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Teorema

Un congreso de lujo
Fecha de Publicación: 24/06/2015
Tema: Congreso

 

¿Qué sucedería si tuviéramos un Congreso integrado por “Formadores de Opinión”? ¿De qué nos hemos perdido al tener rufianes en vez de personas excelentes en el palacio de la novena avenida?
 
Los siguientes tres minutos, pensemos en el Congreso de la República. Pero no nos deprimamos, convirtámoslo en un pensamiento agradable. En vez de concebirlo con los congresistas actuales, imaginémoslo integrado principalmente por Formadores de opinión. ¿Fantasía que emerge de la desesperación? Quizá. Pero también un escenario que podría estar más cerca de lo que creemos. Porque en mucho depende de la voluntad ciudadana ya expresada.  
 
Mis disculpas por el arcaísmo al usar los términos “derecha” (liberales, libertarios, y semejantes) e “izquierda” (socialistas, comunistas y de análoga orientación), aunque poco precisos son de fácil comprensión. En ese Congreso no se verían “bancadas” como las actuales; habría tres grupos de diputados. Al frente estarían los diputados de izquierda y derecha, empecinados en construir un país, creando sus instituciones.
 
Entre unos y otros, podrían estar personajes de la talla de Alfonso Rodríguez, Álvaro Castellanos, Álvaro Castillo Monje, Antonio Mosquera, Arturo Soto, Beatriz Colmenares, Brenda Sanchinelli, Carlos Asturias, Carroll Ríos, César Montes, Christians Castillo, Claudia Méndez, Dina Fernández, Edgar Gutiérrez, Eduardo Villatoro, Enrique Godoy, Fernando González D, Francisca Gómez, Francisco Cáceres, Franco Martínez M, Gabriel Medrano, Gonzalo Asturias, Guillermo Méndez, Guísela Roldán, Gustavo Berganza Gustavo Porras y Haroldo Sánchez, Héctor Rosada, Hugo Novales, Hugo Ordóñez, Humberto Grazioso, Ileana Alamilla, Jesús Gómez.
 
Desde luego que en un Congreso así formado, no podría faltar la presencia de Jorge Canale, Jorge Franco, Jorge Jacobs, Jorge Lavarreda, José Áscoli, José Manuel Chacón (filóchofo), José Rubén Zamora, José Toledo Ordóñez, Juan Carlos Sandoval, Juan Carlos Zapata, Juan Luis Font, Lisardo Bolaños, Luis Linares, Luis Flores, Luis Morales Chúa, Luis Pedro Álvarez, Magalí Rey Rosa, Manfredo Chocano, Manfredo Marroquín, María Isabel Bonilla, María Olga Páiz, Óscar Platero, Marielos Monzón, M Antonio Sandoval, Mario Mérida, Marta Yolanda Díaz Durán, Mireya Molina, Pablo Schneider, Raúl Molina, Renzo Rosal, Richard Shaw, Rita María Roesch, Samuel Pérez A, Samuel Reyes, Sigfrido Lee, Silvia Tejeda, Stella Dorion, Susana Barrios, Sylvia Gereda, Vida Amor de Paz y Walter Menchú.
 
Así como los anteriores, muchos otros personajes de la vida pública nacional, no mencionados pero con semejante claridad de ideas e idéntico sentido de patriotismo e interés en una Guatemala renovada, figurarían en ese poderoso Congreso desde el cual nuestro país podría convertirse aceleradamente en uno del primer mundo.
 
Me temo que es inevitable: En la parte trasera del hemiciclo, conversando despreocupados, habría legisladores como los actuales, como los anteriores, como... son los que representan la corrupción. No defienden planteamientos ideológicos. Están al acecho de oportunidades para reponer la “inversión” que hicieron para pagar su candidatura y su campaña proselitista; después, dicen, “ya todo será ganancia”. Pero no vale la pena hablar de ellos, de nuestro cáncer social.
 
Entonces, creo que podemos visualizar –soñar acaso– con un Congreso de lujo, capaz de fomentar el diálogo nacional. No ese intrascendente parloteo entre la “sociedad civil” y sus contrapartidas en el sector empresarial y económico. En cambio, el que se desarrolla en los medios de comunicación, en las redes sociales, en las aulas de clase, en la calle, en los parques, en los bares y cantinas del país. El diálogo que sucede tanto entre la intelectualidad como entre la gente más sencilla. Habríamos pasado a convertir ese mercado de negociaciones ilícitas de hoy, en el mismísimo centro de debates de la nación, donde se generen noticias capaces de asombrar al mundo.  
 
Pensemos en un Congreso que iniciaría su gestión rehaciendo su reglamento interno y revisando a profundidad la Ley Electoral y de Partidos Políticos así como las otras tres leyes constitucionales. Una nueva legislación que perseguiría que en el futuro gobiernen ciudadanos con calificaciones de excelencia, los mejor preparados, los más honrados. Una legislación que se esforzaría en evitar que los pícaros y los holgazanes obtengan cargos en la administración pública. Un Congreso que desarrollaría un análisis profundo, radical de todas las leyes y reglamentos del país, haciendo énfasis en las instituciones descentralizadas de la nación y cuestionando si deben conservarse o no.
 
Imaginemos uno en el cual, si bien su representación legal la ostenta su Junta Directiva, su representación pública está en manos de sus miembros más jóvenes. Esos hombres y mujeres particularmente brillantes, fuertes, valientes, instruidos, inmensos y profundamente honestos. Ellos son capaces de motivar al pueblo, de convencerlo de la necesidad del sacrificio cuando este sea necesario. Visualizo un Congreso representado ante el público por Alfonso Abril, Beatriz Colmenares, Carmina Valdizán, Gloria Álvarez, Paulo De León, Phillip Chicola, Rodrigo Arenas y Paola Hurtado.
 

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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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