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Carnets

¿Renunciar a la esperanza?: ¡Jamás!
Fecha de Publicación: 18/06/2015
Tema: Guatemala

En su artículo Renunciar a la inocencia, Alberto Medina Méndez (Pi Plaza de Opinión 15 de junio de 2015), expone una verdad que no puede ser ignorada: el difícil trayecto que debemos recorrer para alcanzar nuestra meta: La regeneración del sistema político guatemalteco. Medina expone una visión real de nuestra situación actual. Inserta el temor de que esas dificultades podrían atenuar las emociones positivas, obtenidas de la asombrosa unión ciudadana.
 
El artículo, expone la realidad de tan abrumadora tarea. Labor exhaustiva y de una duración extensa, que podría ser, causante de la aniquilación del espíritu que hoy nos motiva. Su visión de la coyuntura actual, conduce a moderar la ilusión que tenemos los guatemaltecos de obtener resultados a un corto plazo.
 
Esa objetividad podría influir en nuestra incipiente confianza en la soñada transformación de nuestro país. Carcome la necesidad de un pueblo a sentirse renovado, motivado y orgulloso.
 
Si la política se debe comprender como un mercado basado en la oferta y en la demanda, ello resulta ser una realidad nuestros problemas son mayores. El día de hoy, la oferta política es nefasta, del más bajo nivel. Por otro lado, nuestras exigencias como sociedad, son sumamente precarias. Somos una nación en la que predominan altos niveles de ignorancia.
 
A la casi imposible misión de romper esas estructuras, hay que agregar un alto porcentaje de desinterés popular. Durante décadas, hemos estado abatidos por un sistema inoperante. El espíritu cívico ciudadano ha sido aplastado. Los políticos utilizan los organismos del estado en su beneficio personal o para garantizarse impunidad. El poder público ha servido únicamente para acallar, manipular y machacar a nuestra gente.
 
Dejamos en manos del Estado el monopolio de la fuerza y lo han empleado en contra nuestra. Han quitado a nuestro pueblo hasta lo más básico. Para alcanzar sus fines perversos han fragmentado a la sociedad y creado inexistentes conflictos entre sus segmentos. Han fomentado la permanente discordia. Todo fue hecho deliberadamente. Cada mandatario contribuyó a corromper el sistema. Nadie se ocupó de suprimir lo hecho por su antecesor. Ahora tenemos una gran sumatoria de depravada perversión.
 
Entonces, ¿cómo comenzar a desenmarañar, el hoy tan complejo sistema? ¿Dónde está el Perseo que corte la cabeza a Medusa?

La sociedad guatemalteca ciertamente, en este momento, es principiante en la lucha contra los políticos que son la causa mayor del desaliento popular. Por su parte, los tiburones en el gobierno se la saben todas, ellos conocen las reglas que ellos mismos hicieron, dejando cerradas las salidas y guardando las llaves. ¿Cuánto tiempo demorará el proceso de antejuicio contra Pérez? ¿Cuántas puertas, además de la Comisión pesquisidora habrán dejado para entrampar el proceso?

¡Los tiburones nos llevan demasiada ventaja!

Ciertamente cometerán errores. Pero está claro, que no debemos esperar cambiar el sistema, apoyándonos en sus eventuales metidas de pata.

Debemos ser razonables, maduros, mantener una postura sabia y definida. Actuar con la mirada puesta en una visión de país, desarrollar reglas nuevas y justas, donde la sociedad sea la amparada en lugar de proteger el bolsillo de los políticos.

Esto en definitiva, no podrá hacerse de la noche a la mañana, lo que es ciertamente obvio.
 
Podríamos renunciar a la inocencia como sugiere Medina Méndez. Sin embargo, el mayor reto es: ¿Cómo evitar no perder la determinación? Si en este momento, nos forzaran a volver al túnel negro de la impotencia, el abatimiento sería el único resultado evidente.
 
El futuro no debería verse inaccesible. El horizonte debería siempre estar a la vista de la población guatemalteca, hay que evitar el desánimo.
 
Necesitamos líderes probos que con gran sabiduría se dediquen a plantear reformas. Pero acaso con mayor urgencia, necesitamos líderes que mantengan el espíritu de lucha dentro de los ciudadanos. La población guatemalteca requiere y exige con urgencia logros inmediatos. Alguien va a tener que saciar esa sed de triunfo para evitar que el desaliento, la falta de esperanza y el abatimiento dominen nuevamente.
 
Hay que pedir a las organizaciones sociales de izquierda, de derecha, a los ecologistas, indigenistas y otros los colectivos, que manifiesten en días o lugares distintos. Al mismo tiempo, hay que invitarlos al Parque de la Constitución para que se unan los sábados, pero que lo hagan a título personal. Que no abunden las peticiones, que sea una sola: la renuncia de Pérez. Porque esa renuncia debe ser considerada, mientras no suceda, un fin superior.
 
Erick Ávila, fotógrafo de Prensa Libre, nos presentó el mejor ejemplo de cómo debemos actuar. Oswaldo Ochoa, el hombre que usando sus propias piernas vino desde Quetzaltenango a manifestar su indignación por la permanencia de Pérez en el Gobierno, debe ser nuestro ejemplo. Ochoa debiera ser el ícono de este movimiento, el que nos infundiera ánimos para seguir adelante. Sin la fuerza y determinación suya o de otros como él, la frustración reprimida, podría convertirse en una nueva incursión en los terribles terrenos de la violencia.
 
Es indispensable, primordial y urgente, más que cualquier otra cosa, mantener vivo el espíritu y la determinación de la expresión popular. Las reformas podrán proponerlas 20 personas notables; sin embargo, mantener el vigor de la unión popular necesitará de miles de líderes que lleven, a través del tiempo, la convicción de que un futuro mejor para Guatemala es posible.
 
El planteamiento de un camino de cambio a través de los partidos políticos y sus dirigentes es improbable, difícil y complicado. El larguísimo tiempo que tomaría que cumplieran la más sencilla de sus promesas, no solo haría que se renuncie a la inocencia, sino seguramente también conseguiría que se renuncie a la esperanza.
 
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