que pueda mantener con algunos personajes del antiguo FRG.
 
La selección de candidato para Alcalde Municipal, me resultó menos compleja. Hace cuatro años me dije que no votaría nuevamente por Arzú, que esta vez lo haría por Canela. Pero Roberto no estará en la papeleta rosada. Lástima, creo que perdimos un buen alcalde y que ese cargo habría favorecido sus aspiraciones presidenciales. Ahora, un hombre joven que se hace llamar Veneno Cruz, parece estar muy bien informado acerca de las necesidades y soluciones del municipio. Pero pienso que debe foguearse más. Ojalá que no se desanime. Los otros no me generaron ninguna confianza. Así que votaré por Arzú y el sector de la ciudad donde vivo (lado Oeste de Vista Hermosa I) permanecerá otros cuatro años en el olvido municipal que ha estado desde cuando fue construido, hace medio siglo.
 
A fines del año pasado propuse a un grupo de formadores de opinión que aceptaran postularse como candidatos a diputado. Ellos habrían de convertir ese mercado en un centro de debates. La gente mejor informada del país discutiría la mejor conveniencia nacional hasta llegar a grandes soluciones. Trabajé mucho en esa propuesta. Al final, el partido que había de proponerlos decidió no participar y todo se quedó en el aire. ¿Aceptará ese partido responsabilidad por lo que suceda en el Congreso los siguientes cuatro años? ¿Tendrán sus directores conciencia de lo que su organización perdió?
 
Por mi parte, sin ninguna duda le daré mi voto a Luis Pedro Álvarez. Cuando he estado por generalizar sobre el Congreso, él ha sido la excepción que me ha hecho rectificar. Creo que su desempeño en esta legislatura ha sido el que todos quisiéramos ver en nuestros legisladores. He leído la nómina de candidatos y no encuentro a quien dar mi segundo voto. Todos me resultan tan… desconocidos.
 
La votación para el PARLACEN es la más fácil: volveré a anular mi voto. No por los candidatos (no pienso ponerme en el trabajo de averiguar quiénes son), sino por la institución. Casi 30 años después de su creación, el PARLACEN carece de logro alguno que se pueda mencionar; no encuentro argumento ético que pueda justificarlo.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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