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Teorema

Chucho con pulgas
Fecha de Publicación: 24/07/2015
Tema: Constitución

Se movió lentamente como suele hacerlo desde hace años. Su pelo largo, descuidado y sucio, que nunca fue bello, sin embargo había conocido tiempos mejores. Dicho de otra forma, nunca había estado tan mal como ahora. Caminó un par de pasos, se detuvo y se sacudió, como si estuviera mojado. Cayeron varias pulgas que quedaron sobre el piso.
 
Era fácil adivinar que por más que lo zarandearan, por más que se siguieran desprendiendo esos insectos, muchos otros, una inmensa mayoría, permanecería allí. Que sería necesario bañarlo con jabones especiales, aplicar insecticidas poderosos, rasurarlo de la cabeza a la cola y ponerlo a régimen para que se pudiera ver bien. Ya sin los bichos, con el tiempo el pelaje volvería crecer. Quizá con una dieta adecuada y mucho ejercicio, se pudiera convertir en ese perro hermoso que siempre debió ser. Después, habría que quemar echadero y todo su viejo entorno. Será necesario vigilar que ninguna pulga ni otro bicho puedan acercarse a él. Deberá desarrollarse en un ambiente sano, higiénico, aséptico…
 
Los tres organismos del Estado guatemalteco, la mayoría de municipalidades y sus entidades descentralizadas son como ese chucho con pulgas. Se trata de entidades infestadas de gente deshonesta, inmoral, indolente, apática, cuando no perversa, inmoral y hasta criminal. Las recientes acciones de la CICIG y el Ministerio Público –MP–, han hecho caer, como las pulgas del chucho, a algunos de esos funcionarios y sus secuaces privados. Otros solo han sido señalados, pero eventualmente enfrentarán cargos penales. Sin embargo, los que quedan son más, muchos, muchísimos más. Son tantos que ni la CICIG ni el MP ni los jueces honrados, que sí los hay, ni las cárceles… se darían abasto para una depuración completa.
 
Habría que empezar de nuevo, regresar al siglo XIX, por allí por donde José Cecilio del Valle dejó pendientes los trabajos de formación y estructuración de la República. Como eso es imposible, debemos partir de hoy y ser tan pragmáticos como sea posible. Tenemos que enfrentar realidades como nuestra Constitución Política, ahora convertida en principal valladar para que se cumplan las aspiraciones de la ciudadanía honrada. Cualquier solución de raíz es inconstitucional. Y ello es así porque la Constitución no fue diseñada para resolver situaciones de deterioro profundo como la que ahora vivimos. Fue redactada para normar la vida de los ciudadanos dentro de un régimen ya desarrollado, donde el gobierno estuviera a cargo de personas honorables. ¡Por Dios! ¿Qué hacer? ¿Alguien tiene la respuesta?... Posiblemente sí.
 
Entiendo que Jorge Mario García Laguardia, es uno de los hombres verdaderamente destacados de Guatemala (no lo conozco personalmente). Su vida y labor es larga, exitosa y multifacética. Al teclear su nombre en Google, encontré 424 mil resultados. Por algo será. Fue profesor de Derecho Constitucional de varias generaciones de abogados, principalmente en la USAC.
 
Como sea, la suya es una voz respetable y merecedora de la mayor atención, principalmente en materia constitucional. Tiene cerca de 85 años de edad y es una figura reconocida y respetada en toda Latinoamérica y más allá de nuestras regionales fronteras.El suyo es un pensamiento de izquierda, con raíces tan profundas como las de Alfonso Bauer Páiz. Pero también es reconocido por anteponer su amplio concepto de la Ley (no de la legislación) a sus valores ideológicos. Se trata de alguien que, desde el punto de vista legal, podría juzgar con igual dureza o tratar con la misma indulgencia a un coronel que a un comandante guerrillero.
 
Pues bien, hará un par de semanas, este maestro de maestros en temas constitucionales ofreció una declaración que solo alguien con tanta autoridad podía dar. En una entrevista por la televisión dijo (indudablemente con otras palabras), que las constituciones son diseñadas para organizar el Estado y para que la nación se desarrolle bajo su normativa, en épocas “normales”. Que las constituciones no están hechas para regir en situaciones de crisis profunda.
 
Agregó el maestro, que cuando la vida nacional enfrenta condiciones extremas, la Constitución debe quedar en suspenso. Las graves anomalías deben ser resueltas con procedimientos extra constitucionales, por medio de un gobierno provisional que sustituya al actual y pueda desarrollar las acciones que corresponda. Una vez resuelta la crisis, una vez se considere que el país se encamina por senderos de dignidad, decoro, honradez, probidad… Entonces, pero solo entonces, se puede y debe regresar a los rígidos preceptos constitucionales que habrán de ser respetados como nunca antes lo fueron.
 
Así, el asunto se reduce a decidir si la situación actual reúne esas condiciones extremas a las que se refería el maestro García Laguardia. Yo pienso que sí. Afortunadamente, al lado de la crisis, se encuentra una población ansiosa de cambios que conduzcan a Guatemala hacia un destino mejor. La indolencia ha quedado atrás. Hoy casi todos entendemos la importancia de un Estado funcional y denunciamos este Estado fallido a dónde nos han conducido nuestros gobernantes, todos ellos.
 
Hoy, el país está frente a la posibilidad, enorme, acaso única de estructurarse dentro de un concepto totalmente nuevo. De cambiar totalmente a su clase política, misma que es percibida como la gran causante del subdesarrollo y de las enormes falencias del Estado. Los guatemaltecos podríamos tener un país mucho mejor. Para ello es preciso que gobiernen los mejores, los más sabios, honrados y decentes; aquellos cuyo sentido de patriotismo sea muy alto.
 
La renuncia del Gobierno es imprescindible en ese proceso. Aunque quien lo preside solo esté de fachada y su capacidad de decidir haya sido cooptada, su presencia impide la renovación. Lo veo como el cimiento que soporta la estructura de impunidad, quien evita la limpieza, el protector de quienes se enriquecen por todos los medios ilícitos imaginables dentro del Estado.
 
Sin él ese edificio de corrupción sí podrá colapsar. Hace uno o dos meses se dijo que quienes lo mantenían en el poder eran la embajada de Estados Unidos, la CICIG y el CACIF. Ojalá estos tres sectores, o por lo menos uno de ellos, abiertamente, declare estar a favor de un nuevo gobierno y públicamente retire su apoyo al presidente. El Estado es como un banco de tres patas, si se queda con dos, cae.
 
En un siguiente artículo me gustaría razonar con usted acerca de cómo hacerlo. Recuerde que nuestra historia no registra rompimientos constitucionales basados en la razón. En todos ellos ha mediado el Ejército Nacional haciendo uso de la fuerza. Tal vez podamos encontrar medios inéditos para rehacer nuestra Guatemala.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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