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Teorema

La calidad de los candidatos
Fecha de Publicación: 02/07/2015
Tema: Legislación
Me he peguntado: ¿De qué depende que tengamos un gobierno bueno, eficiente, honorable, honesto… o uno mediocre, vulgar, anodino, intrascendente… o aún peor, uno como el actual? Algunos piensan que la definición tiene qué ver con las instituciones y la forma como están reglamentadas. Hay quien asegura que carecemos de una cultura individual de observancia de la ley y que eso nos hace tan permisivos con la mala conducta de los funcionarios.
 
Otros dicen que la falla está en la organización jurídica, principalmente en la regulación de la actividad electoral y de los partidos políticos. Unos más piensan que, por encima de todo, tiene que ver con la pobre calidad de los candidatos a los cargos de elección popular. Como todos los males que suceden, pienso que la raíz no se encuentra concentrada en una u otra de esas versiones sino dispersa en todas ellas. Que hay un poco de cada una de esas explicaciones.
 
Y si aislamos la última, ¿de qué depende que tengamos magníficos candidatos? ¿O que estos sean así, así (con sucesivos movimientos de mano hacia ambos lados)? ¿O aún peor, que sean como Pérez, Baldetti, Colom, Portillo, Reyes, Cerezo y muchos otros asaltantes de igualmente ingrata recordación?
 
Si alguien considerara que se trata de la calidad y preparación de la gente en Guatemala, yo refutaría de inmediato esa posibilidad. Es bien cierto que hay gente sinvergüenza, y que el ambiente político está saturado de ellos. Pero también es magnífica verdad que muchos, muchísimos ciudadanos, clasifican como Personas Destacadas. Son personajes bien preparados, serios, honrados, diligentes, poseedores de un alto sentido de patriotismo. Son el tipo de personas que debieran conducir el destino de la nación. Pero ellos tienen muy pocas posibilidades de tener acceso al poder, el sistema ha sido diseñado para excluirlos abiertamente o para disuadirlos de participar. Süger fue uno de quienes más lejos llegó en lo que va de este siglo pero allí, en el escenario del Teatro Nacional, entre Pérez y Baldizón lo dejaron fuera para siempre.
 
En cambio los sinvergüenzas han sentado su feudo en el Estado. El sistema político fue hecho por ellos y para ellos. Desde luego que siempre hubo excepciones. Algunos o se “colaron” o los dejaron participar para hacer menos evidente la hegemonía de los sinvergüenzas. ¿Qué exagero? Vea cómo el sistema tanto legal como institucional mantiene a señor Pérez en el cargo en contra de la manifiesta voluntad popular. El procedimiento en contra suya, con multitudinario apoyo, con evidencias en la mano, fue encausado por los sendero de la legalidad; ahora, más de dos meses después, pareciera que tendremos Pérez hasta el 14 a las 14 –como acuñó Leonel.
 
Observe cómo el sistema se prepara para bien venir a sucesores que podrían ser tan corruptos o aún más que Pérez y Baldetti, que Rivera e Hichos, que Gándara y Medrano.  Pronto habrá cerca de quinientos nuevos funcionarios y dentro de ellos muy pocos, poquísimos podrían ser considerados Personas Destacadas, como los llamé y definí antes.
 
La Corte Suprema de Justicia –CSJ—forma parte de ese sistema. La Corte de Constitucionalidad –CC-- parece habernos abandonado. Quienes confiábamos en su rectitud, ahora después de su desacuerdo interno, de sus inculpaciones de emitir fallos políticos, nos deja con dudas, profundas, espantosas dudas. Aún el Tribunal Supremo Electoral –TSE–, aceptando que actúa con las mejores intenciones, tiene las manos atadas.  
 
¿Se puede negar la existencia de una alta correlación entre la legislación electoral y la calidad de los candidatos? ¿O con la reglamentación de los partidos políticos? Creo que no. Hay abundante evidencia empírica que pone de manifiesto esa íntima relación. A pesar de ello resulta simplista creer que con componer la ley se resolverá el problema. Sin embargo, de algo ayudará.
 
Las reformas propuestas por el TSE deben ser bien venidas. Tal vez no nos guste que establezcan cuotas o que sigan usando la figura del voto nulo en vez de “ninguno”, que es más directo, claro y categórico. No obstante, es necesario aceptar que cualquier intento encaminado a conseguir que los candidatos sean capaces, idóneos y honrados, debe merecer el apoyo popular. Aunque nada garantice, lo poco o mucho que pueda conseguir será beneficioso.
 
Pero hay que estar atentos, es necesario vigilar que el Congreso no las convierta en un esperpento como la Ley de comisiones de postulación, y que los diputados terminenpromulgándolas así.
 
Parafraseando a Richard Shaw en el destacado de su editorial en la revista C4 del lunes anterior: Al finalizar el día Guatemala se siente inútil, impotente y sin fuerza. Pero a la mañana siguiente, después de volver a soñar con el futuro reservado para ella, despierta valerosa y plena de esperanza.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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