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Carnets

"Respeto", quiere respeto
Fecha de Publicación: 10/07/2015
Tema: Construir el Estado

 

El pasado mes de junio, los guatemaltecos recibimos información sobre la osadía de un candidato mexicano, que en plena actividad proselitista, en Comitán Chiapas, declaró: “Aquí a los delincuentes les decimos que no, que se vayan a Guatemala, que se vayan a otro lado”.

Las expresiones de indignación no se dejaron esperar, dando como resultado una gran cantidad de comentarios de enojo por las redes sociales. Algunos acalorados, resultaron en burdos insultos hacia este personaje.

¿Por qué sobre dimensionamos un hecho como éste? En realidad nada cambia aquello que somos, o dejamos de ser. No es más que un comentario desafortunado, de un tipo con poco criterio, declarando un disparate. La bandera de los Estados Unidos es quemada en público en muchos países, un día sí y otro también. Los gringos no se inmutan, ni siquiera le ponen atención a esas manifestaciones de repudio.

 ¿Será una demostración de lo sedientos que nosotros estamos de admiración, ansia de reconocimiento, y un enorme deseo por recuperar la autoestima como nación?

Nuestro orgullo frustrado, nos vuelve altamente susceptibles a la crítica, especialmente aquella que llega de extranjeros. Si nuestra estima fuera valorada, la apreciación de los demás, importaría poco. El problema, radica en el dictamen propio.

Guatemala, desgraciadamente ha padecido y aún padece hoy en día, de mala reputación en el exterior. Durante mucho tiempo, especialmente a raíz de los 36 años de conflicto interno, hemos estado sujetos a un bombardeo de malas de críticas por ser un centro generador de noticias desagradables. Los diplomáticos reciben un bono de país peligroso por venir a Guatemala. Se nos ha acusado sin tregua de ser un país violador de los derechos humanos.

La mala imagen de Guatemala, reproducida permanentemente por los medios de comunicación internacionales, ha tenido consecuencias. En el extranjero, el nombre de nuestro país quedó grabado en la mente de las personas como algo negativo.

Posteriormente, cuando se firmaron los acuerdos de paz y se entró a consolidar una nación en la que se redujo la violencia por parte del Estado y se amplió la libertad para expresar lo que se piensa, las malas noticias no dejaron de difundir nuestras carencias, especialmente la falta de seguridad, la podredumbre gubernamental, la descomposición social y muchas otras falencias de nuestro país. No se mencionaban los avances, solo se exaltaba lo malo.

Aparecemos permanentemente en las listas negras de países que no deben visitarse. Incluso, algunas embajadas establecidas aquí, en nuestra capital, aconsejan a sus conciudadanos no desplazarse a Guatemala por los peligros que pueden correr.

 Tristemente, el trabajo de descrédito, no se ha hecho solamente por extranjeros o la prensa internacional. Esto principalmente han multiplicado lo que muchos connacionales han denunciado en esos países. Líderes sindicales guatemaltecos, como Joviel Acevedo y Nery Barrios; dirigentes subversivos como Daniel Pascual y Mauro Bay, escritores guatemaltecos como Rodrigo Rey Rosa (acto del que fuí testigo presencial) y hasta personajes como nuestros dos Premio Nobel, han emitido infinidad de juicios negativos en el exterior en contra de Guatemala. Muchas de estas voces fueron y continúan siendo, verdaderas cruzadas de descrédito contra nuestra empobrecida Guatemala. 

 De igual manera, hubo misiones diplomáticas nacionales, que han descuidado las oportunidades de dejar bien parado el nombre de nuestro país. Delegaciones de funcionarios de gobierno, incluyendo delegaciones del Congreso, que han viajado al exterior dejando terribles, en varias ocasiones, atroces impresiones en sus visitas oficiales a otros países.

Simplemente, veamos la situación en la que vivimos internamente. Los gobernantes sobornan, roban, ultrajan y prostituyen a la patria. Nuestras autoridades colocando al país en la casilla del autodescrédito y así, hay una lista enorme de razones por las que no se logra sacar la cabeza del pantano.

¡Claro! queremos prestigio, queremos reconocimiento. Gritamos y pataleamos cuando no lo obtenemos. Pero debemos preguntarnos si nosotros los ciudadanos, somos consecuentes cumplidores de las responsabilidades que tenemos para construir una patria mejor. Esto no significa precisamente dejar de ser susceptibles a críticas. Significa ser habitantes garantes, juiciosos y perseverantes en la lucha por la dignidad de nuestra sociedad

Nuestra primera actitud, debería ser un sentimiento de afecto por nosotros mismos. Tolerancia hacia nuestras diferencias. Respeto a nuestro país, sus leyes, su naturaleza, su identidad sus tradiciones...

Hemos llegado a ser un país abandonado y desamparado en sus más íntimos sentimientos cívicos. No podemos exigir de otros respeto, cuando no nos hemos valorado y dignificado. Nosotros somos los culpables, ¡nadie más!.

¿Deseamos deferencias?: !entonces debemos ganarlas! Esto implica caminar con valores y trabajar para ser admirados. Significa basar nuestro orgullo en realidades y no en humo, sueños o espejismos.

Ciertamente ser respetado es un derecho que podemos reclamar, sin embargo, no siempre significa que por ser acreedores, somos merecedores. 

En esta senda de “redención” que hemos comenzado a caminar, no debemos olvidar que si queremos reconocimiento, primero lo debemos ganar.

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