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Teorema

Un gobierno provisonal
Fecha de Publicación: 29/07/2015
Tema: Constitución
 
Lo que adelante expongo, está profundamente influido por las declaraciones del doctor Jorge Mario García Laguardia en una entrevista que le hicieran por Canal Antigua recientemente. Busco interpretarlo, convertir su orientación filosófica en actos prácticos. Si me equivoco, no lo interpreto a él sino expongo aquello en lo que pienso, en lo que creo.
 
Creo que el Estado debe estar al servicio de los individuos, no al contrario. En consecuencia, pienso que se comete un error cuando se ve a la Constitución y su plena vigencia, como un fin. Sostengo que es un medio, deseable, para alcanzar un cometido de orden superior. Mi pensamiento no está inmerso en teoría constitucional, por lo contrario, es ajeno a ella. Es producto de la lógica básica que cree haber encontrado refugio en las palabras de ese maestro en el tema.
 
Uno debiera preguntarse ¿cuál es el propósito de la Constitución, de cualquier constitución? Irremediablemente llegará al Estado; entonces la pregunta se transforma para ser ¿cuál es el propósito del Estado? En mi visión, la respuesta tiene que ver con la población y su búsqueda de seguridad, protección, bienestar, desarrollo, prosperidad y certeza en sus derechos políticos.
 
Esas deseables condiciones no se han podido alcanzar plenamente dentro de nuestra Constitución. Bajo su normativa no hemos podido construir el Estado guatemalteco transparente, incorruptible, eficiente, que deseamos. No, porque la implementación y la decisión política de los cambios ha quedado en manos de gente corrupta que ha convertido nuestra esa ley de leyes en escudo para proteger sus fechorías. No, porque es muy cierto que las leyes están al servicio de los criminales, como a diario afirma toda la gente.
 
Los diputados, por ejemplo, seguirán recibiendo peticiones, presenciando manifestaciones y observando plantones como lo han hecho hasta ahora, como si no tuvieran que ver con ellos, como si su único propósito fuera permanecer en el Congreso. Cuando las exigencias son más directas y concretas, reaccionan con dilatada lentitud y sosiego a las urgentes demandas ciudadanas. Con desfachatez siguen ganando tiempo, esperan que nos convenzamos de que los cambios exigidos jamás sucederán. Ellos, los políticos, están convencidos de ser los amos y de que nosotros, los ciudadanos, somos sus súbditos. Ante frases como “pueblo soberano” una sonrisa boba, tipo Rabbé es la respuesta.
 
Creo que ya nos distrajimos mucho con ellos. Que nos han toreado permanentemente y que nos hemos dejado torear. Sus acciones confirman la falsedad de sus discursos. Están persuadidos de que al llegar al 6 de septiembre, las elecciones disiparán la protesta para siempre y la clase política del país seguirá reinando; que entonces, tendrán más razones para vernos como súbditos.
 
Después de treinta años de vigencia de la Constitución y sus leyes, algunos ciudadanos, aún creían que las altas metas de un Estado eficiente se podían alcanzar dentro de sus preceptos. Con ingenuo patriotismo asistieron al Congreso y participaron en las Mesas de diálogo. Los congresistas se burlaron de ellos. Terminaron abandonando el recinto convencidos de haber sido utilizados, manejados al antojo de los políticos todo el tiempo. Ahora saben que no importa cuanta presión se les haga, cuantas manifestaciones, cuantos plantones… los políticos seguirán manejando a su antojo los tiempos, burlándose de los ciudadanos. Haciéndonos esperar.
 
En esta encrucijada, hay que tomar el otro camino. Hoy, la mejor forma de preservar la Constitución es guardándola. Hay que ponerla fuera del alcance de los políticos corruptos que la utilizan para que sus crímenes permanezcan impunes, para blindar sus fechorías. Hay que quitarles ese recurso. Adelante, cuando ya el pueblo haya limpiado el Estado de todas sus alimañas, habrá que traerla de vuelta para que bajo ella y sus preceptos un régimen de hombres justos, surgido de entre ese proceso de depuración gobierne con dedicación, sabiduría y patriota abnegación.
 
Bajo las circunstancias actuales es imperativo que renuncie el Presidente Pérez. Para conseguirlo, basta que el CACIF, la Embajada de los Estados Unidos o la CICIG, le retiren su apoyo públicamente. Sin uno de esos apoyos, el Presidente se cae solo.  Hay muchas razones para conferir tanta importancia a su renuncia, pero solo citaré tres. Primero, porque hay una creencia generalizada de que él forma parte e incluso lidera una o más redes criminales. Segundo: Porque su renuncia tendría un efecto sicológico muy importante en la población; la empoderaría. Tercero: Porque cuando renuncie, esa población ya empoderada iniciará un proceso ciudadano que culminará con el Estado que deseamos.  
 
Al renunciar el Pérez, siguiendo la Constitución, Alejandro Maldonado Aguirre, Vicepresidente de la República, asumirá como Presidente. Después, presentará una nómina de tres candidatos para que el Congreso elija al nuevo Vicepresidente. Se debe exigir a Maldonado, que elija a personas que gocen de la aprobación ciudadana. Que escoja individuos honrados, rectos, decentes, preparados… Muy especialmente, ciudadanos que posean una actitud decidida a favor de Guatemala y que con valor y coraje están dispuestos a derrotar a los políticos que han infestado con corrupción nuestro país.
 
Antes de someter esa terna al Congreso, el entonces ya Presidente Maldonado deberá hacerla pública y escuchar las objeciones que pudiera presentar la ciudadanía, haciendo las sustituciones necesarias. También tendremos que esperar que Maldonado excluya de su propuesta a personajes emblemáticos de posiciones de izquierda o derecha. En este momento, el país no precisa de ellos. Sus escogidos deberán estar por encima de las ideologías. Deben ser ciudadanos reconocidos por su honorabilidad, decisión, buen juicio y patriotismo. El Congreso escogerá a uno de los tres y no deberá importar quién sea el elegido. Los otros dos lo acompañarán en lo que deba hacerse.
 
Ya conformado el Ejecutivo, deberá someter a referendo la suspensión de la Constitución. La dupla presidente-vicepresidente se propondrá gobernar mediante un “Estatuto de Gobierno” que sustituiría a la Constitución por un plazo definido, posiblemente entre ocho meses y un año. Los términos, propósitos y metas debidamente calendarizadas del Gobierno de transición serían expuestas y ampliamente difundidas previo al referendo. Si el resultado fuera negativo, habría que seguir con las elecciones en la forma prevista por la constitución. Los altos ideales habrían fracasado.
 
La forma como se procederá con la depuración del Organismo Judicial, también estaría especificada previamente. La población sabría exactamente el significado que podría tener tal medida y sería corresponsable con los gobernantes por la decisión tomada. La responsabilidad de los gobernantes quedaría reducida a liderar ese movimiento ciudadano y a participar activamente apoyando las acciones depuradoras conducidas por el Ejecutivo.
 
El Organismo Legislativo debería ser clausurarlo, cerrado, todos afuera. Es cierto que una veintena de diputados han hecho una labor meritoria y que esto será tremendamente injusto con ellos. También habrá castigo inmerecido para con muchos otros funcionarios probos que se verán perjudicados con las acciones por suceder. Será un proceso con muchas acciones individuales arbitrarias. Algunas podrán ser reparadas oportunamente, otras no. Ese será el gran costo a incurrir para hacer de Guatemala un gran país.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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